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viernes, 12 de julio de 2013

Snowden (10 07 13)

Carta de Miami - página 2 - Hoy Día Córdoba – miércoles 10 de julio de 2013 

Snowden
por Anita Rey





Hace algunos días, desde esta misma columna, comentábamos que las reacciones de Obama y Putin frente al “caso Snowden” traían a la memoria los tiempos más álgidos de la división bipolar del mundo (Ver “Humores de guerra fría”, HDC del 28/06/13).
Ahora ya puede afirmarse que el caso de espionaje develado por Edward Snowden, ex técnico de la CIA y de la NSA (el Servicio Secreto), trasciende las demostraciones de fuerza para constituirse en uno de los principales escándalos globales.
Todos los días se agregan datos a los revelados por Snowden, mientras se alarga la novela de intrigas en torno al joven desertor: la Unión Europea ha reaccionado en bloque al hecho de que su principal aliado en Occidente los haya espiado sistemáticamente; el gobierno alemán de Ángela Merkel –a través de sus principales ministros- ha mostrado su indignación; y en las últimas horas se filtraron pruebas del espionaje de la Casa Blanca a los gobiernos sudamericanos, en especial a las potencias regionales, Brasil y Argentina.
Y nada parece indicar que el grifo abierto por Snowden pueda a estas alturas cerrarse fácilmente. La primera conclusión es que el presidente Obama y sus asesores estratégicos cometieron un craso error en los primeros momentos de manejo de la crisis.
Quisieron quitar hierro a las revelaciones: Obama dijo que no mandaría “aviones cazas a buscar un hacker”, pero unas horas más tarde presionó sobre sus aliados europeos de Francia, España e Italia para que negaran espacio aéreo al avión oficial del presidente Evo Morales ante la sospecha de que el ex empleado de la CIA iba a bordo.
La decisión empujó a un aterrizaje de emergencia del avión presidencial boliviano, que fue humillado en la violación de su soberanía y en el desconocimiento del más elemental derecho diplomático de inmunidad, en Austria. Los países latinoamericanos, y hasta la misma ONU expresaron su repudio a la medida.
El haber iniciado el manejo de la crisis con tan mal pie, sigue produciendo efectos adversos. Ayer el legislador ruso Alexey Pushkov, presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Duma (el Parlamento ruso), afirmó en Twitter que el ex técnico de la CIA había aceptado una oferta de asilo de Venezuela, atendiendo a la invitación del presidente Nicolás Maduro. También Nicaragua, y Evo Morales –en repudio al incidente europeo-, hicieron otro tanto.
Y la novela policíaca sigue sin dilucidar dónde está el joven informático de 30 años fugitivo del mayor imperio del globo, aunque todo indica que no ha abandonado el área de tránsito del aeropuerto moscovita de Sheremetievo.

La Administración Obama, opino que vuelve a equivocarse ahora, al advertir que a Snowden no se le debe permitir viajar a ningún otro país que no sea Estados Unidos: está creando una nueva causa antiamericana y antimperialista. Dos problemas, en lugar de uno.


Twitter:  @nspecchia




martes, 18 de junio de 2013

Atrapado entre juegos de espías (10 06 13)

Carta de Miami - página 2 - Hoy Día Córdoba – lunes 10 de junio de 2013 


Atrapado entre juegos de espías

por Anita Rey







Barack Obama se ha visto empujado a defender una política que no se condice con sus programas ni con la moral que viene intentando imprimir a su segunda presidencia para recuperar el prestigio de los políticos: ha tenido que reconocer que el gobierno espía a millones de ciudadanos y a los mails de compañías como Microsoft, Facebook, Google o Apple. 

Y ha sido tan duro el golpe, que el líder estadounidense no tuvo alternativas que apelar a un recurso propio de la gestión de George W. Bush: la lucha contra el terrorismo. Debemos espiarlos, viene a decir el Presidente, porque los peligros globales de los nuevos enemigos nos obligan, y porque “no se puede tener el 100% de seguridad conservando el 100% de privacidad”. 

Una afirmación que no asombraría en el liberalismo ortodoxo del Tea Party, pero que supone un auténtico problema ideológico y comunicacional para el  oficialismo demócrata. 

Por esas sorpresas que depara la política internacional, la revelación del masivo espionaje a sus ciudadanos –después del escándalo del gobierno espiando a la agencia de noticias AP y a la cadena Fox- se destapó en coincidencia con la visita a los Estados Unidos del nuevo presidente chino, Xi Jinping. 

Washington nunca ha ahorrado críticas al régimen chino, por sus cercenamientos de libertades privadas y de información, especialmente en el acceso a Internet. 

Ahora, Obama tuvo que enfrentar con su rostro más diplomático al líder chino, con el que tenía que negociar precisamente el hecho de que China respete las patentes y la propiedad intelectual, y deje de fabricar masivamente productos obtenidos por vía de espionaje industrial de los países occidentales, mientras en América los titulares de todos los periódicos se ocupaban del espionaje doméstico. 

Unas horas después de que Obama despidiera a Xi y se fuera a jugar al golf para distenderse del acoso mediático, el diario inglés The Guardian reveló la identidad de la fuente que filtró, tanto al medio londinense como a The Washington Post, los programas de vigilancia masiva de las comunicaciones por parte de la Administración Obama: Edward Snowden, un joven informático de 29 años, ex asistente técnico de la CIA y actual asesor de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA). O sea, una “garganta profunda” (como en el escándalo de Watergate), pero que trabaja activamente en los círculos más delicados del sistema de inteligencia norteamericano. 

Snowden dice que facilitó la información porque no le parecían correctas las prácticas de la Administración y quería que los ciudadanos supieran cómo se atentaba contra su privacidad. 

Como con el soldado Manning y su filtración a WikiLeaks, seguramente pedirán un juicio contra Snowden. 

Pero las respuestas que Obama debe a la ciudadanía no se saldarán por vía judicial.






Twitter:   @nspecchia


viernes, 15 de febrero de 2013

Se viene la clase media (15 02 13)


PERISCOPIO - Hoy Día Córdoba - viernes 15 de febrero de 2013

Se viene la clase media

por Nelson Specchia













El presidente Barack Obama inauguró su segunda presidencia, esta semana, con el State of the Union (SOTU) en el Capitolio, el mensaje más relevante del inicio del año político norteamericano, tanto de cara a la ciudadanía en general como, muy especialmente, en clave interna, hacia la clase política.
Todos los SOTU son relevantes, sin duda, pero el de este año era especialmente esperado después de los cruces de la última campaña electoral entre el oficialismo demócrata y la aspiración republicana de volver a la Casa Blanca con Mitt Romney. Una vez lograda la victoria, Obama ahora tiene las manos libres: ya no habrá en su futuro más campañas, no habrá reelección ni -por ello- más compromisos electorales. Su agenda puede centrarse ya en lo que considere sustantivo para su gestión.

Y el martes a la noche, en el esperado SOTU de este año, Obama dijo que el centro de su segunda presidencia pasará por volver a jerarquizar la clase media, la que construyó el país y lo recuperó de las caídas al abismo a lo largo de sus dos siglos de vida independiente.

