Mostrando entradas con la etiqueta Sira. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sira. Mostrar todas las entradas

jueves, 31 de mayo de 2012

Siria, una sangría sin fin (01 06 12)

HOY DÍA CÓRDOBA – columna “Periscopio” – viernes 1 de junio de 2012.



Siria, una sangría sin fin


Por Nelson Gustavo Specchia








Como en aquel descenso a los infiernos que el Dante fijó en la Comedia, los Al Assad parecen dispuestos a recorrer un nuevo círculo, cada vez más lóbrego y sanguinario, en su intento de aferrarse al poder. No están aún tan solos como para temer una intervención internacional: El explícito apoyo de los rusos (y el tácito de los chinos) siguen siendo las fichas fuertes, y el remanido discurso del avance del islamismo radical la excusa para asfixiar las protestas.

La intercesión de Rusia, y su veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a todas las sanciones hacia Siria, forzaron el camino intermedio de la misión personal de Kofi Annan. En abril, cuando el ex secretario general de la ONU consiguió que Bachar al Assad estampara su firma en el plan de paz, las organizaciones humanitarias calculaban una cifra de 9.000 muertos por la represión de las fuerzas del régimen.

Esta semana, tras la matanza de Hula y de que las fotos del medio centenar de cadáveres de niños envueltos en sábanas blancas recorrieran el mundo, Barack Obama tuvo una videoconferencia con la alemana Ángela Merkel, el francés François Hollande y el italiano Mario Monti, las tres principales economías europeas. De esa conferencia a cuatro bandas salieron los términos de la condena de las Naciones Unidas.

Tanto fue el escarnio, que ni siquiera Rusia puso obstáculos esta vez, y su embajador ante el organismo multilateral también firmó la condena.

Vino luego una seguidilla de expulsiones de diplomáticos sirios de todos lados.

¿Amedrentó acaso esta reacción al régimen de Damasco? Para nada, a juzgar por la vía que adoptó en su respuesta.

Un vocero del presidente Al Assad desmintió categóricamente la participación del gobierno o de milicias cercanas a él en la orgía de sangre de Hula (los observadores que Kofi Annan tiene desplegados en el territorio certificaron la muerte de 108 personas, 59 de ellas niños de corta edad); y desestimó sin explicaciones el hecho de que sólo el ejército regular tiene tanques, como los que asolaron la ciudad antes de que grupos de sicarios remataran –la huella de los disparos mostraron que fueron a quemarropa- a las mujeres y a los chiquitos.

Y mientras las cancillerías de medio mundo enviaban sus cables de condena, el régimen volvía a redoblar la apuesta enviando los tanques a otra de las ciudades mártires de la zona rebelde, Hama, con docenas de nuevas víctimas como resultado.

Aquellas organizaciones humanitarias que contabilizaron las bajas civiles al momento del primer aterrizaje de Kofi Annan en Damasco, hoy aseguran que la cifra se acerca a los 13.000 muertos.

Los observadores de la ONU sólo parecen servir para contar cadáveres: El alto el fuego propuesto por la diplomacia global no ha conseguido frenar la carnicería, ni siquiera atemperarla.

“IN COLD BLOOD”

Hula –geográficamente cercana al bastión rebelde de Homs- forma parte de un conjunto de aldeas agrícolas de mayoría sunnita, pero rodeadas de poblaciones chiítas y alauíes (la secta minoritaria que detenta el poder en Siria, y a la que pertenece la familia de los Al Assad y la alta oficialidad del ejército).

Sus habitantes cuentan una historia muy diferente a la del vocero gubernamental. El viernes pasado, hacia la una de la tarde, una pequeña multitud se concentró en Taldu, una barriada de Hula, después del rezo islámico preceptivo.

El ejército comenzó a disparar para dispersarlos, pero cuando retrocedían hacia Hula, llegó el bombardeo de los tanques. Tras el intenso fuego de artillería, aparecieron los paramilitares de la milicia progubernamental “Shabiha”, integrada por chiítas de las poblaciones aledañas a Hula, que habrían recorrido casa a casa, ejecutando a puñal o a tiros a quemarropa a todos sus habitantes, sin distinción de adultos o niños.

