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jueves, 20 de junio de 2013

Violen a la ministra negra (19 06 13)

En Foco – HOY DÍA CÓRDOBA – El Mundo – Página 2 – miércoles 19 de junio de 2013 

Violen a la ministra negra 

por Pedro I. de Quesada 





Que los años en que el (vergonzantemente) llamado “Il Cavaliere” dominó la vida italiana iban a pasar factura, era un hecho.

El semiólogo Umberto Eco designa como “berlusconismo” al conjunto de actitudes sociales, económicas y culturales que menosprecian el republicanismo y convierten a la vida social en un culebrón televisivo.

El jueves pasado, en el Magazine Cultura de este diario, en nota firmada por Leandro Calle se recordaba aquella noche en que Riccardo Muti dirigió a todo los asistentes del teatro en un bis del “Va pensiero”, y con Silvio Berlusconi en el palco dijo que Italia realmente sería una “patria bella é perduta” si no se terminaba con ese desprecio mercantil de la cultura que caracterizó al “berlusconismo”.

Las elecciones se celebraron, la emergencia de figuras anti-políticas, como Beppe Grillo, aparecieron y se esfumaron; la alcaldía de Roma –tradicional feudo de la derecha populista- pasó a manos de la izquierda; y –aunque con retraso- el presidente Giorgio Napolitano logró finalmente convocar a un gobierno bajo la batuta de Enrico Letta.

Silvio Berlusconi, podría pensarse, está arrinconado y ha quedado en los márgenes. Quizás. Pero no el “berlusconismo”, que sigue tiñendo la vida política de la península.

El Ejecutivo de Letta ha intentado comenzar a reparar las heridas, y entre ellas, las profundas de la división social y de la integración. Para que se encargue de este tema, en una audaz medida muy simbólica, nombró a una inmigrante africana de color negro: Cécile Kyenge.

Nacida en el Congo en 1964, Cécile llegó a Italia a los 19 años, sufrió la ilegalidad, el vivir sin papeles, y trabajó limpiando casas. Estudio medicina, se recibió de oculista, pero su color de piel siempre fue un obstáculo.

Ahora, después de un largo camino, la doctora Kyenge, ciudadana italiana, es ministra del gobierno de Letta. Pero el “berlusconismo” arremete contra ella a diario.

Desde la Liga Norte, el xenófobo partido que apoyó los gobiernos de Berlusconi, le tiran a matar: “zulú” o “mona congoleña” son epítetos habituales. El eurodiputado Mario Borghezio dijo que Kyenge “estaría mejor de empleada doméstica que de ministra”, y Dolores Valandro, una consejera municipal de la Liga Norte en Padua, pregunta en su Facebook: “¿Pero acaso no hay nadie que la viole?”.

Limpiar el “berlusonismo” tomará tiempo, si es que los pases malabares de Il Cavaliere no lo depositan nuevamente en el poder antes que eso pase.





@nspecchia





martes, 7 de agosto de 2012

El caldero de los cuenteros (07 08 12)

Columna “En foco” - El Mundo - página 2 - Hoy Día Córdoba – martes 07 de agosto 2012


El caldero de los cuenteros

por Pedro I. de Quesada




Hace algunos años, regenteábamos con unos amigos un pub en Nueva Córdoba, “Brujas”, en un antiguo caserón con cristaleras de colores sobre Rodríguez Peña, que terminó demolido como tantos. En ese local nuestro se reunía, los miércoles, un variopinto conjunto de amantes de la literatura, “El caldero de los cuenteros”, coordinado por Susana Chas. Eran unas reuniones románticas, que intentaban poner la diversidad al servicio de la creación literaria.

Por asociaciones libres, he recordado aquel caldero al analizar las imágenes, cada vez más agresivas, cada día más inquietantes, de la tensión racial en los Estados Unidos de Norteamérica.