Con esas afirmaciones simples y rotundas que ya son una marca registrada, el Presidente dijo ante el selectísimo auditorio del SOTU que en el país más rico de la Tierra nadie que trabaje debería ser pobre. Y diciendo y haciendo, le pidió a las dos bancadas del Congreso que autorizaran una suba en el salario mínimo federal (una vara relativa para medir los ingresos de los asalariados), de los actuales 7,25 a 9 dólares la hora. Es apenas una "medida testigo", una señal, de la que se espera sea una estrategia social de esta presidencia.

Tendencias cruzadas

La declaración del presidente estadounidense está en relación a las líneas programáticas centrales con que llegó al poder, pero también obedece a una apuesta estratégica: la clase media puede ser la herramienta de reconstrucción del tejido social una vez que se supere la coyuntura crítica por la que atravesamos.

Y su intuición se apoya en algunas señales internacionales que apuntan a una recuperación global de los sectores socio-económicos que integran ese colectivo que, con todas sus diferencias y particularidades internas, se denomina "clase media". 

Un reciente estudio del observatorio económico Eagles, vinculado al español Banco de Bilbao Vizcaya-Argentaria, releva los principales indicadores de las economías emergentes y se topa con que, en casi todas ellas, el crecimiento de los sectores de ingresos medios -y las reestructuraciones industriales, financieras, comerciales y sociales que ellos motorizan- constituye una tendencia sostenida en los países emergentes.

Con la firma de Alicia García Herrero como investigadora principal, y Álvaro Ortiz Vidal-Abarca como jefe del estudio, los economistas españoles hablan de una "explosión de la clase media emergente".

Generando un indicador de referencia mediante el Producto Bruto Interno (PBI) per cápita ajustado por la "Paridad de Poder Adquisitivo" en dólares de 2010, los rangos de ingresos se definen de forma homogénea para todos los países del mundo, clasificando en pobres a los que perciben hasta 1.000 dólares por año; a la clase media-baja a los ubicados entre los 5.000 y los 15.000 dólares por año; y a los demás sectores medios a los que van desde este rango hasta los 40.000. A partir de allí se consideran ingresos de clase alta. 

Así medidos, los indicadores de las economías emergentes revelan que el crecimiento sostenido de los sectores medios (medio-bajo, medio-medio, y medio-alto) ha venido a continuación de los avances en el poder adquisitivo de la población desde el cambio de siglo. Un avance que, al mismo tiempo, genera desafíos, y entre los más importantes de éstos debe marcarse el aumento de la desigualdad a pesar de la reducción en los niveles de pobreza. En América latina, los ejemplos de Chile y de Perú son paradigmáticos: su PBI ha crecido, como el de toda la región, pero sus índices de Gini los mantienen como países altísimamente desiguales (en el caso de Chile, uno de los más desiguales de todo el mundo).

Pobres hubo siempre

Que la pobreza es una característica inherente a la humanidad es uno de los argumentos más remanidos del conservadurismo político y del neoconservadurismo económico. Sin embargo, la afirmación de Barack Obama en el SOTU, de que la eliminación de la pobreza en los Estados Unidos es posible, está en línea con los datos comparativos globales.

Los pobres, según se definieron en la clasificación anterior, suponían un 80 por ciento de la población de los países emergentes en las últimas dos décadas del siglo XX, los años ´80 y ´90. Pero este escenario se quiebra con el cambio de siglo: para 2010, unos 660 millones de personas habían salido de la pobreza y se habían sumado a la clase media (en un proceso de inclusión donde sobresalen, en América latina, las experiencias de Brasil y de Argentina).

Esta tendencia, además, se acelerará en la presente década: los pobres seguirán reduciendo su presencia en la distribución de la renta si se mantienen las políticas macroeconómicas actuales, y la salida de la crisis mundial meterá un pie en el acelerador de esa reducción: de ocupar un 60 por ciento de la torta en 2010, se achicarán a un 40 por ciento en 2020 al sumar la clase media otros 400 millones de personas; aunque, más allá de los porcentajes, el crecimiento demográfico mantenga elevado el total de personas en situación de pobreza.

La mayor aceleración, en todo caso, será evidente en Asia (la clase media aumentó en unos 900 millones en 2010): ya la vemos en China y en la próxima década la locomotora será la India. Pero América latina no se quedará atrás: sus clases medias aumentaron su proporción al 70 por ciento para 2010, y se espera que este cambio continúe sostenidamente, al menos por el próximo quinquenio.

Este auge de la clase media emergente implicará, asimismo, que el gasto discrecional aumente más que el consumo primario, específicamente, más que la porción del ingreso que se destina a la compra de alimentos. Transporte, ocio, productos personales y servicios financieros serán algunos de los más beneficiados.

Y en un círculo virtuoso, la extensión de la clase media fomentará el aumento de la inclusión social, ya sea porque habrá más facilidad para cubrir las necesidades básicas al aumentar la capacidad de ahorro, como porque se atemperará el ciclo de ingresos/ gastos al ser más gruesa la franja social con ingresos medios, lo que da garantías y tranquilidad en las familias, potenciando el acceso a la financiación y la compra de productos en cuotas.

Obama no lanza simples expresiones de deseos, sus políticas se apoyan en un correlato de las tendencias internacionales: se viene la clase media.



Twitter:  @nspecchia






jueves, 14 de febrero de 2013

El primer "speech" de la segunda época (14 02 13)

CARTA DE MIAMI – Hoy Día Córdoba – Internacionales -  jueves 14 de febrero de 2013


El primer "speech" de la segunda época

por Anita Rey


El presidente Barack Obama llegó en la tarde del martes al Capitolio, para el mensaje del Estado de la Unión, una suerte de cadena nacional con que los inquilinos de la Casa Blanca inician el año político. Dada la relevancia programática de estos mensajes, el Estado de la Unión se ha convertido en piedra angular de la capacidad del Poder Ejecutivo de trasmitir su programa a la ciudadanía.

También es un momento litúrgico de la democracia norteamericana: a las espaldas de Obama, junto al vicepresidente Joe Biden, se ubica el jefe de la oposición republicana, John Boehner, y junto a los diputados y senadores de ambos partidos se sientan los jueces de la Corte Suprema, los altos oficiales de las fuerzas armadas, y un representativo conjunto de personalidades.

Este Estado de la Unión era esperado con expectativa, por la clase política y por la prensa: ya alejado de las contiendas electorales y sin posibilidad de una nueva reelección, el Presidente tiene aquí la oportunidad de jugar sus cartas más arriesgadas.

Las prioridades del año que se inicia no defraudaron: se centró en el empleo; en la revalorización de la clase media; en el duro capítulo del control de las armas (el vicepresidente y varios congresistas tenían prendidos a sus solapas grandes lazos verdes, en recuerdo de la reciente matanza de Newtown); y en la mejora del derecho a voto. Fue interrumpido por aplausos en las ocasiones más emotivas, como cuando mencionó a la ex congresista Gabrielle Giffords, baleada en Arizona.

Por lo demás, este Estado de la Unión de su segunda presidencia fue relativamente previsible, con un acento progresista pero sin exagerar: Obama sabe cuánto necesitará el apoyo de los republicanos moderados de la Cámara. En ese plano de requerimiento a los votos de ambos partidos, el Presidente insertó los capítulos del cambio climático y la reforma de la inmigración.

En política exterior, mientras tanto, la referencia principal fue Afganistán: hemos derrotado a Al Qaeda, sostuvo Obama, y nuestros soldados -todos- volverán a casa (y otra ovación). En los temas de la nueva agenda externa, que le encargará a John Kerry luego del período de Hillary Clinton, el Presidente introdujo la "cyberseguridad" (y asociado a ella, la ratificación de que seguirá usando los "drones" para la aniquilación selectiva de enemigos en el extranjero).