Sin embargo, el comunicado oficial de Damasco culpa de la masacre a grupos terroristas vinculados con Al Qaeda; pero hasta esa misma línea argumentativa se contradice cuando intenta explicar las causas. Khamal Al Mahmmoud, un importante politólogo de Damasco afín al régimen de los Al Assad, escribió en el diario “Tishreen” (propiedad del gobierno, por cierto): “Las masacres de Hula son parte de la llamada inteligencia de guerra –o guerra psicológica- contra Siria; es una política llevada a cabo por sus enemigos: los Estados Unidos, Qatar, Turquía, Arabia Saudita y Francia, como actos de venganza y para crear caos”.

Hollande, tras la videoconferencia con sus colegas europeos y Obama, salió a acusar a Moscú y a Pekín de bloquear los esfuerzos para imponer medidas severas contra los Al Assad. Rusia tiene en Siria la última base militar que le queda en el extranjero; el viceministro de Exteriores del Kremlin, Andrei Dénisov, le respondió a Hollande que no se pueden tomar decisiones sobre operaciones militares en Siria “sólo guiados por las emociones”. Como en un guión pre establecido, en que cada parte ya sabe cómo va a reaccionar la otra, el vocero del ministerio chino de Exteriores, Liu Weimin, secundó a los rusos, oponiéndose a cualquier sanción, intervención internacional o forzamiento de cambio de régimen.

Todos apuntan a apoyar el programa que llevó Kofi Annan en abril, un plan de paz de seis puntos, que se desarrollarían durante dos meses y que serían fiscalizados por 300 observadores internacionales sobre el terreno.

Pero a estas alturas, si el régimen envía a sus voceros a defender su posición en los mismos términos, sigue mandando los tanques a reprimir las revueltas, y no hay cifra de muertos ni imagen lo suficientemente escabrosa como para que los aliados de Damasco cambien el libreto, está claro que el programa de Annan es inviable. Para un diálogo, por definición, hacen falta dos.

LA HORA DE LAS ARMAS

A pesar de que el rechazo y la condena mundial que han provocado las imágenes de Hula parecen haber activado la iniciativa de las grandes potencias, las vías moderadas de intervención en el conflicto sirio se van quedando sin margen.

El régimen de los Al Assad ha dado suficientes muestras de que se aferrará al poder a cualquier costo, y que no está dispuesto a ninguna negociación que incluya una alternativa a rescindir ese poder. Antes bien, es obvio que ha aprovechado el plan de Annan para ganar tiempo y reordenar la ofensiva contra los rebeldes. En el plano del Consejo de Seguridad, las jugadas –por repetidas- ya pueden preverse.

Y a eso hay que sumarle los escenarios internos: Mitt Romney, desde esta semana ya oficialmente candidato del Partido Republicano a la presidencia de los Estados Unidos, le achaca a Obama su tibieza y lo hace responsable de que Bachar al Assad siga “ejecutando su matanza militar”.

Romney dice lo que dicen muchos, inclusive dentro del Partido Demócrata: si no se puede intervenir directamente, hay que armar a la oposición siria.

Entre los europeos también va cuajando esa idea, y Arabia Saudita y los restantes países árabes de mayoría sunní lo vienen proponiendo desde hace rato.

El Ejército Libre Sirio, un rejunte bastante poco confiable de opositores, quiere armas y apoyo externo. Tras la carnicería de Hula hizo saber que se apartaba del plan de paz de Kofi Annan, del cual “el régimen se está aprovechando para masacrar civiles desarmados”.

La guerra civil parece haber llegado a las llanuras de Siria. El peor de los escenarios posibles en una sociedad fracturada por líneas étnicas y religiosas, inserta en una región quebradiza; donde un triunfo de los sunnitas será visto como una victoria de la monarquía de los Saúd, y si los chiítas logran resistir el que saldrá fortalecido será el Irán de los ayatollahs. Los muertos, en cualquier caso, serán sirios.