La diversidad puede derivar en creación y en convivencia, como aquel grupo de personajes tan disímiles que la amiga Chas agrupaba en torno suyo. Pero, mal manejada, también puede derivar en un magma de tensiones que se cocine a fuego lento y que termine haciendo saltar la tapa del caldero en cualquier momento.

Esa es la imagen que se impone cuando se analizan las derivas de esta semana, en un ambiente racial y socialmente tan pluralista como el de la Costa Oeste estadounidense.

California, a diferencia del Medio Oeste o de Texas y las zonas sureñas lindantes con México, se ha caracterizado por ser la avanzada de la tolerancia norteamericana, y en los picos de tensión (cuando se han intentado aprobar leyes xenófobas contra la inmigración latina, o cuando personajes como el “sheriff” Joe Arpaio han puesto la cuestión de los “espaldas mojadas” en el tapete), California ha conseguido atemperar los ánimos y reequilibrar la balanza sobre la política étnica.

Sin embargo, la reciente muerte de dos hispanos a manos de la policía en una de las localidades acomodadas cercana a Los Ángeles ha desatado una ola de violencia que no tiene precedentes en California.

Dos jóvenes, de alrededor de 20 años, han muerto por tiros policiales, sin haber estado armados ni actuando en situaciones confusas; sus muertes no han podido adjudicarse sino a fusilamientos extrajudiciales. Un tercer tiroteo en la misma semana terminó prendiendo la mecha de las protestas, éstas llevaron a movilizaciones de la comunidad hispana, y éstas, a su vez, a enfrentamiento entre latinos y policías, vandalismo, cientos de locales destrozados.

Y la promesa de que esto sólo es el principio, de que los próximos días verán aumentar progresivamente la temperatura del caldero. En el amplísimo cinturón urbano de Los Ángeles, ya la población hispana supera el 50 por ciento del total (de los que, a su vez, una quinta parte tiene menos de 20 años) y el “spanglish” –ese castellano mechado con algunas palabras en inglés- es la lengua franca.

Pero, a diferencia de lo que muestran las series policiales de la televisión norteamericana, no hay casi policías hispanos, y de los blancos casi ninguno habla español. Unos ingredientes propicios para calentar cada vez más ese temible caldero.

Y este, por desgracia, no tiene nada que ver con la creación literaria.





En Twitter:   @nspecchia





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lunes, 23 de enero de 2012

Bienvenidos, gallegos (29 11 11)

Columna “En foco” - El Mundo - página 2 - Hoy Día Córdoba – martes 29 de noviembre de 2011


Bienvenidos, gallegos

por Pedro I. de Quesada





Entre los coletazos más insólitos de la crisis del euro, está la posibilidad de una nueva emigración.
La salida de griegos y de irlandeses (especialmente hacia los Estados Unidos) ha hecho saltar algunas alarmas, y analistas demográficos sostienen que en los próximos meses llegará el turno de España.


El informe que la OCDE (la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico, principal “think tank” europeo) hizo público ayer en París fue lapidario, y viene a abonar esta hipótesis.
 
Si se mantienen las tendencias históricas, la Argentina volverá a ser destino prioritario. Después de los peninsulares llegados a nuestras tierras en el período colonial, la segunda oleada, alrededor de los años ’40, trajo a más de dos millones de españoles, en un 70 por ciento gallegos: Buenos Aires es la segunda ciudad del mundo con mayor población de gentes de Galicia, después de La Coruña. Y en el último censo (2010) todavía se registraban más de cien mil españoles residentes en estas pampas.

Siempre fueron bienvenidos, aunque no supieron devolver la gentileza con el mismo trato cuando cambiaron las tornas y muchos compatriotas decidieron cruzar el “charco” en sentido contrario (por cierto, también una parte importantes de estos argentinos que en 2001 salieron a las disparadas, ya han regresado o están volviendo).