Respecto de la atención prioritaria a la clase media, Barack Obama pidió al Congreso un aumento del salario mínimo federal a 9 dólares la hora (actualmente está en 7,25): "En la nación más rica de la Tierra, nadie que trabaje debería ser pobre", dijo.

Aunque el momento estelar del "speech" fueron las armas: "las víctimas merecen sus votos", repitió, mientras todos -republicanos y oficialistas- se unían en un aplauso cerrado. Newtown puede ser el punto de inflexión de la libre tenencia de armas en los Estados de la Unión.

lunes, 21 de enero de 2013

Obama, segunda parte (21 01 13)

Obama, segunda parte

por Anita Rey


El síndrome del "pato cojo" define en los Estados Unidos de América a los actos de los presidentes en los tiempos finales de su segundo mandato, cuando la imposibilidad de otra reelección los acercan al final de la carrera política.

Los primeros períodos, por su parte, tienen el freno de la expectativa reeleccionaria; entre ellos el inicio del segundo mandato puede ser el momento más prolífico y más audaz de los mandatarios.

Barack Hussein Obama, a dos meses de su reelección, juró ayer en privado -y hoy lo repetirá frente a una multitud en el Capitolio- su segunda presidencia. Como lo exige la fórmula de juramento, dijo "haré todo lo que esté en mi poder para preservar, proteger y defender la Constitución". Esa Constitución obliga a los presidentes a jurar al mediodía de los 20 de enero, por lo que Obama cumplió el ritual en una ceremonia privada, junto a su mujer, Michelle, y sus dos hijas.

Hoy, aunque no se espera un aluvión de personas comparable al que asistió a su jura pública hace cuatro años, unos 800.000 estadounidenses presenciarán este hito histórico: el segundo período presidencial de un ciudadano de color negro. Coincide, además, con la festividad del líder afroamericano Martin Luther King, y el presidente lo honrará al utilizar la biblia del asesinado dirigente del movimiento de los derechos civiles en el juramento.

Más allá de los símbolos y de las liturgias democráticas, Obama inicia este segundo tiempo cargado de desafíos y de deudas. Entre los primeros, utilizará el crédito del segundo mandato para fijar una agenda ambiciosa, en la que figura la ratificación del seguro de salud ("obamacare") y la nueva lucha contra el derecho irrestricto a la posesión de armas; en ambos frentes batallará contra la mayoría republicana en la Cámara de Representantes.

Tras la matanza de 20 niños en una escuela de Connecticut en diciembre, el presidente intentará reinstalar la prohibición de venta de armas de asalto (se venció en 2004), que se limite la entrega de balas a los proveedores y se exija una verificación de antecedentes como requisito de compra, entre otras medidas. Parece un comienzo suave para un tema social tan grave, pero debe tenerse en cuenta que la oposición -tanto en el Congreso como en la calle- será frontal.

Otro desafío grande será el debate sobre el déficit y el techo de la deuda, que amenazan permanentemente con desbarrancar la economía al "abismo fiscal": la oposición insiste en que no aprobará más aumentos en la capacidad de endeudamiento si Obama no acepta congelar los niveles de gasto. Guantánamo, el nuevo gabinete (que ya comentamos en estas Cartas de Miami), Irán, Israel, la reforma migratoria, el crecimientos islámico y la salida de Afganistán ofrecerán otros frentes de tormenta.

Pero atenderlos puede esperar unos días; este es el momento de la fiesta.




sábado, 12 de enero de 2013

Los hombres del Presidente (12 01 13)

La Voz del Interior – Opinión – sábado 12 de enero, 2013  



Los hombres del Presidente


por Nelson Gustavo Specchia

Politólogo. Profesor de Política Internacional (UCC y UTN Córdoba)
Twitter:  @nspecchia




En la película “12 hombres sin piedad” (12 Angry Men, 1957) de Sidney Lumet, el personaje de Henry Fonda va sumiendo en la duda a los otros once miembros de un jurado que tiene que resolver sobre un homicidio. Todos, al principio, estaban seguros de la culpabilidad. Pero los argumentos de Fonda –el jurado Nº 8- van sembrando el desconcierto hasta que las dudas llegan al mismo espectador.

Barack Obama iniciará el 21 de enero su segundo mandato al frente de la potencia hegemónica mundial y la elección del gabinete perfila la estrategia de los próximos cuatro años: intentará que las dudas no generen el menor desconcierto. Un equipo de tipos duros y seguros, para gerenciar la consolidación del rumbo y la salida de la crisis.

Pilotos de tormentas
El cuarto piloto es Jack Lew, que se hará cargo del Tesoro. El puesto, central en la arquitectura burocrática, tiene ahora un peso añadido: el primer día del año Estados Unidos estuvo a punto de caer en el “abismo fiscal”, que evitó por un pacto momentáneo con la bancada republicana (negociación en la cual, por cierto, fue central la participación de Lew).

Pero el déficit público seguirá siendo la principal espada de la oposición sobre el Ejecutivo; Obama no quiere correr más riesgos y ha designado a Jack Lew, su jefe de Gabinete hasta ahora, para que reemplace a Timothy Geithner en la cartera económica.

Geithner, amigo personal del Presidente, era el último sobreviviente del equipo demócrata original, pero el terremoto que siguió al colapso de Lehman Brothers y las agotadoras negociaciones por el gasto público en medio de un ajuste estructural terminaron por desgastarlo.

Junto con Geithner, la otra figura que sale del círculo más estrecho del poder es Hillary Rodham Clinton, también ella afectada por una agenda externa ambiciosa que los altibajos de la crisis empujaron a postergar, cuando no a abandonar.

Guantánamo sigue abierta y sin solución a la vista; la mano tendida al mundo árabe –aquella del célebre discurso de El Cairo- terminó diluyéndose en el derrocamiento de Khadafy y en la guerra civil siria. Las ocupaciones de Irak y Afganistán no terminan de resolverse; y el contencioso palestino se agrava con cada decisión, con el agregado de que el gobierno israelí ha terminado por darle la espalda a Obama sin mayores disimulos. 

A esta agenda de grandes temas pendientes, en el cuatrienio que ahora comienza la política exterior norteamericana tendrá que agregar los capítulos emergentes de la relación con China; las formas de estructurar el diálogo con Vladimir Putin, en este resurgir nacionalista de Rusia; y la atención creciente que demandarán los miembros menores del BRICS: India, Sudáfrica y Brasil.

Para eso, y por varios gestos que tuvo hacia ella en el último año, al Presidente quizás le hubiera gustado sentar a su embajadora en Naciones Unidas, Susan Rice, en el sillón que Hillary Clinton deja vacío en la Secretaría de Estado. Pero la lógica de un gabinete de hombres sin piedad ha terminado por imponerse, y allí irá John Kerry. Junto con John Brennan en la CIA y Chuck Hagen en Defensa, serán los otros tres pilotos de tormenta, el núcleo duro de los duros. 

Águilas y palomas

En el corazón del nuevo gabinete de Barack Obama, el debate entre el ala izquierda y el sector centrista de los demócratas ha terminado inclinándose hacia las posturas más conservadoras, conducidas por varones blancos, ex soldados, y ricos. Achicar los espacios de discusión e indefinición frente a las vías de salida de la crisis internacional, remarco, es el objetivo principal.

