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miércoles, 2 de enero de 2013

Los socialistas se desperezan (02 01 13)

Columna En foco - El Mundo - página 2 - Hoy Día Córdoba – miércoles 2 de enero de 2013 

Los socialistas se desperezan


por Pedro I. de Quesada




Fue tan grande la última paliza electoral que recibió el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) que entró en una campana de silencio, como aquella del Superagente 86, durante un año entero.

José Luís Rodríguez Zapatero viró, con la crisis, hacia un neoliberalismo que confundió a propios y extraños. Y los votantes españoles prefirieron el original a la copia: si había que aplicar recetas liberales, entonces mejor el Partido Popular (PP) que los fallidos ensayos del PSOE.

Mariano Rajoy cambió el color del mapa político de la península hacia el azul de los Populares, con una sola excepción de importancia: Andalucía. La más extensa y más populosa (y una de las más pobres) de las comunidades autónomas siguió, a pesar de todo, fiel al socialismo.

Por eso también el jefe de los socialistas andaluces, José Antonio Griñán, se hizo con la presidencia del PSOE. Sin embargo, el derrotado candidato Alfredo Pérez Rubalcaba hizo fintas de cintura y logró quedarse en la primera línea a pesar de la humillante derrota propinada por Rajoy y los suyos.

Rubalcaba se metió en la campana de silencio y ahí se quedó, quietito. Parecía que el sueño socialista se alargaría sine die, pero han despertado en las últimas horas de 2012.

Tres elementos están en esta sacudida de la modorra: Rajoy terminó su primer año de gobierno, quizá el más chato de las últimas décadas.

No se le mueve un pelo de la barba, mientras a su alrededor los españoles se suicidan cuando los van a desalojar; emigran en masa hacia otros países de Europa y –nuevamente- hacia América; los científicos y los gestores culturales ven cómo se desmantela el trabajo de cuarenta años; la salud se privatiza y las escuelas no tienen ni calefacción ni luz (la Iglesia, eso sí, mantiene su millonario subsidio, confirmado, por cierto, por el diletante Rodríguez Zapatero).

Rajoy recibió el 2013 afirmando que este año será aún más duro, y –siempre el semblante inalterable- con más aumentos en la luz, los teléfonos y el transporte. Y los socialistas han decidido despertarse.

Pero también hay otros dos motivos: quedarse dentro de la campana del silencio hace que se desbande la tropa.

Los socialistas catalanes no se han opuesto frontalmente al proyecto secesionista del presidente de la Generalitat, Artur Mas, y de sus nuevos socios de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), a pesar que desde la directiva del PSOE se lo exigían.

Y el tercer elemento que ha hecho sonar los relojes despertadores ha sido la reunión de líderes progresistas del Partido Socialista Europeo convocada para este mes.

Si de esa cumbre no salen ideas nuevas que se erijan como una alternativa al conservadurismo inmovilista del gobierno de Rajoy, la misma existencia de la socialdemocracia española penderá de un hilo.  





Twitter:   @nspecchia



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domingo, 2 de diciembre de 2012

El dilema catalán (01 12 12)

El dilema catalán 

A pesar de las apariencias en contrario, después de las elecciones autonómicas del domingo pasado la independencia de Cataluña se acelerará. 

por Nelson Specchia. 01/12/2012






Cataluña se debate entre dos fuerzas: los españolistas y los independentistas. Nada nuevo: es la discusión más antigua de la política en la región autónoma y cruza desde los partidos hasta el interior de las familias.

El domingo pasado, ese viejo tironeo volvió al centro de la cuestión y –de una manera muy catalana– no se resolvió, sino que dejó abierto un abanico de interpretaciones y alternativas. Artur Mas lidera Convergencia i Unió (CIU), los partidos que han hegemonizado el poder desde el posfranquismo.

Esa alianza de nacionalistas y democristianos representa a la mayoría y se hizo cargo del gobierno casi sin interrupciones. Las pocas excepciones ocurrieron cuando los partidos minoritarios se coaligaron, como el “gobierno tripartito” encabezado por los socialistas, en la anterior legislatura.

El patriarca en su laberinto. 

Mas recibió el testigo de Jordi Pujol, el patriarca de los conservadores catalanes. Pujol fue la figura central en todo el proceso democrático, desde finales de la dictadura.

