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viernes, 12 de julio de 2013

Snowden (10 07 13)

Carta de Miami - página 2 - Hoy Día Córdoba – miércoles 10 de julio de 2013 

Snowden
por Anita Rey





Hace algunos días, desde esta misma columna, comentábamos que las reacciones de Obama y Putin frente al “caso Snowden” traían a la memoria los tiempos más álgidos de la división bipolar del mundo (Ver “Humores de guerra fría”, HDC del 28/06/13).
Ahora ya puede afirmarse que el caso de espionaje develado por Edward Snowden, ex técnico de la CIA y de la NSA (el Servicio Secreto), trasciende las demostraciones de fuerza para constituirse en uno de los principales escándalos globales.
Todos los días se agregan datos a los revelados por Snowden, mientras se alarga la novela de intrigas en torno al joven desertor: la Unión Europea ha reaccionado en bloque al hecho de que su principal aliado en Occidente los haya espiado sistemáticamente; el gobierno alemán de Ángela Merkel –a través de sus principales ministros- ha mostrado su indignación; y en las últimas horas se filtraron pruebas del espionaje de la Casa Blanca a los gobiernos sudamericanos, en especial a las potencias regionales, Brasil y Argentina.
Y nada parece indicar que el grifo abierto por Snowden pueda a estas alturas cerrarse fácilmente. La primera conclusión es que el presidente Obama y sus asesores estratégicos cometieron un craso error en los primeros momentos de manejo de la crisis.
Quisieron quitar hierro a las revelaciones: Obama dijo que no mandaría “aviones cazas a buscar un hacker”, pero unas horas más tarde presionó sobre sus aliados europeos de Francia, España e Italia para que negaran espacio aéreo al avión oficial del presidente Evo Morales ante la sospecha de que el ex empleado de la CIA iba a bordo.
La decisión empujó a un aterrizaje de emergencia del avión presidencial boliviano, que fue humillado en la violación de su soberanía y en el desconocimiento del más elemental derecho diplomático de inmunidad, en Austria. Los países latinoamericanos, y hasta la misma ONU expresaron su repudio a la medida.
El haber iniciado el manejo de la crisis con tan mal pie, sigue produciendo efectos adversos. Ayer el legislador ruso Alexey Pushkov, presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Duma (el Parlamento ruso), afirmó en Twitter que el ex técnico de la CIA había aceptado una oferta de asilo de Venezuela, atendiendo a la invitación del presidente Nicolás Maduro. También Nicaragua, y Evo Morales –en repudio al incidente europeo-, hicieron otro tanto.
Y la novela policíaca sigue sin dilucidar dónde está el joven informático de 30 años fugitivo del mayor imperio del globo, aunque todo indica que no ha abandonado el área de tránsito del aeropuerto moscovita de Sheremetievo.

La Administración Obama, opino que vuelve a equivocarse ahora, al advertir que a Snowden no se le debe permitir viajar a ningún otro país que no sea Estados Unidos: está creando una nueva causa antiamericana y antimperialista. Dos problemas, en lugar de uno.


Twitter:  @nspecchia




viernes, 14 de junio de 2013

Mujica y el porro (14 06 13)

Columna Periscopio - HOY DÍA CÓRDOBA - Magazine - viernes 14 de junio de 2013


Mujica y el porro

por Nelson G. Specchia




De una manera sorpresiva –y auténticamente “revolucionaria”- el gobierno de Uruguay avanza en los pasos legales para reglamentar el cultivo y el consumo privado de marihuana. 

La normativa, que obedece a una iniciativa política impulsada por el presidente José “Pepe” Mujica en persona, cambia el eje de debate y consideración tradicional que ha tenido el tema drogas en toda la región latinoamericana y en buena parte del resto del mundo.

Discusiones y plebiscitos
Siguiendo una metodología que ya comienza a ser una marca registrada, el presidente Mujica lanzó el tema y esperó las reacciones. Y éstas no se hicieron esperar: los colectivos sociales más comprometidos con la despenalización comenzaron a agitar los debates, tanto en las agrupaciones como en los medios de prensa, y ese nivel general de discusión fue subiendo hasta los partidos políticos.

Entre éstos –como es los demás ámbitos deliberativos- no hay posiciones unificadas, ni siquiera en el oficialismo del Frente Amplio uruguayo. Este mes de junio el tema de la marihuana reglamentada públicamente tomó estado parlamentario y comenzó a ser discutida en el Congreso.

El proyecto de ley que legaliza la venta y consumo de las hojas de “cannabis sativa” fue mutando en ese debatido camino hasta el Parlamento, pero precisamente esa metodología participativa y abierta puede ser la herramienta para la obtención de consensos en el pleno de los Diputados. Si así fuera, el proyecto podría estar para Septiembre en el Senado de Montevideo–donde la gobernante coalición de izquierdas dispone de una holgada mayoría- de donde saldría convertido en ley.

El borrador final que ha llegado a la instancia parlamentaria uruguaya autoriza al Estado a asumir el control y la regulación de las actividades de importación, exportación, plantación, cultivo, cosecha, producción, adquisición, almacenamiento, comercialización y distribución del cannabis o sus derivados. Aunque, en las largas discusiones a que se ha sometido en los últimos meses, ha sido atemperado en sus alcances, especialmente en aspectos de seguridad pública. Se le introdujeron sanciones a conductores que manejen bajo los efectos de la marihuana (en iguales términos que los que contempla la ley a quienes conduzcan alcoholizados); también se introdujeron prohibiciones de publicidad que incite al consumo de cannabis; como la inclusión en las currículas escolares de programas de educación que traten los problemas derivados del consumo de drogas.

Aunque a estas alturas ya salga sobrando, Pepe Mujica y sus voceros en el tema (como el diputado del Frente Amplio, Julio Bango, uno de los redactores del proyecto de ley) insisten en que no se pretende promover ningún tipo de drogas, sino regularlas, controlarlas desde el Estado, y que esa alternativa terminará reduciendo el consumo abusivo, el descontrol, y el ascendente peso de las mafias del narcotráfico, cuyo combate –al estar el consumo y la comercialización completamente fuera de toda norma- es cada vez más difícil y frustrante desde las políticas públicas.