Chuck Hagel quizás sea quien mejor ilustra ese rumbo. Antes que nada, es republicano y veterano de guerra. Y nombrar en el estratégico sillón de Defensa a un miembro de la oposición no constituye sólo un guiño hacia el Capitolio. Hagel es un símbolo en sí mismo. Cuando la guerra de Vietnam –que sigue gravitando en el centro de la memoria colectiva estadounidense- Chuck y su hermano Tom se enrolaron como voluntarios, estuvieron juntos casi un año en el frente, fueron heridos, se salvaron mutuamente la vida, regresaron condecorados.

Hagel llegó al Senado por Nebraska. Allí conoció a Obama, senador por Illinois, con quien compartió su visión de la estrategia de defensa que debería llevar adelante la Casa Blanca. Obama tomó nota. Hagel también tiene una cátedra en Georgetown, la universidad de los jesuitas en Washington. En las clases, Chuck Hagel dice que hay que reducir el Pentágono; que el internacionalismo de Estados Unidos no tiene que estar atado necesariamente a los conflictos bélicos (esto es, que la guerra no debería ser sino el último recurso, por lo que habría que abandonar la doctrina de las “guerras preventivas"); que Irak fue un error garrafal; que las Naciones Unidas deben servir para algo más que para un mero decorado diplomático; y que el lobby judío de Washington no debe determinar la estrategia relativa a Irán y al Medio Oriente. Ahora el Presidente le da la oportunidad de poner en práctica sus clases teóricas.      

Por su personalidad, su biografía y su pertenencia a la oposición, si hay alguien que puede reencauzar el rumbo de la política exterior norteamericana en la línea que Barack Obama viene declarando, ese es Chuck Hagel. Habrá que ver si, por esas mismas razones, sus correligionarios republicanos aprueban su pliego en el Senado. 










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lunes, 31 de diciembre de 2012

Obama: La democracia es un lío (31 12 12)

CARTA DE MIAMI – Hoy Día Córdoba – Lunes 31 de diciembre de 2012


Obama: La democracia es un lío

por Anita Rey





El Capitolio estadounidense está alterado. Que Barack Obama haya decidido cancelar sus vacaciones de fin de año en Hawai y haya retornado de urgencia a Washington para tomar la negociación directa con el Legislativo, ha inyectado presión a la vida política.

Después de dos rondas de diálogos sin mayores resultados, los relojes avanzan y la primera hora del nuevo año se acerca.

Sin una salida consensuada entre los bloques parlamentarios, la economía estadounidense, la mayor del mundo, entrará en recesión automática el 1º de enero de 2013 por la confluencia de medidas de reducción de ingresos y aumento de gastos que comenzarían a operar, en simultáneo, con el nuevo año.

Después del fiasco en la Cámara de Representantes, el Senado debatía anoche, buscando "in extremis" un piso de mínimos entre las bancadas demócrata y republicana, que permita sortear el denominado "fiscal cliff" (abismo fiscal), como se designa a la confluencia de las medidas económicas que entrarían en vigencia en las próximas horas.

En la mañana del domingo, tras los encuentros con diputados de ambos partidos en que las posiciones se mantuvieron intransigentes, el presidente Obama volvió a advertir a la clase política sobre las consecuencias negativas que tendría una caída en un abismo fiscal en este momento, tanto para la economía doméstica como para la estabilidad internacional.

En el plano interno, el atolladero económico es difícilmente comprensible en una coyuntura que, en los grandes números, aparece como favorable, especialmente teniendo en cuenta los parámetros tan críticos del pasado reciente: Estados Unidos crece a un ritmo del 3,1 por ciento y ha logrado achicar la cifra de desempleo por debajo de la fatídica línea del 10 por ciento (se ubica ahora en el 7,7 por ciento).

Si no se arriba a un pacto entre ambos partidos, se recortarían automáticamente gastos en Defensa y dos tercios de los contribuyentes estadounidenses comenzarían a pagar un promedio de 3.446 dólares más de impuestos. La suba impositiva repercutirá en el consumo, con lo que el país podría entrar en recesión durante la primera mitad del año próximo.

En la sesión que comenzó anoche, el líder demócrata en el Senado, Harry Reid, y su par republicano, Mitch McConell, intentarán consensuar una ley que ponga freno a los impuestos para hogares con ingresos menores a 400.000 dólares anuales, que es una línea media entre el mínimo no imponible de 250.000 que quería el Gobierno y el millón que admiten algunos senadores de la oposición conservadora (otros, ni siquiera eso).

Preocupado, el presidente afirmó que "Los republicanos dicen querer reducir el déficit, pero actúan como si sólo quisieran proteger a los ricos". El líder republicano en la cámara de Representantes, John Boehner, le contesto que "lo que tiene que hacer es liderar, no repartir culpas". "La democracia es así, un lío", concluyó el presidente con rostro desesperanzado.





Twitter:  @nspecchia




Obama y el abismo (29 12 12)

La Voz del Interior – Opinión – sábado 29 de diciembre, 2012
  

Obama y el abismo
por Nelson Gustavo Specchia

Politólogo. Profesor de Política Internacional (UCC y UTN Córdoba), Twitter: @nspecchia








El presidente Barack Obama no ha disfrutado de esos primeros cien días que Nicolás Maquiavelo  consideraba el período dulce del Príncipe, en el que tiene las manos libres para introducir los cambios que va a necesitar luego. Ha tenido que interrumpir sus vacaciones de Navidad en Hawai para volver apresuradamente a Washington e intentar salvar, in extremis, la negociación parlamentaria que evite la caída de la primera economía mundial en recesión.

El poder del Logos

La politología norteamericana tiene la virtud de encontrar designaciones precisas para fenómenos complejos. Como este “fiscal cliff” (“abismo fiscal”) que designa de una manera compacta el brete en que se han metido.

El “abismo fiscal” que Obama intentará sortear en las próximas 48 horas es el resultado de un conjunto de decisiones que confluyen en el año nuevo. El 1 de enero comenzarán los recortes al gasto público aprobados por el Congreso, y en esa misma fecha expiran los recortes de impuestos establecidos por Bush (hijo) en 2001.

La confluencia de ambas medidas en el primer día de 2013 conduciría a una entrada automática en recesión, con la consecuente caída de la economía norteamericana y, por extensión, de un arrastre de los principales indicadores económicos mundiales detrás de ella.

Tipos duros

En el fondo de la cuestión hay dos elementos que pueden explicar este brete: la rigidez de las dos grandes filosofías políticas estadounidenses, y los límites sistémicos de la capacidad negociadora del Presidente.

El evangelio de los Demócratas es la defensa (y la expansión) del gasto social, mientras que para los Republicanos la disminución (y en la hipótesis de máxima, la misma extinción) de los impuestos es la palabra sagrada. Entre esta dicotomía de blanco y negro, el espacio de los grises –que sería la capacidad negociadora de la figura presidencial- es mínima, aunque ello constituya una paradoja en el principal sistema presidencialista del mundo.

Las últimas elecciones le dieron a Obama cuatro años más en la Casa Blanca, un lapso que debería posibilitar la concreción de su programa. Pero también sentaron en el Capitolio a dos bancadas muy simétricas entre oficialismo y oposición, por lo que no es esperable la constitución de mayorías automáticas, sino que cada medida de aquel programa deberá ser consensuada al detalle. Y los negociadores son tipos duros, que no sólo se juegan la posibilidad del poder en próximas administraciones, sino su propia continuidad en el escaño.