Después de reconstruir el nacionalismo, al aglutinar a ambos partidos en torno de su figura, Pujol se instaló en la presidencia de la Generalitat y se quedó allí, hasta que la vejez le impuso la jubilación. Entonces Mas, que había aguardado pacientemente su turno a la sombra del patriarca, se hizo cargo de la federación de partidos y, desde hace un año y medio, de la conducción de la Generalitat.

Apenas estuvo instalado en el palacio de Sant Jordi, pegó un golpe de timón e instaló una vez más aquel antiguo tópico de la discusión catalana en el centro de la agenda.

Durante las cuatro largas décadas del “pujolismo”, las demandas autonomistas se mantuvieron dentro de un cauce de negociación, especialmente en los capítulos fiscales y presupuestarios.

Jordi Pujol aventaba la bandera separatista, pero básicamente para obtener mejores términos en las cuentas de distribución de los recursos federales. Una vez conseguida una buena tajada de parte de Madrid, las reivindicaciones catalanistas se internaban por algún pasillo lateral del laberinto, hasta la discusión económica del año siguiente.

Así, durante el “pujolismo” las ancestrales ansias de independencia del Reino de España fueron el patrimonio político del independentismo de izquierda, nucleado en el partido Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), que representa a alrededor de una quinta parte de la sociedad catalana, especialmente en las provincias interiores.

El espectro de Berlín. 

A ese orden sui géneris de la institucionalidad mediterránea se lo llevó puesto, como a tantas otras cosas que parecían sólidas, la crisis europea. Las medidas erráticas de la segunda presidencia socialista de José Luis Rodríguez Zapatero y su reemplazo por el conservadurismo de Mariano Rajoy en el gobierno central, sumado al draconiano ajuste estructural impuesto por el liderazgo europeo de Ángela Merkel, impactaron también en Barcelona.

A Artur Mas ya no le resultó suficiente, como al viejo patriarca, hacer ondear la bandera autonomista para conseguir mejores condiciones. Decidió entonces acelerar y les arrebató el discurso separatista a los republicanos de ERC.

Pese a no llevar ni dos años al frente de la Generalitat, Mas convocó a elecciones anticipadas y pidió el voto de los catalanes para alcanzar la mayoría absoluta en el Parlamento regional. Si le daban el apoyo mayoritario, prometió, lanzaría una consulta popular vinculante que decida si Cataluña debe separarse del Reino de España y formar un Estado propio.

Sí, pero no. 

Pero el catalán es un pueblo complejo, culto y reflexivo, que desconfía de los cambios de última hora. En las elecciones del domingo, Artur Mas recibió un humillante bofetón electoral.

Con una participación sensiblemente alta para la media histórica, las urnas le quitaron una parte importante del apoyo que habían dado a CIU en las últimas elecciones: Mas no sólo no obtuvo la mayoría absoluta que pedía, sino que la caída electoral le ha hecho perder 12 bancas en el Parlamento.

El españolismo festejó este varapalo. En Madrid, el Partido Popular de Rajoy descorchó cava catalán para brindar y los titulares de la prensa conservadora se burlaron del soberanismo. “Duro castigo”, “Cataluña rechaza la independencia”, “Adéu (Adiós) Mas, a Cataluña le gusta España”, fueron algunos de los cabezales de los diarios de mayor tirada esta semana.

Pero sostener que en las elecciones del domingo perdió el independentismo catalán es una conclusión errónea.

La política de la Generalitat no ha dejado de ser laberíntica, como lo fue siempre, y deben utilizarse lentes sutiles para leerla.

El que perdió fue Artur Mas, en efecto. Pero porque el electorado decidió no apostar por un soberanismo parvenu , sino por los que siempre lo han sido: Esquerra Republicana de Cataluña. ERC dobló sus votos. Y si a ella se suman los diputados de Iniciativa per Cataluña-Verds y Unitat Popular, el arco separatista agregaría 87 escaños en el legislativo autonómico.

Mientras, las fuerzas españolistas, aunque se sume a la izquierda (PSC-PSOE) y a la derecha (Partido Popular), apenas alcanzan los 48 diputados.

La política es el arte de lo posible. Y es posible que Artur Mas convoque, a pesar de las profundas diferencias que los separan, a ERC para formar un gobierno de coalición en la Generalitat.

Si lo logra, el plebiscito por la independencia de Cataluña se realizará antes de que cante un gallo. O dos.






* Politólogo, profesor de Política Internacional (UCC y UTN Córdoba)



Twitter:  @nspecchia

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Cataluña en la escalera mecánica (27 11 12)


Cataluña en la escalera mecánica

por Pedro I. de Quesada







En España circula un chascarillo muy ilustrativo: si encuentras un catalán a la mitad de una escalera, nunca sabrás si está subiendo o si está bajando.