Inclusive, en una actitud que fue considerada como un astuto “guiño” hacia la derecha por parte de un Presidente que sabe de las artimañas del poder, Mujica sostuvo que “se opone”, tanto al consumo de marihuana como a la práctica del aborto, pero que prefiere legalizar ambas para que no crezcan en las sombras, donde causan más daño que a la luz del día, con el control del Estado. Si con estas posturas Pepe Mujica logra también seducir a los sectores menos conservadores de la oposición del Partido Nacional, el Parlamento podría aprobar la despenalización antes de que comience la campaña electoral del año que viene, cuando se determinará su continuidad al frente del Ejecutivo oriental o se elegirá a su sucesor. En este último caso, si el Frente Amplio logra retener la presidencia, es probable que lo haga de la mano de Tabaré Vázquez, y el carismático ex presidente es un médico clínico que ha rechazado abiertamente la despenalización del porro que promueve Pepe Mujica.

El Partido Nacional, por su parte, anunció que si se aprueba el proyecto, comenzará a recolectar firmas (necesitan 52.000, el 2 por ciento del padrón electoral) para convocar a un referéndum revocatorio.  

El Tío Sam arma porritos

La iniciativa de Pepe Mujica, en todo caso, no viene descolgada. También en los Estados Unidos el debate en torno a la marihuana ha perdido el tinte criminal para ser abordado desde otras perspectivas. Hasta la campaña electoral que llevó a Bill Clinton a la presidencia, preguntar al candidato si alguna vez en su vida había fumado un porro era una aproximación estigmatizante.

Ahora, en cambio ya son 20 los Estados de la Unión en los que se permite el uso terapéutico de la marihuana (especialmente en los tratamientos de cáncer y en los cuidados paliativos), mientras que en Illinois y Nueva York –dos de los más ricos y poderosos- comenzó a discutirse el tema: si avanza en ambos, los distritos permisivos con el cannabis estarán a tres de la mitad del total de los Estados Unidos.

Mientras el gobierno de Barack Obama mira con simpatía el desarrollo de la discusión y no interviene activamente, se está gestando en el Norte un cambio rotundo de paradigma respecto de la hierba.

El eco regional

El proyecto de despenalización uruguayo tiene probabilidades de ser aprobado en el corto plazo. Pero inclusive poniendo esta posibilidad entre paréntesis, o teniendo en cuenta que futuras gestiones presidenciales pueden dar una marcha atrás, es innegable que el debate generado por Mujica ha conseguido instalar el tema a nivel de América latina, y ese sí que parece un camino sin retorno.

En la última reunión de la Organización de Estados Americanos – OEA, en Antigua, Guatemala, se presentó un documento muy elaborado y que constituirá una rodilla de quiebre en el tratamiento regional. Titulado “El problema de las drogas en las Américas”, tiene la firma de un abanico numeroso de expertos de todos los países miembros de la OEA, lo que permite asumirlo como un informe consensual a nivel científico y técnico.
Aunque no pasa lo mismo a nivel político. Mujica capitanéa el sector que promueve la despenalización, pero sus colegas del arco de gobiernos progresistas no la tienen tan clara.

Pepe logró poner de su lado a Costa Rica y a Guatemala, y –sorprendentemente, o no tanto- también al gobierno colombiano de Juan Manuel Santos. Venezuela, en cambio, pareció no tener una posición tomada, y el silencio brasileño de Dilma Rousseff –cercada en la política doméstica por sus alianzas con los sectores evangélicos- fue atronador. Argentina no aportó, y Evo Morales y Rafael Correa acompañaron a Pepe Mujica, pero apenas declarativamente.

La Cuba de Raúl Castro y la Nicaragua de Daniel Ortega, en cambio, rechazaron abiertamente la propuesta de despenalización y se mantuvieron estrictas en la ortodoxia tradicional de combatir al “narco” con policía y represión. Pero por primera vez en la Asamblea de la organización esta postura fue minoritaria.
La cuña que introduce Pepe Mujica me parece –además de innovadora y, lo repito, revolucionaria- en un todo acorde con la legislación internacional en materia de derechos humanos: aplicar sanciones penales por el consumo o la tenencia de drogas “blandas” para uso personal, sea por razones terapéuticas o recreativas, implica cercenar la autonomía y el derecho a la privacidad.

Y no constituye un método exitoso para luchar contra el narcotráfico, como a estas alturas resulta más que evidente. Parecería, por el contrario, que insistir en la criminalización es un buen camino para proteger al “narco” y a sus pingües negocios.


@nspecchia

martes, 19 de febrero de 2013

Correa, entre Chávez y Cristina (19 02 13)

Columna En Foco – Internacionales – HOY DÍA CÓRDOBA – página 2 – martes 19 de febrero de 2013 

Correa, entre Chávez y Cristina 

 por Pedro I. de Quesada 





Rafael Correa ha vuelto a hacerlo, y de una manera aún más rotunda: su triunfo del domingo tuvo carácter plebiscitario.

Además de esa contundencia, hay que reconocerle a este economista formado por los jesuitas en Lovaina que ha impactado en la calidad democrática y en el saneamiento del sistema republicano con lo que llama -recuperando una mística que parecía enterrada en América latina- "revolución ciudadana".

Y para comprender hasta qué punto ese saneamiento horadó la cultura institucional ecuatoriana, hay que comparar estos diez años en que Rafael Correa estará al frente del Ejecutivo (hasta la finalización del mandato refrendado el domingo), con los períodos presidenciales de sus antecesores: Abdalá Bucaram, Fabián Alarcón, Jamil Mahuad Witt, Gustavo Noboa, Lucio Gutiérrez y Alfredo Palacios no lograron completar un período presidencial, ninguno de ellos, mientras el país se hundía con cada presidencia un poco más en el abismo.

 Frente a ese escenario, el triunfo popular de Rafael Correa por una mayoría nunca vista, constituye el afianzamiento de un nuevo tiempo político en el país sudamericano. Además del volumen plebiscitario de votos, la distancia con el segundo candidato también fue histórica: más de 30 puntos lo separaron del banquero del Opus Dei Guillermo Lasso, su principal opositor, que apenas superó un quinto del padrón. 