Sólo para millonarios

A la cancha la rayan el propio Obama y uno de los más duros entre los Republicanos, John Boehner, el jefe de la oposición y presidente de la Cámara de Representantes.

Barack Obama sostiene que el “abismo fiscal” se sorteará si los más ricos comienzan a pagar impuestos medianamente progresivos, y propuso colocar la valla desde un ingreso de 250 mil dólares al año. Cuando Boehner le hizo saber que ni siquiera considerarían esa “ridiculez”, el Presidente subió la apuesta del mínimo no imponible a la franja de 400 mil. Pero tampoco.

Con el precipicio a sólo unas horas, los Republicanos han abierto una pequeña rendija en su ortodoxia anti-impuestos, y admitirían la posibilidad de aumentar la presión fiscal sobre los más ricos, pero con porcentajes leves y sólo a partir del millón de dólares.

Para la Casa Blanca es casi una humorada cruel, porque condiciona el programa para los próximos cuatro años, al debilitar los ingresos sobre los que se asienta la estrategia de ampliación del gasto social.

Otras grietas

Pero, a pesar de la alarma mediática, el “abismo fiscal” comparte la urgencia con una agenda exterior no menos preocupante.

Oriente Medio vuelve a ser la piedra externa en el zapato del Presidente. El reconocimiento internacional de Palestina como Estado en la última Asamblea General de la ONU ha incentivado, como no lo hacía en años, al lobby conservador judío del AIPAC (American-Israeli Public Affairs Committee).

Las elecciones en Israel, de enero de 2013, volverán a poner a Irán –que también celebra elecciones en junio- en el centro de la agenda externa, junto al nunca abandonado proyecto israelí de ataque preventivo contra las instalaciones nucleares persas.

Y otro abismo insoslayable es el que se abre con la guerra civil en Siria. La OTAN instaló misiles en la frontera turca, pero en Washington ya se asume que Damasco no será Trípoli ni los Al Assad tan simples de reemplazar como Khaddafi.

El conflicto sirio experimenta una creciente participación de nuevos actores regionales, y cada vez se parece más a un ensayo de guerra entre los musulmanes sunnitas liderados por Arabia Saudita y los núcleos chiítas iraníes y del Hezbollah libanés. Un ensayo de guerra donde tienen roles cada vez más críticos las petromonarquías del Golfo Pérsico; la experiencia laica de islamismo moderado de Turquía; y la deriva confesional de los Hermanos Musulmanes desde el gobierno de Egipto.

Una puja por el dominio regional que obligará a Barack Obama a involucrarse personalmente y a su Administración, y para lo cual requerirá la anuencia de la oposición republicana.

Frente a ello, y por aquellos límites que el propio sistema político le impone, es probable que Obama acepte el amargo ofrecimiento de los Republicanos. La alternativa, en todo caso, es peor. Las grietas de los abismos pueden tragarse más cosas que la sola política fiscal.





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La rubia Albión se corta sola (28 12 12)

HOY DÍA CÓRDOBA – Periscopio – viernes 28 de diciembre de 2012


PERISCOPIO

La rubia Albión se corta sola

por Nelson Gustavo Specchia






La crisis económica que se ha instalado ya estructuralmente en el primer mundo tiene formas diversas de manifestarse en los dos principales socios de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (la tan defaultiada OTAN de nuestros días), los Estados Unidos de América y la Unión Europea. Los socios estratégicos de lo que hasta hace relativamente poco tiempo se denominaba “primer mundo” tienen, al interior de sus territorios, urgencias diferentes productos del mismo conjunto de causas, lo que los lleva también a imaginar estrategias diversas para enfrentarlo. El presidente norteamericano, por caso, ha decidido interrumpir sus vacaciones en Hawai para volver a Washington e intentar, in extremis, frenar la caída en el “abismo fiscal”, con la economía estadounidense estancada entre la crisis mundial y la puja parlamentaria entre demócratas y republicanos en el Capitolio.

En la “vieja Europa” (Donald Rumsfeld dixit), por su parte, la hegemonía de los partidos conservadores que gobierna la mayoría de los Estados miembros se ha alineado, contra viento y marea, al “diktat” de la Canciller alemana Ángela Merkel, con su insistencia de ajuste, achicamiento de subsidios y ahorro a rajatabla. Ni los políticos que generaron un hálito de esperanza en la confrontación con Merkel –como el nuevo presidente socialista francés, François Hollande- ni los líderes de gobiernos que declararon que probarían vías alternativas –como el recientemente renunciado jefe del “gobierno técnico” italiano, el profesor Mario Monti- pudieron salirse del librero escrito en Berlín. Antes bien, como es cierta la posibilidad de que los sectores bancarios, o el conjunto entero de alguna economía nacional, deban acudir, más temprano o más tarde, al “rescate” del Banco Central Europeo (BCE, también bajo el “diktat” merkeliano), los países menores se esfuerzan por ser los mejores alumnos. Por ejemplo, en esa aplicación aduladora con la estrategia de Ángela Merkel, la Comunidad de Madrid acaba de privatizar, de un solo golpe, toda la sanidad pública.

CAMERON, EL SOLITARIO

En este panorama de uniformidad estratégica, el premier británico David Cameron aparece como la mosca en la leche; más que un disidente, un “outsider” que ante la posibilidad de quedar encadenado a la debacle continental, o ante el mayor riesgo de apostar por una profundización del proceso de integración (la salida que piden los intelectuales y los pocos voceros de la centroizquierda que aún se animan a opinar en los medios), Cameron ha encontrado una alternativa muy a la británica: sacar los pies del plato.

El antieuropeísmo inglés no es nada nuevo. En realidad, viene desde los orígenes de la propia asociación política, en la segunda posguerra: ya es una anécdota recurrida los dardos que se cruzaban, durante los primeros tiempos, Churchill y De Gaulle. El premier Winston Churchill, que después de haber abogado por el nacimiento de unos “Estrados Unidos de Europa”, encontró en el paraguas de la asociación prioritaria con los Estados Unidos de verdad, los de América del Norte, la protección militar que imaginaba para las Islas Británicas, y se olvidó del resto de Europa. Su colega al otro lado del Canal de la Mancha, el general Charles De Gaulle, decía que había que armar una Europa unida y sólida dejando a los ingleses afuera. Y tenían que permanecer afuera, sostenía el caudillo francés, porque si se los dejaba entrar a la organización continental serían “el caballo de Troya” de los norteamericanos. Así, desde los años fundacionales.

El desarrollo posterior tampoco ayudó a que el entendimiento entre “el continente” y “las islas” se mejorara cualitativamente, en especial en los años de la Dama de Hierro, cuando Margaret Thatcher hacía pender su voto para la aprobación de los presupuestos europeos a condición de que Londres siguiera recibiendo el “cheque británico”. Las posturas de David Cameron en las últimas Cumbres Europeas, negándose a aprobar los presupuestos de la Unión hasta no tener seguridades de que la City londinense no sería tocada en absoluto, ni con un pequeño impuesto a las transacciones financieras internacionales, siguen de cerca las enunciaciones thatcheristas.

