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viernes, 12 de octubre de 2012

¿Por qué Chávez sigue ganando? (09 10 12)

Columna “En foco” - El Mundo - página 2 - Hoy Día Córdoba – martes 9 de octubre 2012 

¿Por qué Chávez sigue ganando?
 

por Pedro I. de Quesada 


 

Estaba todo listo: los diarios tenían los titulares de sus tapas ya previstos, los principales columnistas habían redactado los artículos que, seguramente, se habrían titulado “Victoria de Capriles: mensaje para la oposición argentina”; y una buena cantidad de medios habrían celebrado, en letras catástrofe, el final de la “dictadura” chavista.

Como diría Eduardo Galeano, extraña dictadura y curioso dictador, que ganó ocho elecciones en cinco años y se sometió a un referéndum en el que preguntaba a los venezolanos si querían el modelo de Estado que él proponía: es el único presidente de la historia de la humanidad en hacerlo, y ganó con el 60 por ciento.

La realidad, claro, se empeña en contradecir a algunos de sus más conspicuos relatores, y de mala gana éstos hubieron de admitir, la noche del domingo, que el comandante Hugo Chávez volvía a ganar la presidencia.

Frente a la rotunda victoria del oficialismo, dos preguntas: ¿por qué una elección en un país latinoamericano tuvo tanta atención del resto, al punto de enviar programas de televisión enteros y a sus conductores estrellas, además de involucrar a parlamentarios y dirigentes políticos?, y ¿por qué se desconocen tan arbitrariamente las razones más obvias del triunfo del chavismo, presentándolo como un fenómeno psicótico, populista, de voto rentado o cualquier otro desvío político?

Respecto de la primera, me parece que las elecciones en Venezuela simbolizaron la puja de dos modelos que se tensan en estas latitudes: la ratificación de Chávez y de su heterodoxo modelo de inclusión y redistribución constituye un aliciente global para todos los procesos de quiebre del statu quo hegemónico en estas tierras (se llamen Alba, kirchnerismo, Evo, Centroamérica, Unasur, Correa, Mercosur ampliado, etc.)

Y en cuanto a las causas que explican la victoria y los más de 10 puntos de diferencia con el candidato de toda la oposición junta, no debería soslayarse tan rápidamente lo que estos años han significado para la transformación interna de la sociedad venezolana.

Con el “Caracazo” se quebró un sistema político putrefacto, donde una elite se distribuía “caballerosamente” el poder entre dos partidos nominalmente diferentes.

Venezuela sólo era Caracas, el resto apenas monte y culebra. Chávez redireccionó los recursos de la renta petrolera, tanto hacia los colectivos más vulnerables internos, como a los vecinos pobres de la región; las “misiones” de salud, educación y vivienda hacia los sectores marginales implicaron una redistribución sustantiva: la pobreza y la pobreza extrema se redujeron ambas a la mitad, se acabó el analfabetismo y se extendieron derechos políticos inéditos.

¿Dónde está la extrañeza de que Chávez siga ganando?










Twitter:   @nspecchia

viernes, 4 de mayo de 2012

Síntomas de poschavismo (04 03 12)

Síntomas de poschavismo

por Nelson Gustavo Specchia






Las elecciones presidenciales en Venezuela se acercan a ritmo sostenido, y su clima político no deja de enrarecerse cada día. Las tertulias de los cafés de Caracas tienen un tema excluyente: la salud del presidente Hugo Chávez.

Todas las mediciones de intención de voto le dan un margen de ventaja cómoda al comandante Chávez para seguir dirigiendo la Revolución Bolivariana; pero esas mismas encuestan muestran la otra cara de la moneda: si no es el presidente en persona quien encabece las papeletas del 7 de octubre, ningún otro dirigente del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) tiene unos porcentajes de adhesión similares.

O sea, la victoria del joven y carismático dirigente opositor, Henrique Capriles, quedaría asegurada. Una alternativa de hierro.

“VIVA EL CÁNCER”

Aunque los números de las encuestas son coincidentes, la oposición ha tenido hasta ahora el buen tino de dejar el tema de la salud presidencial fuera de la campaña.

Líder de una experiencia inédita, como que toda la oposición se haya unido detrás de su figura mediante una elección en internas abiertas, Capriles ha jugado la sabia carta de la prudencia.

Los 39 años del gobernador del estado de Miranda son un ejemplo de la renovación generacional que ha vivido la clase política venezolana, tanto en las filas opositoras como en la propia nómina gubernamental. Los tres dirigentes más cercanos a Hugo Chávez tienen menos de 50 años: el vicepresidente Elías Jaua tiene 42; y Diosdado Cabello, el presidente del Congreso, y el canciller Nicolás Maduro, ambos 49.

A pesar de esta franja etaria, la concentración en torno a la figura presidencial ha sido tan alta que ninguno logra medir una intención de voto comparable a la de Chávez.