Pero, más allá de la novedad institucional que implicará un período de estabilidad inédito, la victoria de Correa se asentó en una transformación socio-económica impulsada por su administración en los últimos seis años.

En Twitter, la red que se está convirtiendo en el primer eco de repercusión política, el tuitero Martín Romeo (@queruzo) realizó ayer uno de sus habituales #QueruzoInvestiga con los principales indicadores que transformaron Ecuador durante la presidencia de Correa: cuando asumió, en 2007, la pobreza era del 37,6%; hoy ha bajado al 25,3%, y la pobreza extrema de 16,9% a 9,4%. Las necesidades básicas insatisfechas (NBI) en ese período cayeron diez puntos, de 47% a 37%; mientras el coeficiente de Gini, que mide la distribución del ingreso, pasó de 0,54 a 0,47 (el cero es la equidad total).

 El trabajo infantil, que en 2003 era de 13,0%, para 2011 había bajado al 5,8%; mientras la tasa de empleo registrado pasó de 35,3% a 41,2% (el desempleo en Ecuador es de 4,12%).

Las primeras palabras de Rafael Correa en la noche del domingo fueron para Hugo Chávez: le dedicó la victoria al venezolano, por "haber sido el primero en empezar ésto, en soledad, en la negra noche neoliberal de los noventa".

 Sin embargo, no son pocos lo que insisten en marcar las diferencias del ecuatoriano con Chávez. Quizá como una expresión de deseos, también intentan diferenciarlo de la presidenta argentina.






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viernes, 12 de octubre de 2012

¿Por qué Chávez sigue ganando? (09 10 12)

Columna “En foco” - El Mundo - página 2 - Hoy Día Córdoba – martes 9 de octubre 2012 

¿Por qué Chávez sigue ganando?
 

por Pedro I. de Quesada 


 

Estaba todo listo: los diarios tenían los titulares de sus tapas ya previstos, los principales columnistas habían redactado los artículos que, seguramente, se habrían titulado “Victoria de Capriles: mensaje para la oposición argentina”; y una buena cantidad de medios habrían celebrado, en letras catástrofe, el final de la “dictadura” chavista.

Como diría Eduardo Galeano, extraña dictadura y curioso dictador, que ganó ocho elecciones en cinco años y se sometió a un referéndum en el que preguntaba a los venezolanos si querían el modelo de Estado que él proponía: es el único presidente de la historia de la humanidad en hacerlo, y ganó con el 60 por ciento.

La realidad, claro, se empeña en contradecir a algunos de sus más conspicuos relatores, y de mala gana éstos hubieron de admitir, la noche del domingo, que el comandante Hugo Chávez volvía a ganar la presidencia.

Frente a la rotunda victoria del oficialismo, dos preguntas: ¿por qué una elección en un país latinoamericano tuvo tanta atención del resto, al punto de enviar programas de televisión enteros y a sus conductores estrellas, además de involucrar a parlamentarios y dirigentes políticos?, y ¿por qué se desconocen tan arbitrariamente las razones más obvias del triunfo del chavismo, presentándolo como un fenómeno psicótico, populista, de voto rentado o cualquier otro desvío político?

Respecto de la primera, me parece que las elecciones en Venezuela simbolizaron la puja de dos modelos que se tensan en estas latitudes: la ratificación de Chávez y de su heterodoxo modelo de inclusión y redistribución constituye un aliciente global para todos los procesos de quiebre del statu quo hegemónico en estas tierras (se llamen Alba, kirchnerismo, Evo, Centroamérica, Unasur, Correa, Mercosur ampliado, etc.)

Y en cuanto a las causas que explican la victoria y los más de 10 puntos de diferencia con el candidato de toda la oposición junta, no debería soslayarse tan rápidamente lo que estos años han significado para la transformación interna de la sociedad venezolana.

Con el “Caracazo” se quebró un sistema político putrefacto, donde una elite se distribuía “caballerosamente” el poder entre dos partidos nominalmente diferentes.

Venezuela sólo era Caracas, el resto apenas monte y culebra. Chávez redireccionó los recursos de la renta petrolera, tanto hacia los colectivos más vulnerables internos, como a los vecinos pobres de la región; las “misiones” de salud, educación y vivienda hacia los sectores marginales implicaron una redistribución sustantiva: la pobreza y la pobreza extrema se redujeron ambas a la mitad, se acabó el analfabetismo y se extendieron derechos políticos inéditos.

¿Dónde está la extrañeza de que Chávez siga ganando?










Twitter:   @nspecchia

viernes, 4 de mayo de 2012

Síntomas de poschavismo (04 03 12)

Síntomas de poschavismo

por Nelson Gustavo Specchia






Las elecciones presidenciales en Venezuela se acercan a ritmo sostenido, y su clima político no deja de enrarecerse cada día. Las tertulias de los cafés de Caracas tienen un tema excluyente: la salud del presidente Hugo Chávez.

Todas las mediciones de intención de voto le dan un margen de ventaja cómoda al comandante Chávez para seguir dirigiendo la Revolución Bolivariana; pero esas mismas encuestan muestran la otra cara de la moneda: si no es el presidente en persona quien encabece las papeletas del 7 de octubre, ningún otro dirigente del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) tiene unos porcentajes de adhesión similares.

O sea, la victoria del joven y carismático dirigente opositor, Henrique Capriles, quedaría asegurada. Una alternativa de hierro.

“VIVA EL CÁNCER”

Aunque los números de las encuestas son coincidentes, la oposición ha tenido hasta ahora el buen tino de dejar el tema de la salud presidencial fuera de la campaña.

Líder de una experiencia inédita, como que toda la oposición se haya unido detrás de su figura mediante una elección en internas abiertas, Capriles ha jugado la sabia carta de la prudencia.

Los 39 años del gobernador del estado de Miranda son un ejemplo de la renovación generacional que ha vivido la clase política venezolana, tanto en las filas opositoras como en la propia nómina gubernamental. Los tres dirigentes más cercanos a Hugo Chávez tienen menos de 50 años: el vicepresidente Elías Jaua tiene 42; y Diosdado Cabello, el presidente del Congreso, y el canciller Nicolás Maduro, ambos 49.