EL DULCE EXTERIOR   

Ahora, en una vuelta de tuerca, la crisis de la moneda común –el euro- y la estrategia merkeliana le ofrecen al conservadurismo británico una justificación ideal para volver a plantear la idea de sacar al Reino Unido de la asociación de 27 Estados de la Unión Europea. Cameron, aspirando los dulces perfumes del exterior, encamina a su gobierno a la realización de un referéndum, para que el pueblo británico decida con su voto la permanencia o la salida de la organización. 

En el fondo, el debate también sigue respondiendo a antinomias antiguas. Los ingleses siempre coincidieron en que la Unión Europea debería limitarse a ser un gran mercado común, con las fronteras exteriores coincidiendo con los bordes de los países periféricos. En cambio, en Francia (y, en algunos períodos, también en Alemania, en Italia y en los países nórdicos) creció con el siglo un sentimiento y una ideología federalista, que llegó a su punto culmine con el proyecto de establecimiento de una Constitución Europea (descartado tras las votaciones de rechazo en los plebiscitos holandés y francés, precisamente).   

Ahora, David Cameron dice desde el banco verde de la Cámara de los Comunes que “todas las opciones sobre el futuro de Gran Bretaña son imaginables, y no tenemos miedo de alzarnos y decir que no estamos contentos con ciertos aspectos de la relación” con Europa. Con esas declaraciones, el premier se sube a la discusión pública de la posibilidad de una salida de la Unión Europea (que los diarios ingleses denominan “brixit”, una combinación de “Britain” y “exit”, salida), al tiempo que intenta arrebatarle la bandera de la separación de la organizacion continental a la derecha nacionalista inglesa, que viene bregando por tomar ese camino desde hace años.

El coqueteo con la salida, que los conservadores “tories” han usado en el pasado para lograr mejorar las condiciones locales en la negociación con el resto de los socios europeos, parece tener ahora otro cariz: ya no es una posibilidad teórica, sino una alternativa concreta. Y cercana. Ya ni siquiera la discusión pasa por si hay que seguir adelante con la idea del referéndum o no, sino simplemente de cuándo habría que convocarlo. Cameron juega también allí una carta populista, la gente quiere votar, y votar en contra de Europa.

La idea del referéndum va calando, inclusive entre el sector de los europeístas británicos (también aquí, especialmente focalizado en los escritores, los intelectuales y los pensadores de la centroizquierda laborista). Un politólogo e historiador tan influyente como Timothy Garton Ash ha escrito que la consulta debería realizarse entre 2015 y 2020, durante el mandato del próximo Parlamento británico, y –contra la opinión generalizada- dice que la consulta la ganarán los ingleses que creen que su país debe permanecer dentro de la organización que ha garantizado, por más de medio siglo, la paz y la seguridad en el Viejo Continente. Cuando el votante, dice Garton Ash, reflexione si quiere que su país sea como Noruega –y sin petróleo- o Suiza, decidirán que la salida no es la mejor opción para Gran Bretaña.

Parecería ser, a tenor de lo que se discute en los medios de prensa y en los institutos de investigación en ciencia política, una reflexión demasiado optimista: las mediciones de las últimas semanas muestran que cerca del 70 por ciento de los británicos quiere que se realice el referéndum, y un 50 por ciento de ellos votaría por que Reino Unido abandone la Unión Europea.





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viernes, 30 de julio de 2010

Arizona, frontera (menos) caliente (30 07 10)

Arizona, frontera (menos) caliente
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por Nelson Gustavo Specchia
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Finalmente, la jueza Susan Bolton lo hizo. Apenas unas horas antes de que entrara en vigor la polémica ley SB1070, ya conocida por todos como Ley Arizona, emitió un fallo suspendiendo las medidas tachadas de racistas y xenófobas por una parte importante de la opinión pública, especialmente los miembros de la populosa colectividad latina. La policía no podrá utilizar la figura de “sospecha razonable” (o sea: color de piel y rasgos hispanos) para detener a una persona y encarcelarla si no tuviera la documentación en regla.
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El fallo federal constituye un serio revés para la derecha republicana, y un alivio para el presidente Barack Obama, que apeló la constitucionalidad de la Ley Arizona. En todo caso, un alivio momentáneo, porque la norma, aunque atenuada, entró en vigor este jueves 29 de julio, y con ella se habilita un complejo periplo legal: se apelarán las suspensiones de los artículos frenados, mientras que otros 21 estados norteamericanos planean seguir los pasos de Arizona con similares leyes anti-inmigración.
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El crítico interés internacional del tema encuentra su justificativo en el cruzamiento de posturas e intereses, que terminarán impactando en el modelo de convivencia social. Porque tanto la iniciativa de la gobernadora Brewer como el fallo de la jueza Bolton tendrán diversas consecuencias indirectas.
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En primer lugar, impactarán en la ampliación (o en el recorte) del espacio político que pretenden ocupar los sectores más reactivos del Partido Republicano, encabezados por el movimiento de los “Tea Party”, con el cual hasta las líneas más moderadas (incluyendo al propio senador por Arizona y ex candidato presidencial John McCain) están siendo empujadas a alinearse. También el resultado de este enfrentamiento enviará una señal a la sociedad civil, cuyas organizaciones han revelado una inédita capacidad de organización y movilización en los últimos meses.
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Luego, según cuál sea la dirección en que se resuelva el debate, se sentará jurisprudencia sobre las maneras de enfrentar la enorme carpeta de la inmigración en los Estados Unidos, tanto por los gobiernos estaduales como por Washington: Obama es consciente que una norma general sobre migración es imprescindible, pero en esta legislatura se ha quedado sin el suficiente espacio político para negociarla.
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Y –last but not the leaste- la discusión sobre cómo enfrentar el tema migratorio influirá en las elecciones legislativas de mediados de mandato, en las que el primer presidente negro de la historia norteamericana se jugará la integración de las cámaras legislativas con las cuales deberá gobernar los próximos dos años. Una integración parlamentaria que, por lo demás, condicionará las posibilidades de Obama para planear una eventual reelección.
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En fin, habiendo tantos intereses cruzados, el debate terminará reflejando las maneras en que los norteamericanos se acomodan para enfrentar una sociedad global con creciente movilidad.
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EL ESPEJO DE LA INMIGRACIÓN
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Estados Unidos es un país de aluvión. El fenómeno inmigratorio ha estado en el centro de la constitución de la sociedad norteamericana, y tanto la simbología como las políticas lo han reconocido permanentemente. La Estatua de la Libertad, obsequiada por Francia en 1886, se ubicó en la desembocadura del río Hudson, para que sea el símbolo de bienvenida: la libertad como recepción, el primer elemento que veían las oleadas de inmigrantes tras el trayecto marítimo desde el Viejo Mundo. Las políticas, por su parte, en todo momento incentivaron la integración de los “nuevos americanos”, reconociendo el rol central de esta fuerza de trabajo en el crecimiento y expansión del producto nacional. Esta situación se mantuvo, con pocos y leves cambios, hasta principios del siglo XXI.
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El atentado a las Torres Gemelas de Nueva York en 2001 marcó un punto de inflexión en un amplio abanico de escenarios, y la inmigración no escapó a ese brusco cambio de tendencias. La instalación del miedo al otro, alentada por las medidas histéricas del presidente George W. Bush, provocó un viraje histórico hacia un aumento en los controles de todo tipo y hacia un cierre social generalizado. Este cambio de ciclo también impactó, con sus notas características propias, en el Sur, donde la larguísima frontera con México ya venía poniendo en evidencia el fin de un esquema de cohabitación entre ambos países.
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El desmejoramiento de la sociedad mexicana (desocupación, falta general de oportunidades, aumento de la violencia y la criminalidad, y sostenidos índices de crecimiento demográfico, entre otras), aunado a la diferencia de renta entre las dos riberas del Río Bravo, empujaron una nueva ola de migrantes hacia el norte.
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Estos grupos de mexicanos –principalmente, pero también centroamericanos que llegan vía México- que pasan la frontera, tienden a asentarse en los territorios vecinos de California, Arizona, Nuevo México y Texas. Estados que (como la península de Florida, en el sureste) poseen una importante carga cultural hispánica. Por eso no ha sido casual que en estos estados hiciera eclosión el debate sobre la inmigración legal: como una manera de aumentar el control contra el crimen, según unos; como un discurso seguratista, xenófobo y expulsivo, según sus críticos.
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BREWER, PRECURSORA
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Arizona, que hoy se coloca en la hora cero de aplicación de la ley anti inmigratoria, marcó la punta. En su territorio se calcula que se han asentado unos 460.000 inmigrantes –casi todos ellos hispanos- sin los documentos de ingreso y permisos de trabajo en regla, de los 12 millones que estarían en esta situación en todo el país.
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En Phoenix, la gobernadora Jan Brewer asumió la voz cantante de los sectores más duros dentro de los republicanos, y promulgó en abril pasado la que se anuncia como primera de una larga serie de normativas, especialmente en los estados gobernados por los conservadores. La norma fijaba que la policía tendría la obligación (no sólo la posibilidad) de comprobar el estatus migratorio de cualquier persona que en apariencia pudiese ser objeto de sospechas de residencia indocumentada, a pleno arbitrio del agente policial. Asimismo, habilitaba a mantener en la cárcel a los sospechosos durante el tiempo que se requiriese para comprobar su documentación.
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El criterio tan laxo de la “sospecha razonable” abría la puerta para diferenciar a las personas por sus perfiles raciales. O lo que es lo mismo decir, alimentaba las tendencias racistas de la clase media norteamericana; tendencias de cuya buena salud tenemos lamentables ejemplos a diario.
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La promulgación de la Ley Arizona desencadenó una movilización de los colectivos latinos, el surgimiento de nuevas organizaciones no gubernamentales, la manifestación cotidiana de miles de personas en las afueras del capitolio en Phoenix, las declaraciones de adhesión de funcionarios y de políticos de origen hispano, originales protestas (como la de niños hijos de inmigrantes frente a la Casa Blanca), apelaciones judiciales, y también una marea humana de indocumentados que comenzó a salir de Arizona hacia otros estados fronterizos (se calcula que unos 200.000 se han movido hacia California y Texas, principalmente).
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Finalmente, esta efervescencia social obligó a la Administración Obama a tomar la iniciativa. El presidente había incluido el impulso a una ley inmigratoria nacional en su programa de campaña, pero las batallas contra la reforma sanitaria y algunos reveses electorales -como la pérdida del senador por Massachusetts- le insumieron la mayor parte de la legislatura. Optó por presentar una demanda de inconstitucionalidad en el juzgado de Susan Bolton, y acertó.
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Comienza ahora una batalla extensa y enredada en los tribunales (seguramente todos apelarán, Brewer, el gobierno, los hispanos), pero no será la arena legal sino la política donde se den las mayores escaramuzas. Obama necesita el voto latino, pero también es plenamente consciente del inmenso apoyo popular que tiene la Ley Arizona y lo que ella supone.
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Posiblemente el presidente se arriesgue y presente al Congreso, antes de las elecciones legislativas de mediado de mandato, un proyecto de ley migratoria a nivel nacional. Pero tiene poco tiempo y los números muy justos.
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Mientras comienza hoy mismo la campaña electoral, con la Ley Arizona y la suspensión de la jueza Bolton como acicates, la caliente frontera sur se toma un respiro. Apenas un respiro.
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nelson.specchia@gmail.com
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jueves, 4 de junio de 2009