En la largada de campaña en Barquisimeto, en el Oeste venezolano, Henrique Capriles volvió a dejar de lado la cuestión del cáncer: "le deseo larga vida a mi contrincante", dijo. Pero los que no pueden seguir dejándola de lado son los propios chavistas, que tuvieron que lanzar la campaña sin la presencia de su principal candidato.

Las estancias en La Habana son cada vez más prolongadas, y además de haber afectado la dinámica de la toma de decisiones al interior de la administración, ahora también condicionará la campaña en la que Chávez se juega su eventual reelección para un tercer período presidencial consecutivo, tras 13 años en el ejercicio efectivo del poder.

GOBIERNO ELECTRÓNICO

Desde hace casi un año, cuando Chávez fue sometido a la primera de las intervenciones quirúrgicas en Cuba, la salud del presidente se ha convertido en un secreto de Estado del que solamente él está habilitado para hablar y dar detalles, inclusive a los círculos más altos del PSUV.

El comandante ha elegido con mucho cuidado la dosificación de esa información que va soltando, y los lugares dónde realizarla. Así, en febrero de este año, en unas declaraciones informales y casi de pasada, reveló que volvería a Cuba a tratarse de una nueva "lesión", ubicada en el mismo lugar de donde le habían extraído un tumor "grande como una pelota de béisbol" en junio de 2011.

El 4 de marzo, en un programa emitido por la televisión pública venezolana pero grabado el día anterior en Cuba, anunció que el segundo tumor extirpado era también canceroso. Esas fueron las últimas declaraciones oficiales sobre su estado de salud, todo lo demás han sido cálculos y especulaciones que se tejen a diario en las tertulias de los cafés caraqueños.

En todo caso, esas escuetas declaraciones y el manejo de la información oncológica permiten entrever algunas lecturas políticas.

Si se cuentan las veces que Hugo Chávez admitió haber sido operado en La Habana, hay tres intervenciones quirúrgicas; en dos de ellas se le extrajeron tumores malignos de la zona abdominal, aunque sin detalle del lugar preciso y de los órganos comprometidos. También, que las sesiones de radio y quimioterapia aplicadas después de la segunda operación no prosperaron, y obligaron a una tercera intervención.

El 17 de marzo regresó a Caracas, tras permanecer en la isla 21 días, pero el 25 de marzo volvió a volar a La Habana. No precisó cuánto tiempo estará ausente esta vez, pero dijo que los tratamientos de radioterapia se extenderán "por cuatro o cinco semanas".

Desde que comenzaron sus viajes al centro médico cubano, el jefe de Estado se ha negado sistemáticamente a cumplir con el mandato constitucional de delegación del poder en el vicepresidente en caso de ausencia, lo que implica, de hecho, el movimiento de todo el Ejecutivo y el ejercicio extraterritorial del gobierno.

Las redes sociales, los 140 caracteres de los mensajes de Twitter, y las videoconferencias con los ministros de su gabinete -que son retrasmitidas, a su vez, por los canales abiertos de televisión- se han convertido en las herramientas de la gestión política venezolana.

LOS CACHORROS DE LA REVOLUCIÓN

Más allá de la originalidad rupturista en los modos de ejercicio del poder por parte de Hugo Chávez, el entorno y el PSUV han comenzado a filtrar las dudas que despiertan las mediciones de intención de voto para las próximas elecciones.

Unas filtraciones que, a pesar de que todos cierren públicamente filas en torno a su figura, denotan los primeros síntomas del postchavismo: alguien se ha puesto a pensar en cómo retener el poder sin contar con la persona del comandante-presidente.

De la segunda línea de dirigentes, es el vicepresidente Elías Jaua quién recaba mayores simpatías, tanto en las altas esferas del grupo gobernante como a nivel de aceptación popular. Y detrás de él, el canciller Nicolás Maduro, un hombre de extracción sindical que conserva las buenas relaciones con los gremios.

Pero estos dirigentes enfrentan un doble desafío si los planes de generación de un escenario postchavista terminan cuajando (o imponiéndose: mientras escribo esta nota, el periodista Nelson Bocaranda, que mantiene el blog "Runrun.es" sobre la salud del presidente, informa que Chávez está casi postrado en La Habana, y utiliza una silla de ruedas acondicionada especialmente para él).

Tanto Jaua como Maduro necesitarían que sea Hugo Chávez en persona quién los convierta en candidatos; esa es la única alternativa para que a estas alturas, con la campaña electoral ya lanzada, tengan tiempo de apropiarse de los porcentajes de votos que el carisma del presidente mantiene adheridos a su cuerpo.

Y el segundo desafío son los militares. Los cachorros de la revolución son civiles, pero el Ejército ha sido la pieza clave de construcción del poder en Venezuela, especialmente después de haber logrado abortar el golpe de Estado del 11 de abril de 2002, organizado por sectores de las altas finanzas y por la cúpula de la Iglesia católica, con el beneplácito de George W. Bush y de su secretaria de Estado, Condoleezza Rice.