A pesar de esta franja etaria, la concentración en torno a la figura presidencial ha sido tan alta que ninguno logra medir una intención de voto comparable a la de Chávez.

En la largada de campaña en Barquisimeto, en el Oeste venezolano, Henrique Capriles volvió a dejar de lado la cuestión del cáncer: "le deseo larga vida a mi contrincante", dijo. Pero los que no pueden seguir dejándola de lado son los propios chavistas, que tuvieron que lanzar la campaña sin la presencia de su principal candidato.

Las estancias en La Habana son cada vez más prolongadas, y además de haber afectado la dinámica de la toma de decisiones al interior de la administración, ahora también condicionará la campaña en la que Chávez se juega su eventual reelección para un tercer período presidencial consecutivo, tras 13 años en el ejercicio efectivo del poder.

GOBIERNO ELECTRÓNICO

Desde hace casi un año, cuando Chávez fue sometido a la primera de las intervenciones quirúrgicas en Cuba, la salud del presidente se ha convertido en un secreto de Estado del que solamente él está habilitado para hablar y dar detalles, inclusive a los círculos más altos del PSUV.

El comandante ha elegido con mucho cuidado la dosificación de esa información que va soltando, y los lugares dónde realizarla. Así, en febrero de este año, en unas declaraciones informales y casi de pasada, reveló que volvería a Cuba a tratarse de una nueva "lesión", ubicada en el mismo lugar de donde le habían extraído un tumor "grande como una pelota de béisbol" en junio de 2011.

El 4 de marzo, en un programa emitido por la televisión pública venezolana pero grabado el día anterior en Cuba, anunció que el segundo tumor extirpado era también canceroso. Esas fueron las últimas declaraciones oficiales sobre su estado de salud, todo lo demás han sido cálculos y especulaciones que se tejen a diario en las tertulias de los cafés caraqueños.

En todo caso, esas escuetas declaraciones y el manejo de la información oncológica permiten entrever algunas lecturas políticas.

Si se cuentan las veces que Hugo Chávez admitió haber sido operado en La Habana, hay tres intervenciones quirúrgicas; en dos de ellas se le extrajeron tumores malignos de la zona abdominal, aunque sin detalle del lugar preciso y de los órganos comprometidos. También, que las sesiones de radio y quimioterapia aplicadas después de la segunda operación no prosperaron, y obligaron a una tercera intervención.

El 17 de marzo regresó a Caracas, tras permanecer en la isla 21 días, pero el 25 de marzo volvió a volar a La Habana. No precisó cuánto tiempo estará ausente esta vez, pero dijo que los tratamientos de radioterapia se extenderán "por cuatro o cinco semanas".

Desde que comenzaron sus viajes al centro médico cubano, el jefe de Estado se ha negado sistemáticamente a cumplir con el mandato constitucional de delegación del poder en el vicepresidente en caso de ausencia, lo que implica, de hecho, el movimiento de todo el Ejecutivo y el ejercicio extraterritorial del gobierno.

Las redes sociales, los 140 caracteres de los mensajes de Twitter, y las videoconferencias con los ministros de su gabinete -que son retrasmitidas, a su vez, por los canales abiertos de televisión- se han convertido en las herramientas de la gestión política venezolana.

LOS CACHORROS DE LA REVOLUCIÓN

Más allá de la originalidad rupturista en los modos de ejercicio del poder por parte de Hugo Chávez, el entorno y el PSUV han comenzado a filtrar las dudas que despiertan las mediciones de intención de voto para las próximas elecciones.

Unas filtraciones que, a pesar de que todos cierren públicamente filas en torno a su figura, denotan los primeros síntomas del postchavismo: alguien se ha puesto a pensar en cómo retener el poder sin contar con la persona del comandante-presidente.

De la segunda línea de dirigentes, es el vicepresidente Elías Jaua quién recaba mayores simpatías, tanto en las altas esferas del grupo gobernante como a nivel de aceptación popular. Y detrás de él, el canciller Nicolás Maduro, un hombre de extracción sindical que conserva las buenas relaciones con los gremios.

Pero estos dirigentes enfrentan un doble desafío si los planes de generación de un escenario postchavista terminan cuajando (o imponiéndose: mientras escribo esta nota, el periodista Nelson Bocaranda, que mantiene el blog "Runrun.es" sobre la salud del presidente, informa que Chávez está casi postrado en La Habana, y utiliza una silla de ruedas acondicionada especialmente para él).

Tanto Jaua como Maduro necesitarían que sea Hugo Chávez en persona quién los convierta en candidatos; esa es la única alternativa para que a estas alturas, con la campaña electoral ya lanzada, tengan tiempo de apropiarse de los porcentajes de votos que el carisma del presidente mantiene adheridos a su cuerpo.

Y el segundo desafío son los militares. Los cachorros de la revolución son civiles, pero el Ejército ha sido la pieza clave de construcción del poder en Venezuela, especialmente después de haber logrado abortar el golpe de Estado del 11 de abril de 2002, organizado por sectores de las altas finanzas y por la cúpula de la Iglesia católica, con el beneplácito de George W. Bush y de su secretaria de Estado, Condoleezza Rice.

Desde entonces los militares han acaparado una cuota de poder político -y económico- que será difícil que resignen, salvo que el heredero del coronel de paracaidistas sea otro colega de armas.

Chávez, en todo caso, no admite sucesores, y sigue diciendo que gobernará hasta 2031 y más allá.

Para entonces los cachorros habrán crecido.




En Twitter:  @nspecchia



miércoles, 5 de agosto de 2009

El termómetro político de los Andes



El termómetro político de los Andes

por Nelson Gustavo Specchia


Toda la región andina no deja de levantar temperatura política en este invierno austral. Comenzó a subir la semana pasada, cuando salieron a la luz las aportaciones de las FARC, en un monto cercano al medio millón de dólares, a la última campaña presidencial ecuatoriana. Sin que esos aires se hayan calmado (Rafael Correa ya no niega los aportes, pero aduce que fueron realizados a sus espaldas), esta semana tomó estado público la tenencia de armas sofisticadas del ejército venezolano por parte de aquella misma guerrilla colombiana tan generosa en sus aportaciones a las campañas de los candidatos de los países vecinos.