Ahora la OCDE anticipa las previsiones que pueden preparar una nueva corriente migratoria hacia América: la organización recorta todas las expectativas de crecimiento actuales, a pesar de que ya están bajo mínimos, y calcula que la tasa de desocupación seguirá aumentando en los próximos dos años. En el último recuento, España registró cinco millones de desempleados, y en 2012 serán muchos más.

La OCDE dice por primera vez, y sin empachos, que toda la eurozona está en recesión, y ante las difundidas versiones de la posibilidad de una vuelta a las antiguas monedas, sostiene en su informe de ayer que el abandono del euro convertiría la actual recesión en una depresión económica superior a la vivida en la crisis de 1929.

El cálculo menos pesimista es que la vuelta a la peseta implicaría una pérdida del 40 por ciento del valor de la moneda española, que –claro- sería cubierto por los pequeños ahorristas (corralito bancario mediante, al igual que aquella triste experiencia local) y los asalariados que aún tengan trabajo.

Para los técnicos de la OCDE, la media del “paro” español subirá al 23 por ciento de la población el año que viene, y el PBI se acercará al cero absoluto. Con Mariano Rajoy y el Partido Popular en el gobierno, además, el ajuste al gasto público será mayor que el contemplado hasta ahora, y el achicamiento del déficit para cumplir con la reciente reforma constitucional expulsará cientos de empleados públicos.

La combinación de estos factores llevará a un achicamiento del consumo; y remata el informe sosteniendo que también las exportaciones españolas sufrirán un frenazo.

Así que ya saben: otra vez se vienen los gallegos.



viernes, 30 de julio de 2010

Arizona, frontera (menos) caliente (30 07 10)