Personalidad compleja la de ese pueblo de costumbres frugales y opiniones obstinadas.

El domingo se votó en Barcelona, Tarragona, Girona y Lleida, elecciones anunciadas como un plebiscito por la secesión de las cuatro comarcas del Reino de España (escríbase, en catalán, "Catalunya", que la "ñ" es demasiado castiza).

Los "españolistas" (o "federalistas", o "centralistas", o como quiera llamarse a los que se niegan a dejar de ser españoles por ser catalanes) anunciaban una debacle del soberanismo del presidente de la Generalitat, Artus Mas, líder de Convergencia i Unió (CiU). Y los independentistas sostenían que estas elecciones serían el principio del fin del "sojuzgamiento" de Madrid a la libertad de Barcelona.

Bueno, se votó, y los resultados están en la mitad de la escalera: según quién los mire, van hacia arriba o hacia abajo, como el carácter complejo de los catalanes.

Si nos atenemos a los números, la estrategia de Artur Mas recibió un varapalo: sacó menos votos -y, por ende, tendrá menos escaños en el Parlament- que en las elecciones de hace un año y medio, cuando obtuvo la presidencia de la Generalitat.

O sea que CiU debería estacionar el  separatismo y volver a ser un partido funcional (aunque crítico) a Madrid.

En esto coincidieron los diarios españoles que avalan al gobierno conservador de Mariano Rajoy, a quien no dudan de señalar también entre los vencedores del domingo: "Batacazo", tituló El Periódico a cinco columnas, "Mas pierde 12 escaños y no amplía la mayoría soberanista"; "Duro castigo a Mas", dice La Vanguardia; y ABC, siempre tan poco sutil: "Cataluña rechaza la independencia. Mas pierde su plebiscito". Para El Mundo, "Mas protagoniza el mayor ridículo electoral en 30 años"; para La Razón, "Adiós Mas, a Cataluña le gusta España".

Pero, ¿es tan así? Sigamos con los números. Ciertamente, el oficialismo ha perdido electores y escaños, pero también es cierto que CiU ha adherido recientemente al discurso independentista, con el que había flirteado pero sin llegar a casarse en todos estos años.

En cambio, los que siempre mantuvieron la postura de quebrar con Madrid, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) dobló sus votos el domingo (de 10 a 21 escaños), y también crecieron Iniciativa per Catalunya-Verds (de 10 a 13), y hasta entraron al Parlament 3 diputados de Unitat Popular. Con ellos, los legisladores autonómicos que apoyarían una secesión suman 87. Por su parte, los "españolistas" de izquierda (PSC-PSOE), de centro (Ciutadans), y de derecha (Partido Popular), suman 48.

En medio de la escalera, pero me parece que subiendo.




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viernes, 2 de noviembre de 2012

Las dos esquinas (21 10 12)

Las dos esquinas

por Nelson Gustavo Specchia





Dos de las regiones “históricas” de España fueron a las urnas este domingo, rodeadas por el clima general de desasosiego que genera la crisis continental y los duros ajustes del gobierno de Mariano Rajoy, que no consigue que sus correligionarios europeos se decidan a auxiliar a la tambaleante economía de la península.

Y los resultados han confirmado –aumentándolas- las tendencias que delineaban las encuestas previas: el gobernante Partido Popular (PP) ha aumentado su margen en Galicia, alcanzando la mayoría absoluta en la Cámara autonómica; y los independentistas de la izquierda “abertzale” vasca de EH-Bildu, históricamente vinculada a ETA, ha hecho la mejor elección de su historia, logrando el segundo lugar y obligando al mayoritario Partido Nacionalista Vasco (PNV) a pactar con ella el futuro gobierno regional.

O sea, “erre que erre”, como dirían en Madrid: los tradicionalistas, rurales y semifeudales gallegos profundizan su apego a la derecha, mientras los industriosos y ricos vascos aumentan la brecha del independentismo separatista.

 Los grandes perdedores, en las dos esquinas de España, vuelven a ser los socialistas. Si alguien creía que con la debacle de las últimas elecciones generales el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) había tocado su piso, se equivocó: aún se puede ir más abajo. Patxi López, el “lehendakari” socialista vasco quedó desplazado a un humillante tercer lugar (16 escaños, contra los 27 del PNV y los sorprendentes 21 de Bildu). Entre ambos nacionalismos –de centro y de izquierda- sumarán 48 bancas; y aún más honda es la derrota de los socialistas gallegos de Pachi Vázquez, enterrado por los votos del PP de Alberto Núñez Feijóo.

