miércoles, 22 de agosto de 2012

El humor de Putin y el rock en Rusia (22 08 12)




Columna “En foco” - El Mundo - página 2 - Hoy Día Córdoba – martes 21 de agosto 2012  

El humor de Putin
y el rock en Rusia

por Pedro I. de Quesada 




Vladimir Vladimirovich Putin, el hombre fuerte de Todas las Rusias, es un tipo serio y de cuidado. Los ojos azules y acerados, de hielo ardiente, o las poses en que elije ser fotografiado (a caballo con el torso al aire, cazando con carabinas de precisión) forman el mensaje de severidad y dureza con que quiere ser conocido.

Y así son también las decisiones de su Ejecutivo, y el control sobre todos los resortes del poder, los concretos y los simbólicos. Putin no admite ningún tipo de contestación ni desafío a su discrecional manejo de Rusia.

Si un eventual competidor asoma en el horizonte, con los suficientes rublos y carisma como para alguna vez convertirse en una amenaza al poder del presidente, o muere envenenado en el extranjero o se pudre en las mazmorras de las cárceles moscovitas, que no se han modernizado ni un poquito desde los tiempos soviéticos.

Y esa incapacidad de aceptar el disenso y de controlar hasta el detalle la inmensa maquinaria institucional rusa, tocó la semana pasada un extremo, con la sentencia de cárcel y de trabajos forzados para las tres integrantes del grupo de rock Pussy Riot, por haber cometido el “sacrilegio” y el “peligroso insulto” de bromear con un rezo irónico sobre Vladimir Vladimirovich, el Macho.

Putin, que en sus tiempos al frente de los servicios secretos del KGB soviético adhería al ateísmo oficial, cuando se reconvirtió del comunismo al populismo de derecha se acercó a la iglesia ortodoxa, y estableció un acuerdo de conveniencia con su jerarquía, especialmente con el patriarca Kirill.

El jefe de los ortodoxos rusos, devolviéndole los favores y los subsidios llegados desde el Kremlin, llamó desde los púlpitos de las iglesias a votar por la re-reelección de Putin en las últimas elecciones, el 4 de mayo pasado. Y la feligresía ortodoxa obedece todavía a sus patriarcas allá.

Las tres rockeras punk, de poco más de 20 años, ingresaron a la Catedral de Moscú, con trajes de cuero negro y tachas, y escenificaron una performance irónica, entonando, a ritmo de letanía religiosa “Madre de Dios échalo a Putin”. La presidencia del gobierno reaccionó eléctricamente y sin medias tintas: en menos de un minuto se las habían llevado a la comisaría, de donde no volvieron a salir; el patriarca Kirill gritó indignado que se trataba de una “blasfemia”, y los jueces se abocaron expeditamente al caso.

Todo el Poder Judicial ruso está a las órdenes del Kremlin, en eso sigue una estricta continuidad desde la época soviética (que constituyó, a su vez, otra continuidad desde los modos judiciales del imperio zarista).

Quienes critican la falta de libertad de prensa, de expresión y de crítica en otras latitudes, deberían aguzar la perspectiva comparativa: los jueces condenaron a las Pussi Riots a dos años de cárcel y de trabajos forzados. Por insultos a la religión y a un presidente cuya tolerancia y sentido del humor, está comprobado, quedaron enterrados en Siberia.





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