Arizona, frontera (menos) caliente
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por Nelson Gustavo Specchia
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Finalmente, la jueza Susan Bolton lo hizo. Apenas unas horas antes de que entrara en vigor la polémica ley SB1070, ya conocida por todos como Ley Arizona, emitió un fallo suspendiendo las medidas tachadas de racistas y xenófobas por una parte importante de la opinión pública, especialmente los miembros de la populosa colectividad latina. La policía no podrá utilizar la figura de “sospecha razonable” (o sea: color de piel y rasgos hispanos) para detener a una persona y encarcelarla si no tuviera la documentación en regla.
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El fallo federal constituye un serio revés para la derecha republicana, y un alivio para el presidente Barack Obama, que apeló la constitucionalidad de la Ley Arizona. En todo caso, un alivio momentáneo, porque la norma, aunque atenuada, entró en vigor este jueves 29 de julio, y con ella se habilita un complejo periplo legal: se apelarán las suspensiones de los artículos frenados, mientras que otros 21 estados norteamericanos planean seguir los pasos de Arizona con similares leyes anti-inmigración.
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El crítico interés internacional del tema encuentra su justificativo en el cruzamiento de posturas e intereses, que terminarán impactando en el modelo de convivencia social. Porque tanto la iniciativa de la gobernadora Brewer como el fallo de la jueza Bolton tendrán diversas consecuencias indirectas.
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En primer lugar, impactarán en la ampliación (o en el recorte) del espacio político que pretenden ocupar los sectores más reactivos del Partido Republicano, encabezados por el movimiento de los “Tea Party”, con el cual hasta las líneas más moderadas (incluyendo al propio senador por Arizona y ex candidato presidencial John McCain) están siendo empujadas a alinearse. También el resultado de este enfrentamiento enviará una señal a la sociedad civil, cuyas organizaciones han revelado una inédita capacidad de organización y movilización en los últimos meses.
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Luego, según cuál sea la dirección en que se resuelva el debate, se sentará jurisprudencia sobre las maneras de enfrentar la enorme carpeta de la inmigración en los Estados Unidos, tanto por los gobiernos estaduales como por Washington: Obama es consciente que una norma general sobre migración es imprescindible, pero en esta legislatura se ha quedado sin el suficiente espacio político para negociarla.
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Y –last but not the leaste- la discusión sobre cómo enfrentar el tema migratorio influirá en las elecciones legislativas de mediados de mandato, en las que el primer presidente negro de la historia norteamericana se jugará la integración de las cámaras legislativas con las cuales deberá gobernar los próximos dos años. Una integración parlamentaria que, por lo demás, condicionará las posibilidades de Obama para planear una eventual reelección.
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En fin, habiendo tantos intereses cruzados, el debate terminará reflejando las maneras en que los norteamericanos se acomodan para enfrentar una sociedad global con creciente movilidad.
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EL ESPEJO DE LA INMIGRACIÓN
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Estados Unidos es un país de aluvión. El fenómeno inmigratorio ha estado en el centro de la constitución de la sociedad norteamericana, y tanto la simbología como las políticas lo han reconocido permanentemente. La Estatua de la Libertad, obsequiada por Francia en 1886, se ubicó en la desembocadura del río Hudson, para que sea el símbolo de bienvenida: la libertad como recepción, el primer elemento que veían las oleadas de inmigrantes tras el trayecto marítimo desde el Viejo Mundo. Las políticas, por su parte, en todo momento incentivaron la integración de los “nuevos americanos”, reconociendo el rol central de esta fuerza de trabajo en el crecimiento y expansión del producto nacional. Esta situación se mantuvo, con pocos y leves cambios, hasta principios del siglo XXI.
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El atentado a las Torres Gemelas de Nueva York en 2001 marcó un punto de inflexión en un amplio abanico de escenarios, y la inmigración no escapó a ese brusco cambio de tendencias. La instalación del miedo al otro, alentada por las medidas histéricas del presidente George W. Bush, provocó un viraje histórico hacia un aumento en los controles de todo tipo y hacia un cierre social generalizado. Este cambio de ciclo también impactó, con sus notas características propias, en el Sur, donde la larguísima frontera con México ya venía poniendo en evidencia el fin de un esquema de cohabitación entre ambos países.
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El desmejoramiento de la sociedad mexicana (desocupación, falta general de oportunidades, aumento de la violencia y la criminalidad, y sostenidos índices de crecimiento demográfico, entre otras), aunado a la diferencia de renta entre las dos riberas del Río Bravo, empujaron una nueva ola de migrantes hacia el norte.
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Estos grupos de mexicanos –principalmente, pero también centroamericanos que llegan vía México- que pasan la frontera, tienden a asentarse en los territorios vecinos de California, Arizona, Nuevo México y Texas. Estados que (como la península de Florida, en el sureste) poseen una importante carga cultural hispánica. Por eso no ha sido casual que en estos estados hiciera eclosión el debate sobre la inmigración legal: como una manera de aumentar el control contra el crimen, según unos; como un discurso seguratista, xenófobo y expulsivo, según sus críticos.
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BREWER, PRECURSORA
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Arizona, que hoy se coloca en la hora cero de aplicación de la ley anti inmigratoria, marcó la punta. En su territorio se calcula que se han asentado unos 460.000 inmigrantes –casi todos ellos hispanos- sin los documentos de ingreso y permisos de trabajo en regla, de los 12 millones que estarían en esta situación en todo el país.
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En Phoenix, la gobernadora Jan Brewer asumió la voz cantante de los sectores más duros dentro de los republicanos, y promulgó en abril pasado la que se anuncia como primera de una larga serie de normativas, especialmente en los estados gobernados por los conservadores. La norma fijaba que la policía tendría la obligación (no sólo la posibilidad) de comprobar el estatus migratorio de cualquier persona que en apariencia pudiese ser objeto de sospechas de residencia indocumentada, a pleno arbitrio del agente policial. Asimismo, habilitaba a mantener en la cárcel a los sospechosos durante el tiempo que se requiriese para comprobar su documentación.
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El criterio tan laxo de la “sospecha razonable” abría la puerta para diferenciar a las personas por sus perfiles raciales. O lo que es lo mismo decir, alimentaba las tendencias racistas de la clase media norteamericana; tendencias de cuya buena salud tenemos lamentables ejemplos a diario.
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La promulgación de la Ley Arizona desencadenó una movilización de los colectivos latinos, el surgimiento de nuevas organizaciones no gubernamentales, la manifestación cotidiana de miles de personas en las afueras del capitolio en Phoenix, las declaraciones de adhesión de funcionarios y de políticos de origen hispano, originales protestas (como la de niños hijos de inmigrantes frente a la Casa Blanca), apelaciones judiciales, y también una marea humana de indocumentados que comenzó a salir de Arizona hacia otros estados fronterizos (se calcula que unos 200.000 se han movido hacia California y Texas, principalmente).
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Finalmente, esta efervescencia social obligó a la Administración Obama a tomar la iniciativa. El presidente había incluido el impulso a una ley inmigratoria nacional en su programa de campaña, pero las batallas contra la reforma sanitaria y algunos reveses electorales -como la pérdida del senador por Massachusetts- le insumieron la mayor parte de la legislatura. Optó por presentar una demanda de inconstitucionalidad en el juzgado de Susan Bolton, y acertó.
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Comienza ahora una batalla extensa y enredada en los tribunales (seguramente todos apelarán, Brewer, el gobierno, los hispanos), pero no será la arena legal sino la política donde se den las mayores escaramuzas. Obama necesita el voto latino, pero también es plenamente consciente del inmenso apoyo popular que tiene la Ley Arizona y lo que ella supone.
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Posiblemente el presidente se arriesgue y presente al Congreso, antes de las elecciones legislativas de mediado de mandato, un proyecto de ley migratoria a nivel nacional. Pero tiene poco tiempo y los números muy justos.
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Mientras comienza hoy mismo la campaña electoral, con la Ley Arizona y la suspensión de la jueza Bolton como acicates, la caliente frontera sur se toma un respiro. Apenas un respiro.
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nelson.specchia@gmail.com
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jueves, 27 de diciembre de 2007