Pero si todos quieren pelear, va a ser difícil detener esta hora de las armas.






Twitter:   @nspecchia




jueves, 21 de abril de 2011

¿Prenderá en Damasco la mecha siria? (31 03 11)


¿Prenderá en Damasco la mecha siria?
.
Por Nelson Gustavo Specchia
.
.
.
.
.
.
.
El martes de esta semana el gobierno sirio ha renunciado en pleno ante el presidente Bachar el Assad; y en un inusual gesto institucional, el jefe de Estado comunicaba que se presentaría ante el  Parlamento de Damasco para proponer una serie de medidas aperturistas y levantar el “estado de excepción”, la norma (supuestamente extraordinaria y temporalmente acotada) que rige la vida política siria desde que el primer Assad –Hafez- instalara la dictadura.
.
Las medidas eran la respuesta del régimen a la llegada de los fuegos de la revuelta árabe a uno de los países más críticos para la estabilidad de Oriente Medio: Una movilización popular que pedía se levante la obligación de obtener permiso de los servicios de inteligencia para comprar una vivienda en el sur del país, lindante con Israel, fue creciendo en intensidad y reclamos, hasta que el régimen reaccionó con el libreto tradicional, y la represión de la Guardia Republicana –que comanda el hermano menor del presidente, Mahir el Assad- se cobró una centena de muertes en la ciudad de Deraa.
.
Sin embargo, las expectativas creadas se licuaron cuando el débil circo que habían levantado quedó al descubierto. El nuevo gobierno nombrado por Bachar el Assad recae en la misma gente y en el mismo grupo social y religioso que gobierna el país desde la independencia, en 1944. Y el esperado discurso presidencial ante el Parlamento –un órgano colegiado integrado totalmente por el partido en el gobierno, el Baaz- no avanzó en una sola propuesta que haga presagiar cambios de fondo en el polvorín sirio: nada cambiará, y el “estado de excepción” seguirá vigente.
.
RELIGIÓN Y REPRESIÓN
.
La cuestión siria, además de que puede tener ramificaciones y repercusiones regionales, si finalmente estalla, mucho más diversas y profundas que las revoluciones que está viviendo el norte de África desde principio de año, se asienta en una debilidad estructural interna muy difícil de resolver, inclusive si hubiera una verdadera vocación aperturista en la clase dirigente que, como queda visto, no la hay. Y esa dificultad estructural está asociada al modelo adoptado desde los orígenes institucionales del país.
.
Esa lengua de tierra que se baña en las arenas de la punta oriental del Mediterráneo, llamada oficialmente República Árabe Siria, que se interna tierra adentro para tocar los bordes de algunas de las sociedades más problemáticas de toda la región (Líbano, Israel, Jordania, Irak y Turquía) fue, con el conjunto de asociaciones políticas vecinas, parte del Imperio Otomano hasta que se cayó el antiguo orden y se habilitó el desmembramiento en nuevos Estados soberanos. En la transición hasta la independencia, el territorio –que por entonces también comprendía a los cerros del Líbano- fue administrado por Francia como potencia colonial. La mayoría de la población siria, que se adscribe a la rama sunnita del Islam, resistió la colonización europea; por ello, cuando París comienza a dejar los asuntos políticos en manos de los naturales del lugar, escoge a una minoría social y religiosa para delegarle el mando: los alauítas, una facción del chiísmo, muy pequeña dentro de la propia rama chiíta, y con una ínfima representación respecto de la abrumadora mayoría sunnita. Esta elección de la potencia colonial sentó las bases del desequilibrio estructural.
.
