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viernes, 8 de junio de 2012

La incógnita mexicana (08 06 12)




La incógnita mexicana

por Nelson Gustavo Specchia








México tendrá nuevas elecciones presidenciales el próximo 1º de julio, y el movimiento de los "enojados" ha venido sorpresivamente a instalar un gran signo de interrogación sobre las maneras en que el sistema político saldrá de esta encrucijada.

El escenario, hasta hace apenas un mes, era el siguiente: los analistas coincidían en que los doce años de los dos gobiernos de la centroderecha católica del Partido de Acción Nacional (PAN) fueron una excepción. Sólo se habría tratado de una reacción de hastío frente a la corrupción que había penetrado todas las estructuras del viejo Partido de la Revolución Institucional (PRI), el heredero de aquellos movimientos socialistas, liberales, anarquistas, populistas y agrarios que, con hombres como Francisco Madero, Emiliano Zapata, Venustiano Carranza y Pancho Villa, terminaron con el país feudalizado por los Estados Unidos e impusieron el nuevo Estado en las primeras décadas del siglo XX.

Pero 70 años ininterrumpidos ocupando el palacio del Zócalo terminaron transformando al PRI en una cueva de ladrones, y la reacción de descontento terminó por aupar al PAN al poder, con la carismática figura de un "charro" de botas texanas en el año 2000: Vicente Fox.

EL CORAZÓN A LA IZQUIERDA

El tercer elemento de este diagnóstico de los especialistas en la política mexicana, lo constituía la oportunidad de oro perdida por la izquierda. Cuando el PRI cayó haciéndose añicos, los sectores progresistas se rearmaban a alta velocidad. Cuauhtémoc Cárdenas (hijo de Lázaro Cárdenas, presidente de México entre 1934 y 1940, cuando el PRI estaba en sus tiempos de esplendor) había hecho crecer fuertemente al Partido de la Revolución Democrática (PRD), y se presentaba como una auténtica opción alternativa desde la izquierda a la crisis del partido hegemónico, al convertirse, en 1997, en el primer Jefe de Gobierno del Distrito Federal -la Ciudad de México- electo por votación democrática.

Con elementos provenientes del Partido Comunista, de los diversos brazos del socialismo democrático, y de priístas desencantados, Cárdenas intentaba regresar a las esencias fundacionales del Partido de la Revolución Institucional, aunque reemplazando aquel agrarismo primigenio por políticas desarrollistas en lo industrial y en la explotación de hidrocarburos.

Pero al ingeniero Cuauhtémoc Cárde-nas no le alcanzó con el alto predicamento que había conseguido en la capital para ganar también el México profundo, donde, ante la desbandada del PRI, el "charro" Fox aparecía como una opción más confiable, enraizada en el populismo tradicional, mientras Cárdenas era visto como un candidato más intelectual y urbano.

La izquierda, en todo caso, siguió organizándose durante el sexenio de Vicente Fox, y llegó con unas condiciones inmejorables a las elecciones de 2006. Y a punto estuvo de quedarse con el poder. En el gigante mexicano (un extenso país federal de más de dos millones de kilómetros cuadrados), y con 112 millones de habitantes que hablan en 68 idiomas oficiales, el Partido de la Revolución Democrática -que había reemplazado la tradicional candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas por la de Andrés Manuel López Obrador- quedó apenas a 1.200 votos del candidato del PAN, Felipe Calderón.

La izquierda perdió su oportunidad de oro, y en el análisis de escenarios para las próximas elecciones había quedado prácticamente fuera del cuadro.

EL HIJO PRÓDIGO

Durante doce años el PRI veló las armas, fue depurando viejos dirigentes y vicios varios; encontró un joven gobernador carismático y exitoso, y se preparó para volver al poder. Enrique Peña Nieto se puso al frente, y su candidatura fue torciendo todas las encuestas hacia arriba. El oficialismo del PAN lo ha intentado todo, hasta apeló a las grandes figuras del conservadurismo internacional: Mario Vargas Llosa salió a defender, desde las columnas que firma en algunos de los más prestigiosos diarios del mundo, la candidatura de continuidad de Josefina Vázquez Mota.

Pero ni siquiera esta estrategia logró frenar el éxodo de apoyos del partido de la derecha. Además de un derrotero presidencial sin ningún tipo de brillo y plagado de desaciertos, los seis años de Felipe Calderón en el Zócalo han terminado por fracturar al país en dos territorios: el controlado por la autoridad constitucional y el gobernado por el narco.