Las FARC siempre se ha mostrado muy en consonancia con el discurso y los objetivos socialistas del presidente venezolano Hugo Chávez, y este entrecruzamiento de vínculos entre la guerrilla; Ecuador; las armas venezolanas; las negociaciones entre el presidente Álvaro Uribe para el uso de bases colombianas por parte del ejército norteamericano; los fracasos de la OEA como mediadora en los conflictos centroamericanos; Honduras con dos presidentes; y Evo Morales, en esta parte de los Andes, reconvirtiendo unos doscientos municipios en “autonomías indígenas”; levantan la temperatura a cotas de riesgo, al amenazar con el inicio de una situación crítica de múltiples aristas.


Las FARC, cada vez más debilitadas y sitiadas militarmente, han reforzado los vínculos con el liderazgo político más afín (especialmente Chávez y Correa), y han aumentado el financiamiento y la provisión de armamento con las redes de tráfico de cocaína. El haber encontrado lanzacohetes AT-4, suecos, en un campamento de las FARC, se combinó con cierta información de las computadoras incautadas en el ataque –en territorio ecuatoriano- al líder guerrillero “Raúl Reyes”: los suecos confirmaron que esas armas, por el número de serie, habían sido vendidas al ejército venezolano, y han demandado explicaciones a Chávez.


Al mismo tiempo, y como una respuesta al cierre de la base ecuatoriana de Manta, Álvaro Uribe ha iniciado negociaciones con la Administración Obama, para dar mayores facilidades de acceso a siete bases al ejército norteamericano (3 de la Fuerza Aérea, 2 de la Marina, y 2 del Ejército: Cartagena, Larandia, Tolemaida, Palanquero (Cundinamarca), Málaga (Pacífico), Apiay (Meta), y Malambo (Atlántico). No se prevé que el ejército norteamericano vaya a incrementar sus efectivos en Colombia, pero esta negociación sí repercutiría en más ayuda tecnológica y de inteligencia, dos elementos determinantes en la guerra contra las FARC y el narco. Los logros de los últimos tiempos reconocen su deuda con esta ayuda norteamericana, que asciende a unos 400 millones de dólares anuales desde 2001, fecha de la firma del “Plan Colombia”.


El próximo lunes, 10 de agosto, comenzará la reunión de la UNASUR – Unión de Naciones Sudamericanas, en Quito. Pero como Colombia ha roto relaciones diplomáticas con Ecuador desde marzo del año pasado, el presidente Álvaro Uribe se ha lanzado esta semana a una gira por América latina, incluyendo Perú; Chile; Bolivia; Argentina (este miércoles se reunió con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en una reunión hermética, sin ningún tipo de declaraciones por ninguna de las partes); luego seguirá por Paraguay; Uruguay; y Brasil, para dar explicaciones a los mandatarios de estos países sobre las negociaciones militares con Obama.


Pero tanto Chávez como Correa han visto una excelente oportunidad para girar la atención sobre las acusaciones de financiamiento de campaña y de desvío de armas, y pasan al ataque, afirmando que la decisión de Uribe supone el desembarco del ejército norteamericano, como brazo militar de ocupación, en territorio latinoamericano.


Venezuela ha vuelto a congelar las relaciones con Colombia, y Ecuador, que ya las tiene rotas, ha iniciado una guerra comercial contra su vecino, imponiendo aranceles a unos 1.300 productos de comercio internacional. Y las reclamaciones no terminan en el país fronterizo, Chávez arremetió directamente contra Barack Obama, con dos afirmaciones a cual más preocupante: por un lado, dijo que la instalación de esas bases norteamericanas puede suponer el inicio de una guerra en Sudamérica; y a renglón seguido comunicó que en septiembre de este año firmará con Putin un acuerdo de defensa y de adquisición de armamentos con Rusia.


Toda la legalidad internacional está del lado colombiano, de momento. El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza (a quien Chávez llama “insulso”) se ha ofrecido a mediar, pero la OEA está en horas bajas y nadie confía demasiado en ella. La Unión Europea ha dado su respaldo a Uribe, y los Estados Unidos también, claro. Y en América latina: Evo Morales y Nicaragua se alinean con el venezolano, sin fisuras; Perú acepta de buen grado la decisión de Uribe; el paraguayo Lugo ha decidido permanecer neutral; la señora Bachelet ha mostrado su prevención; y otro tanto ha manifestado Lula da Silva, a quien no le simpatiza para nada tener siete bases norteamericanas en sus fronteras, y, para más datos, cerca de las reservas petrolíferas brasileras. La presidenta Cristina, por su parte, mantiene su postura muy en reserva, si es que la tiene.


Y este nuevo escenario, en pleno invierno austral, proyecta un termómetro en rápido ascenso.






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jueves, 4 de junio de 2009

Cuba a las puertas de la OEA

Cuba a las puertas de la OEA

Por Nelson Gustavo Specchia

Ojo con Fidel - Nelson G. Specchia


Una noticia extraña para toda América latina. Después de casi medio siglo apartada del sistema multilateral americano, Cuba ha vuelto a quedar a las puertas de la OEA. La noticia se celebró en muchas Cancillerías, y los ecos en los analistas del continente han sido muy dispares, desde los aplausos a las lamentaciones. Y –en no pocos casos- ha reaparecido la pregunta sobre la conveniencia de mantener funcionando a esta Organización de los Estados Americanos, ya un tanto desfasada con los tiempos y los nuevos climas políticos en la región.

El debate se calienta, además, con el rechazo del régimen cubano a esta mano tendida, que se vive como un triunfo de las diplomacias latinoamericanas frente al Departamento de Estado norteamericano, con la afirmación de Fidel Castro de que Cuba no piensa volver al organismo multilateral.

En San Pedro Sula, en Honduras, los ministros de relaciones exteriores de toda América se han reunido en la XXXIX Asamblea General de la OEA, y por consenso han acordado derogar la suspensión a Cuba, aprobada en 1962, lo que abre la puerta a un posible reingreso de la isla a la organización.