En conclusión: los gallegos le han regalado una bocanada de oxígeno a Mariano Rajoy, en un momento en que la necesita desesperadamente; el socialismo agudiza una crisis terminal: Alfredo Pérez Rubalcaba deberá decidir entre renunciar o refundar el partido desde los cimientos. Y el porcentaje de españoles que no encuentran representación alguna sigue creciendo: tanto en el País Vasco como en Galicia concurrió a votar poco más del 40 por ciento del padrón, y eso es aún un 10 por ciento menos que la abstención registrada en las últimas elecciones de 2009.

Los indignados siguen creciendo, y los socialdemócratas necesitan de un partido político en España.








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jueves, 14 de junio de 2012

Donde dije digo, digo Diego (12 06 12)

Columna “En foco” - El Mundo - página 2 - Hoy Día Córdoba – martes 12 de junio de 2012





Donde dije digo, digo Diego



por Pedro I. de Quesada 









Mariano Rajoy es un guerrero paciente. Una paciencia que le permitió esperar, elección tras elección, hasta que el desgaste de sus adversarios le dejó expedito el acceso al poder. Sus colaboradores dicen de él que tiene “piel de rinoceronte”, que no se pliega ni en una arruga ante las adversidades.

Pero el presidente del gobierno español parece decidido a agregar una nueva cualidad a esa biografía combativa: el de sargento de la batalla de las palabras.

El Banco Central Europeo acaba de aprobar, en tiempo record, un multimillonario rescate a la banca española, de unos 100.000 millones de euros (que habrá que devolver, más los intereses), que restringirá el margen de acción de la política económica ibérica a mínimos, e impondrá el control de los inspectores merkelianos sobre las cuentas y sobre el déficit de Madrid.

Sin embargo, Rajoy se niega terminantemente a que alguien pronuncie la palabra “rescate”: si sus recetas no han logrado enderezar la realidad, está dispuesto a reconstruir esa realidad desde el discurso. Difícil ganarle a la voracidad de los mercados desde la manipulación de los términos: al día siguiente del anuncio de “una línea de financiamiento europeo a los bancos” (tal el eufemismo que el gobierno decidió utilizar, para que nadie mente al temido “rescate”), la prima de riesgo de España cruzó la línea de los 520 puntos.

Rajoy ha fracasado prácticamente en todas sus promesas en los cinco meses que lleva en la Zarzuela: dijo que no aumentaría el IVA, y lo aumentó; que no tocaría las jubilaciones, y hubo que tocarlas; que los bancos eran sólidos, y apenas unos días después de haber nacionalizado Bankia –la gran caja de Madrid y del Partido Popular- se anuncia el enorme chorro de euros para fortalecer el sistema financiero.

Cuando todo parece perdido, el hombre de la piel de rinoceronte, como aquellos aristotélicos convencidos de que el logos construye, ha decidido reconstruir la realidad desde sus palabras. Intenta trasmutar su peor momento político en una victoria: “hemos conseguido con nuestras reformas de austeridad que no sea el Reino de España el que necesite ser auxiliado por Europa”, o sea, no somos Grecia, ni Irlanda ni Portugal.

Pero donde dije digo, digo Diego: España no está tan lejos de sus colegas, y el millonario rescate muestra un triángulo vicioso: en una punta, vuelve a llenar de dudas el futuro inmediato; en otra, demuestra que la solvencia pública no alcanza para garantizar el sistema bancario y que depende del capital europeo, con los controles externos que ello traerá aparejado.

Y en la tercera punta, que el gobierno del PP, junto a sus socios conservadores del continente, ponen negro sobre blanco en cuanto a sus prioridades políticas: los que se rescatan son los bancos (y los banqueros), a los desocupados de a pie (una cuarta parte de los trabajadores y más de la mitad de los jóvenes), que los rescate Dios.





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viernes, 30 de marzo de 2012

A la huelga, madre, yo voy también (30 03 12)

HOY DÍA CÓRDOBA – columna “Periscopio” – viernes 30 de marzo de 2012.





A la huelga, madre, yo voy también

Por Nelson Gustavo Specchia






España se levantó ayer en la primera huelga general contra el gobierno conservador del Partido Popular presidido por Mariano Rajoy, la octava desde la recuperación democrática.