La "guerra al narcotráfico" declarada por Calderón a poco de asumir, fue una decisión efectista y mal calculada. No se midieron los riesgos y la capacidad real del enemigo. La tan mentada guerra, que sería la llave que legitimaría a su gobierno después de haberle ganado a Andrés Manuel López Obrador por tan escueto margen, ha estado a punto de perderse en más de una ocasión, y las organizaciones de derechos humanos cifran en unos 50.000 muertos y desaparecidos el costo humano de esa temeraria iniciativa.

Ante el fracaso de la gestión y las fracturas internas, hasta el ex presidente Vicente Fox llegó a declarar su apoyo al retorno del viejo PRI, de la mano de Enrique Peña Nieto, a poner orden y volver sobre los tradicionales y pacíficos carriles en que se desenvolvió el sistema político durante la mayor parte del siglo veinte.

LOS DÍSCOLOS

Pero la clase política mexicana, tan ocupada en mirarse el ombligo, perdió la perspectiva del contexto. Y hace un mes, el previsible escenario en el que coincidían todos los analistas saltó por los aires.

Los responsables de patear el tablero mexicano no se diferencian demasiado de los jóvenes que le propinaron un buen puntapié a las consolidadas autocracias árabes en el norte de África y en el arco de Medio Oriente; y tampoco son muy disímiles de los "indignados" españoles, franceses, italianos y británicos que vienen empujando sentadas y protestas contra un sistema que, a pesar de conservar todas las formas legales para ser una democracia legítima, perciben como viciado, oscuro y cada día más insustancial. Los jóvenes mexicanos se parecen inclusive a sus cercanos colegas estadounidenses ("pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos", como dicen con ironía en el DF) del Occupy Wall Street, que han llevado la movida juvenil de los "indignados" a las puertas de los bancos de Manhattan, donde se acumula buena parte de la riqueza del mundo.

Enrique Peña Nieto tenía todos los vientos a su favor. Pero desde que los jóvenes comenzaron a organizarse, apelando (también en esto emularon a los colectivos juveniles en Túnez o en Egipto o en Nueva York) a las redes sociales de Twitter y de Facebook, el candidato del PRI no deja de caer en las encuestas, y el seguro retorno del partido hegemónico ya no es tan seguro.

No es una fuerza menor: en el padrón mexicano hay 24 millones de jóvenes menores de 30 años, de los cuales 14 millones votarán por primera vez en las presidenciales del 1º de julio, y han decidido oponerse a que México retorne a los consabidos caminos de una forma de hacer política que ya no tiene más lugar.

Espontáneamente, han abierto el mayor interrogante de la política mexicana, ¿sería probable que este fenómeno cruzara las fronteras aztecas y llegase a otras realidades institucionales de América latina?





Twitter:   @nspecchia




domingo, 3 de junio de 2012

Jóvenes, mejicanos e indignados (02 06 12)

La Voz del Interior - Opinión - Sábado 2 de junio de 2012


Jóvenes, mejicanos e indignados





El movimiento #Yosoy132 tuvo un origen espontáneo y horizontal, aunque reconoce puntos en común con fenómenos sociológicos cercanos en la política internacional, especialmente con los “indignados”



02/06/2012 00:01 | Nelson Specchia*









Cuando todo parecía indicar que México estaba volviendo a la tradición de las grandes mayorías priístas, la irrupción del movimiento juvenil de #Yosoy132 pone en suspenso la seguridad del retorno del Partido Revolucionario Institucional (PRI) al control del Estado.

Hasta el mes pasado, las tendencias marcaban un desvanecimiento del derechista Partido Acción Nacional (PAN), actualmente en el gobierno, mientras Enrique Peña Nieto, la carismática apuesta del PRI, concentraba la atención y encabezaba las encuestas.

Peña Nieto supone la vuelta de la agrupación que consolidó el sistema republicano tras los desórdenes revolucionarios fundacionales, y que gobernó durante 70 años, hasta su colapso en 2000.

Renaciendo desde sus cenizas, el retorno del PRI venía aupado en la corrupción, el autoritarismo y los caóticos desaciertos de la gestión presidencial de Felipe Calderón, que han llevado a que una porción del país quede fuera del alcance de la autoridad constitucional y en manos de los carteles del narcotráfico.