Francia se terminó de retirar apenas unos meses antes de que concluyese la segunda Guerra Mundial, en 1944. Pero el clima bélico imperante y las apremiantes necesidades de la posguerra no eran el ambiente propicio para una recuperación institucional tranquila y ordenada. Una coyuntura que terminó favoreciendo a las posturas nacionalistas semiautoritarias. El Partido del Renacimiento Árabe Socialista, el Baaz, que se estaba extendiendo rápidamente por la región con una nueva filosofía panarabista, se convirtió en la principal referencia política. Hafez el Assad, a la sazón ministro del Ejército, vio la oportunidad y en 1970 dio un golpe de Estado, estableció al Baaz como partido único, ratificó el “estado de excepción”, y colocó a miembros de su familia o líderes de las demás familias alauítas en los puestos claves del país.
.
Surgía así esta dictadura tan peculiar, dominada por una familia y sus parientes religiosos, que a pesar de no llegar ni al diez por ciento de la población, controlan autocráticamente (y reprimen violentamente, cuando llega el caso), al otro noventa por ciento de esos casi veinte millones de habitantes, en su inmensa mayoría sunnitas.
.
Tras la muerte del patriarca Hafez, y a pesar de los rótulos republicanos y socialistas del Estado, la sucesión operó dinásticamente dentro de la familia (como lo estaban planificando en otras latitudes el egipcio Hosni Mubarak o el libio Muhammar el Khaddafi, antes de que el incendio de la revuelta árabe les quemara los papeles), y su hijo, el oculista Bachar, ocupó la primera magistratura en el año 2000. (El primogénito de Hafez, Basil, que había sido el elegido para suceder a su padre, había muerto antes en un accidente automovilístico).
.
CONTENCIÓN IMPLACABLE
.
Para hacer funcionar la administración política en el contexto de un desequilibrio social y religioso tan marcado, los Assad han sido implacables en la represión. La muestra más contundente de hasta dónde estaban dispuestos a llegar pudo verse en Hama, en 1982. Los islamistas (sunnitas), dirigidos por los Hermanos Musulmanes, cercanos al partido del mismo nombre fundado en Egipto, se alzaron reclamando una mayor participación en la vida política, coherente con la integración demográfica interna. El presidente mandó a su hermano, Rifaad, al mando de la temida Guardia Republicana. La que luego fue recordada como “la matanza de Hama” se saldó con unos 20.000 muertos, y los Hermanos Musulmanes –y nos sunnitas en general- no volvieron a levantar la cabeza.
.
Esta contención a sangre y fuego ha llevado a que en Siria se profundicen, en los últimos años, las contradicciones. A pesar de su formalidad republicana y democrática (hay elecciones, pero el Baaz las gana con porcentajes que rondan el 99 por ciento), es el país de Medio Oriente con espacios de libertad más restringida; y amén del carácter laico del gobierno y del Estado, la tensión religiosa entre ambas ramas del Islam es insostenible.
.
Además, a nivel regional las complicaciones son aún mayores: Israel es el principal enemigo declarado (sigue ocupando los altos del Golán, en la frontera sur); la intromisión siria en la política interna libanesa –a través de la financiación y el sostenimiento del partido milicia del Hezbollah- es evidente y comparable al apoyo que los Assad brindan a la facción palestina de Hamás en la franja de Gaza; la relación con Arabia Saudí es de competencia y de frialdad, debido a la opresión a los sunnitas; la vecindad con Turquía y su régimen de islamismo moderado de Recep Tayyip Erdogán, es estratégica; y –principalmente- la amistad con el régimen chiíta iraní de Mahmmoud Ahmadinejad (los Assad apoyaron a Irán en la guerra contra el sunnita iraquí Saddam Hussein, entre 1980 y 1988, lo que selló un pacto de hierro entre ambos regímenes); son elementos que convierten a la mecha siria, si llega a encenderse al calor de los vientos de la revuelta árabe, en la mayor patada al tablero de todo Medio Oriente.
.
Para hoy los sunnitas han convocado a manifestarse en los llamados “Viernes de la Dignidad”, movilizándose a la salida de las mezquitas, mientras aumentan los nervios en los palacios de Damasco.
.
.
.
.
en Twitter:   @nspecchia
.