Nicolás Maquiavelo, aquel florentino del renacimiento que sentó toda una escuela politológica, aleccionaba al Príncipe sobre la utilización de los tiempos políticos. Los primeros cien días de un nuevo mandato, sostenía Maquiavelo, deben ser utilizados para aplicar las medidas más impopulares que integran el plan del gobernante; en ese tiempo inaugural, la relación con el pueblo está todavía impregnada del dulce sabor de la victoria que ha habilitado el nuevo poder, y las expectativas y las esperanzas que despierta contribuyen a suavizar lo antipático de las medidas. En definitiva, que si hay que tragar una dosis de amargura, más vale apurar el trago pronto y rápido.

Mariano Rajoy debería haber leído más atentamente a Maquiavelo (la edición de “El Príncipe” anotada por Napoleón Bonaparte es especialmente ilustrativa), justo cuando está cumpliendo ahora sus primeros cien días en el palacio de La Moncloa: a juzgar por los reveses de esta semana, ha malgastado la oportunidad que le ofrecía este tiempo bautismal.

La huelga general de ayer –multitudinaria, con niveles de acatamiento que oscilaron entre un 97 por ciento en las industrias y un 60 por ciento en las oficinas públicas, con picos violentos en las grandes ciudades- fue precedida por los golpes electorales en las autonómicas de Andalucía y Asturias. Después de la victoria –contundente- de noviembre pasado, el oficialismo confiaba en que se mantendrían las tendencias, y le otorgarían el gobierno de las dos circunscripciones en disputa.

Salvo el País Vasco, donde el “lehendakari” socialista Patxi López resistía en soledad, la totalidad de los gobiernos autonómicos españoles han sido copados por la derecha del Partido Popular (o por partidos regionales afines). Ganar Andalucía, la más extensa y más poblada de las provincias españolas y un feudo histórico del Partido Socialista, hubiera sido la confirmación del poder de Rajoy.

Pero, y contra todo pronóstico, fue el anuncio de que sus primeros cien días están simbólica y fácticamente concluidos.

La huelga general de ayer vino a ratificar esa impresión: en la península se abre un nuevo tiempo político, con una renacida oposición en el parlamento y una activa contestación social en las calles. Ambos frentes obligarán al gobierno de Madrid a negociar, con mayor detenimiento del que tenía planeado, la política de ajustes estructurales y el fin del Estado de Bienestar: algo que Rajoy se ha comprometido a hacer frente al liderazgo europeo, en especial frente a su correligionaria alemana Ángela Merkel.

Pero si estaba decidido a darle el golpe de gracia a las políticas sociales y aplicar las recetas merkelianas sin anestesia, Maquiavelo le hubiera recomendado hacerlo en estos tres meses que terminaron ayer con la huelga general. Desde aquí en adelante lo tendrá más difícil.

“YO POR ELLOS, MADRE, Y ELLOS POR MÍ”

Rajoy necesitaba el triunfo en Andalucía para consolidar su hegemonía institucional. Con más de cinco millones de desempleados, la industria caída y los trimestres de recesión acumulándose, el gobierno del Partido Popular sólo concibe dos salidas a la encerrona: reducir las cuentas públicas al mínimo histórico, aunque eso implique abandonar el modelo de Estado que viene construyéndose desde el postfranquismo; o resignarse a pedir el auxilio financiero de los fondos de rescate europeos, siguiendo la dolorosa y humillante vía griega.

Mariano Rajoy no está dispuesto a admitir ningún punto intermedio, por más que importantes centros de pensamiento político, think tanks vinculados a la socialdemocracia, y relevantes personalidades de la intelectualidad y de la cultura insistan en ello. Su razonamiento es lineal, y simplista (pero efectivo, como se ha visto): si la crisis estalló con el socialismo en el poder, los socialistas –y sus recetas- son responsables de la crisis. Punto, y a otra cosa.

Sabedor de los costos sociales que sus intenciones de cirujano mayor acarrearían, se cuidó en todo momento de mostrar abiertamente sus cartas. Logró transitar toda la campaña que lo llevó a La Moncloa sin especificar en qué consistirían las medidas que adoptaría cuando fuera presidente, y se limitaba a decir que serían lo contrario de lo que estaba haciendo Rodríguez Zapatero que, como quedaba a la vista, estaba “hundiendo a España”.