Desde entonces los militares han acaparado una cuota de poder político -y económico- que será difícil que resignen, salvo que el heredero del coronel de paracaidistas sea otro colega de armas.

Chávez, en todo caso, no admite sucesores, y sigue diciendo que gobernará hasta 2031 y más allá.

Para entonces los cachorros habrán crecido.




En Twitter:  @nspecchia



miércoles, 26 de noviembre de 2008

Más Chávez y menos Chávez


MÁS CHÁVEZ Y MENOS CHÁVEZ


Por Nelson Gustavo Specchia


Estos últimos meses han estado fuertemente marcados por sorpresivas noticias electorales. Hace un par de semanas, el largo año de campaña electoral norteamericana terminaba con el triunfo del primer negro que arribará a la Casa Blanca; y este domingo 23 de noviembre el presidente venezolano Hugo Chávez se enfrentó a un plebiscito cuyos resultados deben ser leídos muy cuidadosamente en las restantes latitudes latinoamericanas.

En realidad, las elecciones del domingo no tenían una relación directa con la autoridad presidencial y el gobierno de la República de Venezuela, sino que se planteaba la renovación de gobernadores, intendentes y diputados regionales. En total se ponían a consideración 22 de las 23 gobernaciones en que está dividido el país, y las ciudades más importantes, como la capital, Caracas. Pero en los últimos meses Chávez decidió concentrar en su persona la disputa electoral, de forma tal de que las elecciones fueran en realidad un plebiscito sobre su gestión, sobre su persona, sobre su gobierno, y sobre su partido, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que el Presidente fundó hace dos años, en 2006. Los candidatos oficialistas a gobernadores y alcaldes ocuparon, durante toda la campaña, lugares muy secundarios. La campaña fue él, el propio Chávez, quien se mostró como la encarnación de un nuevo modelo político, marcado por la igualdad y la equidad social.

Enfrentando a su persona y a su estilo de gobierno, un muy amplio y variopinto arco opositor intentó estructurar un discurso más cercano a la socialdemocracia, con defensa de derechos –tanto humanos como económicos- y mayores grados de democracia liberal. Pero lo que verdaderamente une a esa oposición tan variada, tan disímil, vuelve a ser Chávez: es contra él, contra su personalismo, contra el supuesto autoritarismo y los deseos de perpetuación es que esa heterogénea oposición logra aglutinarse.

Y el domingo, ambos ganaron.

Y según cómo se miren los resultados de la elección, puede decirse que tenemos “más Chávez” en Venezuela, pero también puede afirmarse que desde el domingo hay “menos Chávez”.

Objetivamente, a números concretos, la diferencia entre ambos sectores es de 1,5 millones de votos, sobre los 28 millones de venezolanos (el padrón electoral es de 17 millones, y la participación fue muy alta para unas elecciones regionales: el 65 por ciento). Como resultado de las elecciones del domingo, entonces, prácticamente la mitad de la población estará gobernada por el chavismo; y la otra mitad, por la oposición.

Chávez logró el mayor número de gobernaciones (17 de los 22 gobiernos regionales en disputa), pero en los 5 que ganó la oposición se concentra la mitad de la población venezolana, las grandes ciudades, y el petróleo, y la industria, y la producción estratégica. Pero, por sobre todo, la oposición ha conquistado la Alcaldía Mayor de la capital, el Gran Caracas, donde ahora gobernará el furioso antichavista Antonio Ledezma.

Las 17 provincias oficialistas, en cambio, son parte del interior rural, con una base agropecuaria poco tecnificada, muy baja densidad poblacional, y un peso económico secundario en la estructura productiva nacional; características que abonan el tradicional caciquismo político y la captación clientelar de votos. El escritor venezolano Ibsen Martínez lo dice de una manera brutal: “Caracas es Caracas; lo demás es monte y culebra.”

Chávez se presentó ante la prensa en las primeras horas del lunes, y habló de “una gran victoria”, pero tanto sus palabras –siempre tan grandilocuentes- como sus gestos, parecían relativizar el impacto de ese supuesto gran triunfo. Porque después del referéndum del 2007 (donde el proyecto de reforma constitucional del Presidente fue derrotado, aunque nunca lleguemos a saber por qué porcentaje, con seguridad fue muy alto, mucho más del 51 por ciento oficialmente aceptado), después de aquel referéndum Chávez necesitaba de una victoria arrolladora, de una victoria clara y sin atenuantes, para seguir afirmando su proyecto político. Pero creo que éste no ha sido el caso.

En un contexto de crisis económica creciente, con fuertes caídas en los precios de petróleo –base del modelo redistribuidor del “socialismo del siglo XXI” venezolano-, y con las elecciones presidenciales de 2013 comenzando a rayar las canchas, los resultados del domingo dibujan un panorama complejo para el comandante Chávez.

Los gobiernos aliados de América latina, que han depositado en el presidente venezolano una porción sustantiva de sus estrategias de política exterior, deberían tener muy en cuenta los escenarios que plantean estos resultados.