Hace días que en los diferentes ambientes de análisis de política internacional se viene aireando el tema, luego de que el presidente Barack Obama realizara el primer “guiño” hacia el régimen de la isla, antes de subir al avión que lo llevaría a la Cumbre de Trinidad y Tobago, el mes pasado.

El texto de San Pedro Sula es una auténtica prueba de habilidad diplomática, logra sortear los escollos planteados por la posición norteamericana, que intentaba imponer condiciones para la readmisión de Cuba en la organización, básicamente la “carta democrática”; postura a la que se oponía un núcleo duro de países, encabezados por Venezuela, Bolivia, Nicaragua, y Ecuador. El documento sale de este brete, y adopta una vía indirecta, ya que establece que la resolución VI, adoptada en 1962 en la reunión de ministros de relaciones exteriores de Punta del Este, mediante la cual se excluyó a Cuba, “queda sin efecto”. Pero, a renglón seguido, y sin duda por la presión norteamericana, agrega que si el gobierno de Cuba solicita la readmisión a la organización, ésta se dará “de conformidad con las prácticas, los propósitos y los principios de la OEA”.

O sea: sí pero no. Porque si Cuba solicitase el reingreso, los Estados Unidos podrían invocar la “carta democrática” para impedírselo –o para presionar al gobierno revolucionario-, ya que ésta hace parte de las “prácticas, propósitos y principios” de la organización.

La “carta democrática” no estuvo en los orígenes de la OEA, ni podría haberlo estado por aquellos años (la organización nació en Bogotá el 30 de abril de 1948, sobre las cenizas de la vieja Unión Panamericana, que venía de la primera Conferencia Interamericana, de 1890). La “carta” es de 2001, cuando los regímenes democráticos posteriores a las décadas de dictaduras en la región ya estaban consolidados, fue promovida por los Estados Unidos, y su objetivo es establecer parámetros para el ingreso y permanencia de los miembros en la organización, básicamente las reglas del juego representativo y democrático, de partidos políticos, libertades y garantías.

Cuba, claro está, no entraría en esta categorización. Fidel lo sabe, y curándose en salud, rápidamente, desde su columna en el Granma escribió que Cuba no tiene ningún interés por pertenecer a la OEA, que para él ha sido, desde su creación, “cómplice de todos los crímenes” contra la autodeterminación de los pueblos de América latina, y el “caballo de Troya que permitió la entrada en la región del neoliberalismo, el narcotráfico, las bases militares y las crisis económicas.”

En definitiva, lo que Fidel dice es que la OEA, ésta OEA, no tiene razón de ser. Y no es el único que lo piensa.

La OEA es una creación norteamericana, y el gobierno de los Estados Unidos aporta casi un ochenta por ciento de su presupuesto de funcionamiento; tiene su sede en Washington, cerca de la Casa Blanca; sus propósitos de fortalecer la democracia y asegurar la paz y la seguridad en el continente se vieron burlados una y otra vez por las propias administraciones norteamericanas, con la CIA apoyando los golpes de Estado en América latina, y las invasiones de los marines a la propia Cuba, a Santo Domingo, a Panamá, o a Granada, a lo largo del siglo XX. A nivel de defensa continental estableció el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), pero ni amagó con aplicarlo cuando el ejército británico recuperó las Islas Malvinas por la fuerza. Y en cuanto a la promoción de los Derechos Humanos, otro de los vértices de su existencia, los Estados Unidos no han suscripto el Pacto de San José de Costa Rica, de 1979, por lo que no reconocen la jurisdicción de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Entonces, con estos antecedentes y en este marco, ¿para qué necesitamos a la OEA?

Fidel lo ve claro, por eso termina su columna citando al presidente Rafael Correa. Lo que necesitamos, dice el ecuatoriano, es una OEA sin los Estados Unidos, fuera de Washington, y, por supuesto, con Cuba.

Estos serán los términos del debate que, a nivel del sistema interamericano, se avecina.

lunes, 27 de abril de 2009

Un nuevo tiempo para las Américas

Un nuevo tiempo para las Américas

En Trinidad y Tobago se ha abierto la posibilidad de establecer una nueva manera de relacionarse con los Estados Unidos, más abierta y realista, plural y adulta.

Poe Nelson Gustavo Specchia


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Barack Obama, asumiendo su rol de líder mundial, se ha lanzado a una agitada agenda internacional. El primer paso, obligado, fue Europa: en una semana estuvo –casi– en todos lados: en el G-20, en el Consejo de la Unión Europea, en el aniversario de la Otan, en la frontera franco-alemana y hasta en Estambul, donde el presidente español José Luis Rodríguez Zapatero y el premier turco Recep Erdogán impulsan la Alianza de las Civilizaciones, para acercar el mundo árabe y musulmán a occidente.

Y ahora le tocó a América. En Puerto España, la pequeña ciudad capital de Trinidad y Tobago, en las Antillas menores del Caribe, los jefes de Estado del continente tuvieron su primer vis-a-vis con el líder demócrata, y se sacaron la primera foto de familia, con la carismática sonrisa del presidente norteamericano en la segunda fila.

Obama, sabiendo que la “cuestión cubana” le iba a agriar este primer encuentro, llegó con un gesto de condescendencia: esa misma semana firmó la flexibilización de condiciones de viaje desde y hacia Cuba, y de las remesas en dólares a la isla. Hasta Fidel Castro, desde su columna ético-ideológica en el diario Granma, ha tenido que hacer un guiño de satisfacción, aunque agregando a renglón seguido que sin el fin del bloqueo, lo demás es puro humo. Pero hasta Fidel sabe que el camino iniciado aquí conduce, precisamente, al fin del bloqueo.

El punto más sustantivo de la Cumbre consistió en presentar una propuesta de nuevo pacto de asociación hemisférica. Barack Obama necesita dar un gesto fuerte también en América, aunque ésta no constituya una prioridad estratégica para los Estados Unidos. Y busca una nueva actitud en las relaciones diplomáticas, para dejar claro que el unilateralismo de George W. Bush ya es historia pasada.