Inclusive después de haber ganado las elecciones y ser investido jefe del gobierno, siguió ocultando las cartas. Tanto él como sus principales ministros –Soraya Sáenz de Santamaría, Luís de Guindos, Cristóbal Montoro- sólo han anunciado que los recortes serán profundos y drásticos, pero han dilatado una y otra vez el momento de anunciarlos.

Y todo por Andalucía. Rajoy sabía que mostrar las tijeras era arriesgar la gran autonomía del Sur, en la que el socialismo gobierna desde su creación, en 1982. Parecía que el plan era que cuando Javier Arenas –uno de los dirigentes más cercanos al presidente- se hubiera hecho con el poder en Sevilla, Rajoy anunciaría las nuevas medidas de ajuste económico (y para entonces ya no le importaría soportar una huelga general, tal como lo admitió en enero en la Cumbre de Bruselas, en voz baja pero cerca de un micrófono –esos incordiantes aparatitos del chismerío global- que lo registró).

Javier Arenas no ha llegado al poder. Y lo que es peor: el Partido Popular ha obtenidos unos resultados más desfavorables que los logrados en las generales de noviembre pasado (cinco puntos porcentuales menos, cerca de medio millón de votos).

Y con el revés de las elecciones autonómicas, la huelga general de ayer tuvo otra motivación y otra lectura. Ya no era solamente la reacción del gremialismo organizado contra los planes gubernamentales de modificación del mercado de trabajo, sino que se constituyó en el inicio de un nuevo giro político, como canal de expresión de todos aquellos sectores de la población española que entienden que la cirugía mayor planificada por Rajoy no es la única alternativa para salir de la crisis.

“ES LA HORA DE LUCHAR”

Una vieja tonadilla popular, que viene de la gran huelga de 1919 en Barcelona y que Chicho Sánchez Ferlosio actualizó en los años finales del franquismo, volvió a escucharse en las calles españolas en la jornada de ayer. “A la huelga, compañero / no vayas a trabajar / deja quieta la herramienta / que es la hora de luchar. / A la huelga 10, a la huelga 100 / a la huelga, madre, yo voy también / a la huelga 100, a la huelga 1.000 / yo por ellos, madre, y ellos por mí.”

Y los jefes de los dos grandes sindicatos españoles –Comisiones Obreras, y Unión General de Trabajadores- se felicitaban en las últimas horas de la tarde por el éxito de la convocatoria. Mientras los analistas reflexionaban sobre las consecuencias que esta abrumadora demostración de fuerza, de una oposición rápidamente recuperada de la paliza electoral de noviembre volviendo a las calles, los sindicatos apuntaban a dos medidas concretas: que el gobierno abra un marco de negociación con los actores sociales para morigerar el ajuste neoliberal en marcha; y hacia la presentación de los postergados presupuestos generales del Estado, que Rajoy escondió en la manga hasta que pasaran las elecciones andaluzas, pero que hoy estará finalmente anunciando a su consejo de ministros.

Las centrales sindicales aspiran a subirse a un proceso de negociación que pueda neutralizar las aristas más urticantes del ajuste, y –a pesar de la masiva adhesión que tuvo la huelga- habrá que ver si lo logran.

Porque los “halcones” del Partido Popular, por el contrario, empujan a Mariano Rajoy a esquivar “las líneas blandengues” y a “mantener la reforma laboral contra viento y marea”, como pedía ayer el editorial del diario “La Razón” mientras las columnas de huelguistas ocupaban todos los espacios públicos, hasta los pequeños pueblos de provincia.

Si el gobierno se pliega a sus sectores más duros y mantiene el rumbo ortodoxo (Luís de Guindos ya dijo que la reforma laboral no se moverá “ni un ápice”), la confrontación social estará garantizada, y la protesta de los sindicatos volverá a la carga el próximo 1 de mayo.

Madrid está cada día más parecida a Atenas.




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lunes, 26 de marzo de 2012

Andalucía roja (27 03 12)

Columna “En foco” - El Mundo - página 2 - Hoy Día Córdoba – martes 27 de marzo de 2012


Andalucía roja


por Pedro I. de Quesada





Desde ayer, y a pesar de los pesares, el Sur de España sigue fiel a la izquierda. Las votaciones regionales en Andalucía (también en Asturias) han sido una sorpresa para todos, desde los principales observadores (las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas habían previsto una mayoría absoluta para la derecha del Partido Popular en ambas circunscripciones) hasta los propios actores.