Pero ese retorno tranquilo se cortó de golpe este mes, de la mano de los jóvenes universitarios que, ante la posibilidad de reedición de maneras y vicios del pasado, reclaman una nueva forma de hacer política.

Indignación azteca. El movimiento #Yosoy132 tuvo un origen espontáneo y horizontal, aunque reconoce puntos en común con fenómenos sociológicos cercanos en la política internacional, en especial con los “indignados” europeos que se identifican con la sigla 15-M (en referencia a las asambleas y acampadas en Madrid el 15 de mayo de 2011) y con los norteamericanos de Occupy Wall Street (#OWS), que desde septiembre del año pasado protestan y ocupan el parque Zuccotti, en pleno corazón financiero de Manhattan.

A Peña Nieto, sus asesores le habían recomendado que hiciera “la plancha”, una campaña sin campaña. El descrédito del PAN hundiría al oficialismo por su propio peso y la izquierda del Partido de la Revolución Democrática (PRD), con la insistente candidatura de Andrés Manuel López Obrador, estaba hasta hace un mes relegada a un lejano tercer puesto, con apenas un 22 por ciento de las preferencias.

Entonces, Peña Nieto se limitó a saludar, sonreír y levantar niños en brazos.

Pero sus asesores en comunicación no contaban con los jóvenes y con el inexcusable protagonismo que ya tienen las redes sociales en todos los procesos políticos.

En el padrón mejicano, hay 24 millones de jóvenes menores de 30 años, de los cuales 14 millones votarán por primera vez en las presidenciales del 1º de julio.

Los ejemplos de los “indignados” europeos, de los movimientos de jóvenes que protestan contra el sistema en el corazón del capitalismo, e inclusive el rol central de los colectivos juveniles en los vientos democratizantes de la “primavera árabe”, comenzaron a inundar las redes de teléfonos móviles y de Internet, llamando a reaccionar contra la corrupción estructural, contra el clientelismo de los partidos políticos hegemónicos y contra la manipulación informativa de los grandes canales de televisión (especialmente de Televisa, que no oculta su apoyo al retorno del PRI).

Disidencia jesuítica. Ese malestar estalló a principios de mayo en la Universidad Iberoamericana. Enrique Peña Nieto acudió a la alta casa de estudios fundada por los jesuitas mejicanos e intentó seguir el guión que le habían marcado sus asesores.

Pero los estudiantes comenzaron a criticar sus vaguedades, su falta de programa y a reprocharle su gestión como ex gobernador provincial.

La discusión se convirtió en tumulto y no hubo vuelta atrás. El candidato del PRI terminó huyendo por la puerta de servicio, entre los gritos y la silbatina estudiantil.

Televisa trasmitió una cobertura sesgada, apelando a la clásica muletilla de la infiltración de elementos subversivos en el griterío que había expulsado al candidato priísta de la sede universitaria.

Los estudiantes se movilizaron y grabaron un video que colgaron en Twitter y en Facebook, donde 131 de ellos mostraban su credencial universitaria y descalificaban la versión de la cadena televisiva. Desde entonces, todos quieren ser uno más; de ahí el hashtag que da nombre a la revuelta: #Yosoy132. De inmediato, se les unieron estudiantes de 54 universidades públicas y privadas de todo el país.

La emergencia del colectivo juvenil y su magnitud numérica en el padrón han sorprendido a la clase política y alteró las tendencias de intención de voto.

Según la última encuesta, publicada por el diario Reforma este 31 de mayo, Peña Nieto se desplomó desde un 45 por ciento a un 38 por ciento; la panista Josefina Vázquez Mota pasó de un 32 por ciento a un 23 por ciento, mientras que el izquierdista López Obrador remonta de aquel 22 por ciento hasta un 34 por ciento y queda a sólo cuatro puntos del PRI, cuando falta justo un mes para las elecciones.

Los ambientes universitarios no son extrapolables al resto de los colectivos de jóvenes, ni el ambiente político de la ciudad de México al resto del país.

Además, el caso de los “indignados” españoles muestra que las revueltas juveniles no necesariamente terminan inclinando la balanza hacia las opciones progresistas, sino, a veces, todo lo contrario.

Con los “enojados” mejicanos del #Yosoy132 puede pasar lo mismo. Aunque, al ver las encuestas, también podrían convertirse en la sorpresa inesperada de las próximas elecciones.






*Politólogo. Profesor de Política Internacional (UCC y UTN Córdoba)


Twitter: @nspecchia


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