La Cumbre ha sido el primer encuentro de los 34 jefes de gobierno de América latina, el Caribe, Canadá y Estados Unidos, desde la polémica reunión que tuvo lugar en 2005 en Mar del Plata, donde Bush sufrió el acoso verbal de sus colegas, bajo la mirada inocente de su anfitrión, el entonces presidente Néstor Kirchner.

Obama quiere repuntar esa sensación, volver a darles un espacio destacado a las cumbres, que se han desarrollado bastante irregularmente desde que Bill Clinton convocara a la primera, en Miami. Ha nombrado a un experto, el embajador Jeffrey Davidow, para administrar la diplomacia relacionada con las cumbres en la región. Davidow es un académico (viene de presidir el Instituto de las Américas, de la Universidad de California, en San Diego), y es un diplomático jubilado con amplia experiencia en la región.

Junto a Cuba, la crisis económica mundial ha sido la estrella de la agenda. Los líderes latinoamericanos quieren que el presidente de los Estados Unidos use su influencia para ampliar los recursos y la flexibilidad de las entidades financieras multilaterales (el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial); y Obama tendrá que compaginar estas peticiones con la estrategia impulsada desde Londres por el G-20.

Los otros puntos álgidos han sido las posiciones en torno a las mafias de la droga –que están dando una guerra cada vez más abierta en la región–, la inmigración y el comercio internacional. Este último porque, más allá del peso estratégico, los países de América latina compran 20 por ciento de todas las exportaciones de Estados Unidos y representan otro 20 por ciento en sus importaciones. Las ventas norteamericanas al sur del Río Bravo son cuatro veces superiores que las dirigidas a China. Y Estados Unidos obtiene actualmente 25 por ciento de su energía de proveedores latinoamericanos y caribeños.

Y con 34 países y 600 millones de personas, América latina representa un sector dinámico y en crecimiento, con recursos naturales únicos. Un mercado para nada despreciable. Pero, para ese mercado, Obama no puede seguir ofreciendo la alternativa del Área de Libre Comercio de las Américas (Alca). Aquí hay que dibujar una nueva estrategia. En la Cumbre estuvo en las palabras de casi todos los líderes, y Obama acusó el mensaje.

A nivel de relacionamiento global, y a pesar de que la crisis ha ofrecido un nuevo escenario para el diálogo multilateral, en lo político seguirá siendo difícil el trato con Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua (además de Cuba). Pero la actitud de Obama en esta reunión ha sido abierta, y tengo la seguridad de que en el corto plazo habrá novedades importantes. La actitud, por lo pronto, ya ha cambiado: ha sido cordial, gentil y distendida. La antítesis del clima de Mar del Plata, hace cuatro años.

Por ello, en la Cumbre, creo que ha imperado el realismo. Pudo ser simplemente una tribuna para criticarse unos a otros, o casi todos a los Estados Unidos, mirando hacia los electorados internos y hacia las cámaras. Hubo “show”, claro, con regalo de libros incluido, pero la oportunidad era demasiado grande para dejarla pasar. Perder oportunidades como ésta puede no tener perdón de la historia. Y el “show” no agotó la reunión.

Ya no hay lugar para recetas estatales y aisladas; de la crisis se saldrá con estrategias elaboradas en conjunto. Tengo la impresión de que en Trinidad y Tobago se ha abierto la posibilidad de establecer una nueva manera de relacionarse con los Estados Unidos, más abierta y realista, plural y adulta. Ojalá. Es, precisamente, la que requiere este tiempo.




jueves, 19 de febrero de 2009

Chávez ahora va por todas

CHÁVEZ, AHORA VA POR TODAS


Por Nelson Gustavo Specchia



El comandante Hugo Chávez, jefe del Partido Socialista Unificado de Venezuela, líder de la Revolución Bolivariana (a través de la cual, dice él, se expresa el “socialismo del siglo XXI en América latina), y presidente de la República Bolivariana de Venezuela, este domingo ha conquistado la baza que perseguía desde hacía tiempo, poniendo tras este objetivo todo el aparato político, económico y mediático que el petróleo venezolano pudiera pagar: estar autorizado por la legalidad constitucional a gobernar sin ningún tipo de restricción o límite temporal.

En este mismo lugar, hace sólo algunos meses, en una columna que titulamos “Más Chávez y menos Chávez”, analizábamos los resultados de las elecciones regionales y legislativas de noviembre del año pasado. Advertíamos entonces que el férreo cerco de poder que el presidente venezolano había logrado construir a su alrededor comenzaba a mostrar fisuras, pero que en esa prueba legislativa no podía afirmarse que nadie hubiera ganado claramente.

En realidad, parecía que ambos –tanto Chávez, como la variopinta oposición a su persona- habían ganado, según como se miraran los resultados. A números concretos, la diferencia entre ambos sectores era de apenas 1,5 millones de votos, sobre los 28 millones de venezolanos. O sea que prácticamente la mitad de la población estaría gobernada por el chavismo, y la otra mitad, por la oposición. Fue la gran oportunidad que tuvo ese arco opositor que no termina de encontrar el rumbo, y que sigue dejando la iniciativa política en manos de los estudiantes universitarios, para encarar su reorganización y plantearse como alternativa real al líder bolivariano.

Chávez lleva diez años en el poder, y la oposición política en Venezuela sigue sin encontrar un rumbo común. Como dirían nuestras abuelas, no los une el amor, sino el espanto. Y por eso su lugar lo ocupan los jóvenes y los estudiantes universitarios.

A diferencia de ellos, el comandante Chávez se echó inmediatamente, con todo el peso del aparato del Estado, a una nueva campaña plebiscitaria –ciudad a ciudad, barrio a barrio, e inclusive casa a casa- para sacarse de encima las restricciones temporales al ejercicio repetido del mandato presidencial.

Y esta vez, le funcionó. La victoria del referéndum del domingo pasado ha sido clara, (nuevamente con 1,5 millones de votos de diferencia, pero esta vez todo a su favor), y con ella ha eliminado las trabas constitucionales para su reelección indefinida. Y para qué perder tiempo, inmediatamente se ha proclamado candidato a la presidencia en 2012, en un rapto casi místico, parafraseando al apóstol Pablo: “Me consumiré gustosamente al servicio del pueblo sufriente.”