Europa-África: La difícil vecindad



EUROPA – AFRICA:

LA DIFICIL VECINDAD


por Nelson Specchia


La Unión Europea, una de las más firmes avanzadas del mundo desarrollado, no logra acertar el rumbo en las relaciones con su inmenso vecino del sur, el continente africano, que sigue ocupando siempre el vagón de cola de cualquier medición sobre crecimiento económico, justicia, desarrollo, derechos humanos, salud, estabilidad política, o paz social.


A pesar del inmenso lastre que estos indicadores imponen a los países africanos, los temas principales de la agenda internacional, como el cambio climático, el crecimiento del terrorismo de base islámica, las reservas energéticas globales, o la sangría permanente de inmigración ilegal hacia el norte –temas todos que cruzan de alguna manera por el continente negro-, imponen la presencia de la región en las consideraciones estratégicas del “primer mundo”.


Europa, además de la cercanía geográfica que la convierte en destino privilegiado de las actuales masas de migrantes (10 millones de jóvenes africanos ya se han trasladado al viejo continente, utilizando a España e Italia como principales puertas de entrada), reconoce una deuda histórica con África: la actual atomización política y social africana tiene un precedente determinante en el colonialismo extractivo europeo de los siglos XVIII y XIX. Un proceso colonial que sucedió –a su vez- al rapto de inmensos contingentes de mano de obra esclava perpetrado por las mismas potencias europeas en los siglos anteriores.


Esta responsabilidad histórica y esta importancia estratégica creciente, hacen que la atención de las cancillerías europeas, y un capítulo entero de la política exterior de la Unión Europa como organización, centren su mirada en la costa sur del Mediterráneo. Procesos como la Conferencia Euromediterránea, que se lanzó por iniciativa de Felipe González en Barcelona en 1995, o la propuesta del presidente francés Nicolás Sarkozy del pasado mes de mayo, de creación de una Unión Mediterránea entre los países europeos y africanos ribereños de ambas costas, apuntan en ese sentido.