El jefe del gobierno español, Mariano Rajoy, entendió que la marea conservadora que ha logrado inundar todo el territorio, no estaría completa sin Andalucía, la más extensa de las autonomías españolas.

Allí, en el Sur profundo, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) tiene sus bases más fuertes, que le han permitido gobernar sin interrupción durante los últimos treinta años; y de allí también salió el dirigente que marcó la transformación moderna del socialismo postfranquista: Felipe González, Felipillo.

Estas razones hacían que Andalucía fuera mucho más que una elección provincial, era un símbolo (de resistencia, para los socialistas; de victoria completa, para los conservadores) y también un termómetro sobre cómo el electorado está evaluando el manejo de la crisis que hace el gobierno.

Por ello todos se implicaron hasta la médula en la campaña andaluza. Hasta el punto que Rajoy no quiso presentar los presupuestos generales del Estado, por más que Europa se lo exigiera, porque el ajuste que contienen podría haber afectado a Javier Arenas, vicesecretario del PP y el candidato que esperaba hacerse con la mayoría absoluta en el Sur.

Arenas daba el triunfo por sentado, y sabía que nunca como ahora –y ya son las cuartas elecciones a las que se presenta como cabeza de lista- tuvo tantas cosas a su favor: el desgaste de tres décadas de los socialistas en el poder, la corrupción, los kilos de cocaína compradas con fondos públicos por el ex chofer del ex secretario de Trabajo, la salida por la puerta de servicio del gobierno de Rodríguez Zapatero... ¿Cómo la marea azul (el color del PP) no iba a llegar también hasta Andalucía, y una ola de esa marea no empujaría al “Niño” Arenas hacia la ansiada victoria?

Pero no, a pesar de tener todos los vientos de cola, el empuje no alcanzó.

Y creo que lo que hubo en el medio no fue la conciencia socialista de los andaluces, ni las agónicas súplicas de Felipillo, pidiendo a sus coterráneos que fueran “la última barrera” frente al auge conservador en el resto del territorio. Al menos, no exclusivamente.

Me parece que más importante que la carga ideológica fue la evaluación electoral de los primeros cien días de Rajoy en el gobierno.

Que los socialistas retengan Andalucía es una señal para Madrid: el ajuste draconiano y el seguimiento acrítico a las recetas neoliberales de Ángela Merkel han sido censurados por los electores.

El viernes llegará la primera gran huelga general contra Rajoy y sus ajustes, pero el presidente del gobierno ya ha adelantado que no le moverán el brazo.

Andalucía debería servirle de advertencia.





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lunes, 23 de enero de 2012

Cambio de tercio (27 12 11)

Columna “En foco” - El Mundo - página 2 - Hoy Día Córdoba – martes 27 de diciembre de 2011


Cambio de tercio


por Pedro I. de Quesada






Las corridas de toros van desapareciendo; en este año que termina el gran José Tomás lidió por última vez en la plaza Monumental, de Barcelona. En esas lides, cada cambio de tercio se anuncia con cornetas y redoblantes.

La comparación vale, al escuchar por estos días el cada vez más nítido retumbo del cambio de tercio histórico que estamos viviendo, en la lid de los gobiernos contra el toro bravo de la crisis.

Un pase que, en muchos aspectos, cruza desde las viejas arenas europeas hacia las tierras montaraces del sur de América.

Entre los pífanos de este retumbo de cambio de ciclo, algunas perlas navideñas: Después del discurso de investidura –previsible y anodino- del presidente conservador del gobierno español, Mariano Rajoy, esta semana comenzaron las definiciones del nuevo gabinete, y no han sido precisamente para alegrarse.

El nuevo ministro de Economía, Luis de Guindos, eligió un escenario especial para su primera comunicación pública: un acto con la presencia de José María Aznar, el antiguo jefe del Partido Popular, y guardián de su ortodoxia.

Guindos dijo que la economía española volverá a entrar en recesión con la llegada del 2012, que se superarán los cinco millones de desocupados, y que no habrá crecimiento tampoco en el primer semestre del próximo año.

Guindos, el banquero elegido por Rajoy para gestionar la crisis, es un ex ejecutivo de Lehman Brothers, la firma cuya quiebra desencadenó, precisamente, esta crisis financiera.

Otro de los pitidos de la fanfarria que denota el movimiento del centro hacia estas costas lo dio el nuevo Canciller de Rajoy, José Manuel García Margallo. Dijo que los países latinoamericanos deben “dejar de revisar la historia”, y reconocer en España la madre común. Un discurso que atrasa un par de años (o de siglos), inclusive para un ministro de Exteriores conservador.