Pero el proceso electoral ha sido limpio. Venezuela no es hoy una dictadura, ni Chávez un dictador, sino un caudillo que opera dentro de una legalidad que, si bien es cierto que él mismo la ha construido a su medida, también lo es que el electorado venezolano se la consiente. De ahora hasta que termine su actual mandato constitucional, el comandante Chávez tiene tiempo sobrado para consolidar un sistema que, manteniendo las formas, sea funcional a sus aspiraciones. Mantendrá los partidos, porque le dan un cierto toque de pluralismo, y no le quitan el sueño, como se ha visto. Un modelo que Teodoro Petkoff, el intelectual de la oposición, ha designado como “totalitarismo light”.

Pero en la faz económica, en cambio, “pintan bastos”, como dirían en España. Chávez ha financiado su modelo de crecimiento y redistribución en la exportación de petróleo, que llegó a estar a 140 dólares el barril; pero es que ahora está a 40, y no hay expectativas cercanas de cambios en la tendencia. Y por dentro, además, lo empuja una inflación del orden del 30 por ciento (40 por ciento en los alimentos). Esta combinación obligará a Chávez a adoptar una política fiscal más estricta, y, seguramente, a reducir los cheques dirigidos a los programas sociales, que son la base de la “revolución socialista” bolivariana.

Y eso dibujará otro escenario, porque la Constitución ahora le permite mantenerse en el poder… siempre y cuando gane las elecciones.



miércoles, 26 de noviembre de 2008

Más Chávez y menos Chávez


MÁS CHÁVEZ Y MENOS CHÁVEZ


Por Nelson Gustavo Specchia


Estos últimos meses han estado fuertemente marcados por sorpresivas noticias electorales. Hace un par de semanas, el largo año de campaña electoral norteamericana terminaba con el triunfo del primer negro que arribará a la Casa Blanca; y este domingo 23 de noviembre el presidente venezolano Hugo Chávez se enfrentó a un plebiscito cuyos resultados deben ser leídos muy cuidadosamente en las restantes latitudes latinoamericanas.

En realidad, las elecciones del domingo no tenían una relación directa con la autoridad presidencial y el gobierno de la República de Venezuela, sino que se planteaba la renovación de gobernadores, intendentes y diputados regionales. En total se ponían a consideración 22 de las 23 gobernaciones en que está dividido el país, y las ciudades más importantes, como la capital, Caracas. Pero en los últimos meses Chávez decidió concentrar en su persona la disputa electoral, de forma tal de que las elecciones fueran en realidad un plebiscito sobre su gestión, sobre su persona, sobre su gobierno, y sobre su partido, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), que el Presidente fundó hace dos años, en 2006. Los candidatos oficialistas a gobernadores y alcaldes ocuparon, durante toda la campaña, lugares muy secundarios. La campaña fue él, el propio Chávez, quien se mostró como la encarnación de un nuevo modelo político, marcado por la igualdad y la equidad social.

Enfrentando a su persona y a su estilo de gobierno, un muy amplio y variopinto arco opositor intentó estructurar un discurso más cercano a la socialdemocracia, con defensa de derechos –tanto humanos como económicos- y mayores grados de democracia liberal. Pero lo que verdaderamente une a esa oposición tan variada, tan disímil, vuelve a ser Chávez: es contra él, contra su personalismo, contra el supuesto autoritarismo y los deseos de perpetuación es que esa heterogénea oposición logra aglutinarse.

Y el domingo, ambos ganaron.

Y según cómo se miren los resultados de la elección, puede decirse que tenemos “más Chávez” en Venezuela, pero también puede afirmarse que desde el domingo hay “menos Chávez”.

Objetivamente, a números concretos, la diferencia entre ambos sectores es de 1,5 millones de votos, sobre los 28 millones de venezolanos (el padrón electoral es de 17 millones, y la participación fue muy alta para unas elecciones regionales: el 65 por ciento). Como resultado de las elecciones del domingo, entonces, prácticamente la mitad de la población estará gobernada por el chavismo; y la otra mitad, por la oposición.

Chávez logró el mayor número de gobernaciones (17 de los 22 gobiernos regionales en disputa), pero en los 5 que ganó la oposición se concentra la mitad de la población venezolana, las grandes ciudades, y el petróleo, y la industria, y la producción estratégica. Pero, por sobre todo, la oposición ha conquistado la Alcaldía Mayor de la capital, el Gran Caracas, donde ahora gobernará el furioso antichavista Antonio Ledezma.

Las 17 provincias oficialistas, en cambio, son parte del interior rural, con una base agropecuaria poco tecnificada, muy baja densidad poblacional, y un peso económico secundario en la estructura productiva nacional; características que abonan el tradicional caciquismo político y la captación clientelar de votos. El escritor venezolano Ibsen Martínez lo dice de una manera brutal: “Caracas es Caracas; lo demás es monte y culebra.”

Chávez se presentó ante la prensa en las primeras horas del lunes, y habló de “una gran victoria”, pero tanto sus palabras –siempre tan grandilocuentes- como sus gestos, parecían relativizar el impacto de ese supuesto gran triunfo. Porque después del referéndum del 2007 (donde el proyecto de reforma constitucional del Presidente fue derrotado, aunque nunca lleguemos a saber por qué porcentaje, con seguridad fue muy alto, mucho más del 51 por ciento oficialmente aceptado), después de aquel referéndum Chávez necesitaba de una victoria arrolladora, de una victoria clara y sin atenuantes, para seguir afirmando su proyecto político. Pero creo que éste no ha sido el caso.

En un contexto de crisis económica creciente, con fuertes caídas en los precios de petróleo –base del modelo redistribuidor del “socialismo del siglo XXI” venezolano-, y con las elecciones presidenciales de 2013 comenzando a rayar las canchas, los resultados del domingo dibujan un panorama complejo para el comandante Chávez.

Los gobiernos aliados de América latina, que han depositado en el presidente venezolano una porción sustantiva de sus estrategias de política exterior, deberían tener muy en cuenta los escenarios que plantean estos resultados.