A principios de este mes de diciembre, la diplomacia de la Unión Europea convocó a una Cumbre en Lisboa. Portugal detenta la presidencia semestral de la organización continental, y el primer ministro luso, José Sócrates, recibió en la capital portuguesa a cerca de ochenta jefes de Estado y de gobierno, europeos y africanos, incluyendo al líder libio Muammar el Gaddafi, que no es ni jefe de Estado ni de gobierno, sino simplemente “Gran Hermano de la Revolución”.


Gaddafi, con sus movimientos estrafalarios (tres grandes aviones para movilizar a una comitiva de más de cien personas, y la necesidad de proveerle un espacio verde allá adonde vaya, para que instale su tienda de beduino –la “jaima”-, único lugar donde acepta residir, siguiendo la tradición de las tribus del desierto), ha dado el toque de color a la reunión. Pero más allá de su presencia y sus encendidos discursos anticolonialistas, (“Europa debe devolver los recursos robados a África… o bien invitar a los africanos a Europa”) la Cumbre entre los difíciles vecinos mediterráneos ha intentado colocar nuevamente en agenda los temas más acuciantes para los africanos; los que, a su vez, impactan directamente en las consideraciones de seguridad interna de la organización europea.


Por ello el lema convocante de la Cumbre ha sido “paz y seguridad”, y la UE ha expresado que la reunión –primera tras siete años de inactividad bilateral- intenta establecer nuevas modalidades en la relación entre ambas costas, en un plano de mayor horizontalidad, y donde los vestigios de aquella historia de colonialismo y sumisión sean definitivamente enterrados. Esta nueva relación dialogal entre vecinos, aseguran, redundará en beneficio mutuo, al colaborar con el desarrollo de los países africanos, y regularizar los masivos movimientos migratorios ilegales hacia el norte.


La realidad de la política internacional es siempre más compleja que las buenas intenciones expresadas en el plano discursivo. A principios del año próximo expiran los acuerdos comerciales de Cotonou –que regulan las transacciones de comercio exterior entre los países africanos y Europa-, y la UE espera firmar unos nuevos tratados con los vecinos del sur antes del 31 de diciembre de este año. Estas nuevas propuestas de acuerdos pretenden la reducción recíproca –con vistas a la supresión total- de aranceles y cuotas de importación de productos básicos y manufacturados, entre ambas partes.


Como vienen expresando diversas organizaciones vinculadas a la ayuda social en África, como la ONG de los jesuitas catalanes “Intermon”, una liberación comercial rápida entre dos socios de desarrollo tan diametralmente desigual, implicará pérdidas enormes para los productores africanos, especialmente en el sector de la agricultura, que sigue estando fuertemente subvencionada en Europa por vía de la PAC (Política Agraria Común).


Una desigualdad, además, incontrastable: la diferencia de renta entre ambas orillas del Mediterráneo es de 14 puntos, la más desigual del mundo; el ingreso per capita de los habitantes del África subsahariana es, en promedio, de 350 dólares al año, 50 veces inferior al de los europeos; 2 de cada 3 enfermos de SIDA del mundo son africanos; la media de esperanza de vida en todo el continente negro es de 46,3 años, para los europeos, de 90 años.


Y en este contexto tan inequitativo, la filosofía de liberalización comercial, en vez de constituir un factor de crecimiento, justicia e igualdad para las sociedades africanas, puede agudizar aún más su pobreza y marginación.


Europa debería analizar muy detenidamente las consecuencias a mediano y largo plazo de sus iniciativas para con el gran vecino del sur, y tener presente las lecciones históricas. No sólo es una cuestión estratégica de seguridad interna para la Unión Europea, sino de estricta justicia, e impactará en el rol que la organización continental pretende jugar en la política internacional global.