A García Margallo le ha dolido el fracaso de la última cumbre iberoamericana, de este año en Paraguay, y quiere que la de Cádiz del año que viene vuelva a ser una reunión familiar. Todo bien. Pero creer que la vía para lograr ese objetivo es llamar al olvido a los hijos pequeños y convocarlos a la mesa del Rey, huele a naftalina.

Y como si todos estos pitidos de cambio fueran pocos, el diario El País, otrora la voz intelectual del progresismo socialista, no deja de ahondar en una línea reaccionaria para con todos los temas políticos latinoamericanos.

Desde que los propietarios del diario se hicieran con acciones del Grupo Clarín, los artículos y las editoriales del periódico madrileño sobre Argentina se han incorporado, como un actor especialmente dinámico, a la oposición al gobierno nacional. La editorial de ayer, titulada “La ley de Fernández” (y vergonzante a mi criterio), se refiere a la Argentina como un país apenas “formalmente democrático”. Pífanos, trompetas y redoblantes.

Mientras tanto, Brasil desplaza a Gran Bretaña y se ubica como la sexta mayor economía del mundo.

¡Ah, las costas americanas!




La cara oculta de la luna (20 12 11)

Columna “En foco” - El Mundo - página 2 - Hoy Día Córdoba – martes 20 de diciembre de 2011


La cara oculta de la luna

por Pedro I. de Quesada





Y un día, la derecha española volvió a La Moncloa.

Los conservadores del Partido Popular siempre sostuvieron que los socialistas en 2004 les “robaron” unas elecciones que ya daban por ganadas, cuando los islamistas fanáticos hicieron volar por los aires los trenes en Atocha y José María Aznar no pudo endilgarle el atentado a los vascos de la ETA: estaba claro que el extremismo islámico había decidido responder con sangre a la más impopular de todas las medidas del “amigo íntimo” de George W. Bush, la participación de España –en soledad europea- en la invasión norteamericana a Irak.

Pero lo que les quitó la fallida política exterior, se los ha devuelto la crisis económica. Rodríguez Zapatero sale por la puertita de atrás, olvidado aún antes que termine de juntar sus petates. Intentó primero ignorar la crisis, diciendo que no existía tal cosa; para después pegar un golpe de timón y, con la fe de los conversos, aplicar todos los ajustes que el liderazgo neoliberal de la Unión Europea le pidieran.

Silencioso, mientras tanto, el gallego líder de la oposición, don Mariano Rajoy, esperaba que cayeran las brevas. Y todas fueron cayendo en los últimos meses, mientras el crecimiento de la derecha en las encuestas trepaba sostenidamente.

En todo este tiempo, el secreto mejor guardado fue el programa de gobierno que tenía Rajoy en carpeta; de eso no se hablaba, y apenas se daban sutiles y polisémicas señales. Es común el dicho en la península, que si encuentras a un gallego en la mitad de una escalera, nunca sabrás si está subiendo o si está bajando, y don Mariano hacía honor a esa característica de su pueblo.

Durante los últimos meses trabajó casi en secreto, se reunió con líderes del Partido Popular, intendentes, expertos, asesores, ministeriables, economistas, sociólogos y politólogos, preparando el mensaje que develaría la salida a la crisis, la luz al final del túnel.

El secreto se mantuvo hasta ayer, cuando el ex titular del registro de la propiedad de Santa Pola –ya convertido en Presidente del Gobierno español- dio su discurso de investidura.

Y, para desazón de unos pocos y como muchos temíamos, la sorpresa no reveló nada nuevo: la luna también es redonda del otro lado. Mariano Rajoy, previsible hasta el cansancio, seguirá línea a línea el libreto neoliberal de Ángela Merkel.

Ajuste por arriba y ajuste por abajo: disminuirá los impuestos, acabará con las subvenciones sociales y los subsidios a los desocupados, eliminará los feriados, recortará en 16.500 millones de euros el gasto, bajará los sueldos de los empleados públicos, congelará las pensiones durante un año, cancelará las prejubilaciones, y “cumplirá con los compromisos de Europa” (esto es, con el recetario merkeliano).

Lo demás, sólo fueron buenas intenciones, aunque ni una palabra de cómo piensa lograrlas.

Previsible, y soporífero. La canciller alemana al menos pega un par de gritos, y golpea el atril con el puño cerrado de vez en cuando.