Cuba a las puertas de la OEA

Cuba a las puertas de la OEA

Por Nelson Gustavo Specchia

Ojo con Fidel - Nelson G. Specchia


Una noticia extraña para toda América latina. Después de casi medio siglo apartada del sistema multilateral americano, Cuba ha vuelto a quedar a las puertas de la OEA. La noticia se celebró en muchas Cancillerías, y los ecos en los analistas del continente han sido muy dispares, desde los aplausos a las lamentaciones. Y –en no pocos casos- ha reaparecido la pregunta sobre la conveniencia de mantener funcionando a esta Organización de los Estados Americanos, ya un tanto desfasada con los tiempos y los nuevos climas políticos en la región.

El debate se calienta, además, con el rechazo del régimen cubano a esta mano tendida, que se vive como un triunfo de las diplomacias latinoamericanas frente al Departamento de Estado norteamericano, con la afirmación de Fidel Castro de que Cuba no piensa volver al organismo multilateral.

En San Pedro Sula, en Honduras, los ministros de relaciones exteriores de toda América se han reunido en la XXXIX Asamblea General de la OEA, y por consenso han acordado derogar la suspensión a Cuba, aprobada en 1962, lo que abre la puerta a un posible reingreso de la isla a la organización.

Hace días que en los diferentes ambientes de análisis de política internacional se viene aireando el tema, luego de que el presidente Barack Obama realizara el primer “guiño” hacia el régimen de la isla, antes de subir al avión que lo llevaría a la Cumbre de Trinidad y Tobago, el mes pasado.

El texto de San Pedro Sula es una auténtica prueba de habilidad diplomática, logra sortear los escollos planteados por la posición norteamericana, que intentaba imponer condiciones para la readmisión de Cuba en la organización, básicamente la “carta democrática”; postura a la que se oponía un núcleo duro de países, encabezados por Venezuela, Bolivia, Nicaragua, y Ecuador. El documento sale de este brete, y adopta una vía indirecta, ya que establece que la resolución VI, adoptada en 1962 en la reunión de ministros de relaciones exteriores de Punta del Este, mediante la cual se excluyó a Cuba, “queda sin efecto”. Pero, a renglón seguido, y sin duda por la presión norteamericana, agrega que si el gobierno de Cuba solicita la readmisión a la organización, ésta se dará “de conformidad con las prácticas, los propósitos y los principios de la OEA”.

O sea: sí pero no. Porque si Cuba solicitase el reingreso, los Estados Unidos podrían invocar la “carta democrática” para impedírselo –o para presionar al gobierno revolucionario-, ya que ésta hace parte de las “prácticas, propósitos y principios” de la organización.

La “carta democrática” no estuvo en los orígenes de la OEA, ni podría haberlo estado por aquellos años (la organización nació en Bogotá el 30 de abril de 1948, sobre las cenizas de la vieja Unión Panamericana, que venía de la primera Conferencia Interamericana, de 1890). La “carta” es de 2001, cuando los regímenes democráticos posteriores a las décadas de dictaduras en la región ya estaban consolidados, fue promovida por los Estados Unidos, y su objetivo es establecer parámetros para el ingreso y permanencia de los miembros en la organización, básicamente las reglas del juego representativo y democrático, de partidos políticos, libertades y garantías.

Cuba, claro está, no entraría en esta categorización. Fidel lo sabe, y curándose en salud, rápidamente, desde su columna en el Granma escribió que Cuba no tiene ningún interés por pertenecer a la OEA, que para él ha sido, desde su creación, “cómplice de todos los crímenes” contra la autodeterminación de los pueblos de América latina, y el “caballo de Troya que permitió la entrada en la región del neoliberalismo, el narcotráfico, las bases militares y las crisis económicas.”

En definitiva, lo que Fidel dice es que la OEA, ésta OEA, no tiene razón de ser. Y no es el único que lo piensa.

La OEA es una creación norteamericana, y el gobierno de los Estados Unidos aporta casi un ochenta por ciento de su presupuesto de funcionamiento; tiene su sede en Washington, cerca de la Casa Blanca; sus propósitos de fortalecer la democracia y asegurar la paz y la seguridad en el continente se vieron burlados una y otra vez por las propias administraciones norteamericanas, con la CIA apoyando los golpes de Estado en América latina, y las invasiones de los marines a la propia Cuba, a Santo Domingo, a Panamá, o a Granada, a lo largo del siglo XX. A nivel de defensa continental estableció el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), pero ni amagó con aplicarlo cuando el ejército británico recuperó las Islas Malvinas por la fuerza. Y en cuanto a la promoción de los Derechos Humanos, otro de los vértices de su existencia, los Estados Unidos no han suscripto el Pacto de San José de Costa Rica, de 1979, por lo que no reconocen la jurisdicción de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Entonces, con estos antecedentes y en este marco, ¿para qué necesitamos a la OEA?

Fidel lo ve claro, por eso termina su columna citando al presidente Rafael Correa. Lo que necesitamos, dice el ecuatoriano, es una OEA sin los Estados Unidos, fuera de Washington, y, por supuesto, con Cuba.

Estos serán los términos del debate que, a nivel del sistema interamericano, se avecina.

lunes, 27 de abril de 2009

Un nuevo tiempo para las Américas

Un nuevo tiempo para las Américas

En Trinidad y Tobago se ha abierto la posibilidad de establecer una nueva manera de relacionarse con los Estados Unidos, más abierta y realista, plural y adulta.

Poe Nelson Gustavo Specchia


chavez-le-regala-a-obama
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Barack Obama, asumiendo su rol de líder mundial, se ha lanzado a una agitada agenda internacional. El primer paso, obligado, fue Europa: en una semana estuvo –casi– en todos lados: en el G-20, en el Consejo de la Unión Europea, en el aniversario de la Otan, en la frontera franco-alemana y hasta en Estambul, donde el presidente español José Luis Rodríguez Zapatero y el premier turco Recep Erdogán impulsan la Alianza de las Civilizaciones, para acercar el mundo árabe y musulmán a occidente.

Y ahora le tocó a América. En Puerto España, la pequeña ciudad capital de Trinidad y Tobago, en las Antillas menores del Caribe, los jefes de Estado del continente tuvieron su primer vis-a-vis con el líder demócrata, y se sacaron la primera foto de familia, con la carismática sonrisa del presidente norteamericano en la segunda fila.

Obama, sabiendo que la “cuestión cubana” le iba a agriar este primer encuentro, llegó con un gesto de condescendencia: esa misma semana firmó la flexibilización de condiciones de viaje desde y hacia Cuba, y de las remesas en dólares a la isla. Hasta Fidel Castro, desde su columna ético-ideológica en el diario Granma, ha tenido que hacer un guiño de satisfacción, aunque agregando a renglón seguido que sin el fin del bloqueo, lo demás es puro humo. Pero hasta Fidel sabe que el camino iniciado aquí conduce, precisamente, al fin del bloqueo.

El punto más sustantivo de la Cumbre consistió en presentar una propuesta de nuevo pacto de asociación hemisférica. Barack Obama necesita dar un gesto fuerte también en América, aunque ésta no constituya una prioridad estratégica para los Estados Unidos. Y busca una nueva actitud en las relaciones diplomáticas, para dejar claro que el unilateralismo de George W. Bush ya es historia pasada.

La Cumbre ha sido el primer encuentro de los 34 jefes de gobierno de América latina, el Caribe, Canadá y Estados Unidos, desde la polémica reunión que tuvo lugar en 2005 en Mar del Plata, donde Bush sufrió el acoso verbal de sus colegas, bajo la mirada inocente de su anfitrión, el entonces presidente Néstor Kirchner.

Obama quiere repuntar esa sensación, volver a darles un espacio destacado a las cumbres, que se han desarrollado bastante irregularmente desde que Bill Clinton convocara a la primera, en Miami. Ha nombrado a un experto, el embajador Jeffrey Davidow, para administrar la diplomacia relacionada con las cumbres en la región. Davidow es un académico (viene de presidir el Instituto de las Américas, de la Universidad de California, en San Diego), y es un diplomático jubilado con amplia experiencia en la región.

Junto a Cuba, la crisis económica mundial ha sido la estrella de la agenda. Los líderes latinoamericanos quieren que el presidente de los Estados Unidos use su influencia para ampliar los recursos y la flexibilidad de las entidades financieras multilaterales (el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial); y Obama tendrá que compaginar estas peticiones con la estrategia impulsada desde Londres por el G-20.

Los otros puntos álgidos han sido las posiciones en torno a las mafias de la droga –que están dando una guerra cada vez más abierta en la región–, la inmigración y el comercio internacional. Este último porque, más allá del peso estratégico, los países de América latina compran 20 por ciento de todas las exportaciones de Estados Unidos y representan otro 20 por ciento en sus importaciones. Las ventas norteamericanas al sur del Río Bravo son cuatro veces superiores que las dirigidas a China. Y Estados Unidos obtiene actualmente 25 por ciento de su energía de proveedores latinoamericanos y caribeños.

Y con 34 países y 600 millones de personas, América latina representa un sector dinámico y en crecimiento, con recursos naturales únicos. Un mercado para nada despreciable. Pero, para ese mercado, Obama no puede seguir ofreciendo la alternativa del Área de Libre Comercio de las Américas (Alca). Aquí hay que dibujar una nueva estrategia. En la Cumbre estuvo en las palabras de casi todos los líderes, y Obama acusó el mensaje.

A nivel de relacionamiento global, y a pesar de que la crisis ha ofrecido un nuevo escenario para el diálogo multilateral, en lo político seguirá siendo difícil el trato con Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua (además de Cuba). Pero la actitud de Obama en esta reunión ha sido abierta, y tengo la seguridad de que en el corto plazo habrá novedades importantes. La actitud, por lo pronto, ya ha cambiado: ha sido cordial, gentil y distendida. La antítesis del clima de Mar del Plata, hace cuatro años.

Por ello, en la Cumbre, creo que ha imperado el realismo. Pudo ser simplemente una tribuna para criticarse unos a otros, o casi todos a los Estados Unidos, mirando hacia los electorados internos y hacia las cámaras. Hubo “show”, claro, con regalo de libros incluido, pero la oportunidad era demasiado grande para dejarla pasar. Perder oportunidades como ésta puede no tener perdón de la historia. Y el “show” no agotó la reunión.

Ya no hay lugar para recetas estatales y aisladas; de la crisis se saldrá con estrategias elaboradas en conjunto. Tengo la impresión de que en Trinidad y Tobago se ha abierto la posibilidad de establecer una nueva manera de relacionarse con los Estados Unidos, más abierta y realista, plural y adulta. Ojalá. Es, precisamente, la que requiere este tiempo.