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sábado, 26 de enero de 2013

Hollande, el soldado (26 01 13)

La Voz del Interior – Opinión – sábado 26 de enero, 2013  


Hollande, el soldado


por Nelson Gustavo Specchia


Politólogo. Profesor de Política Internacional (UCC y UTN Córdoba)
Twitter:  @nspecchia




El año abrió con el estallido de la burbuja revolucionaria africana. Y esa eclosión tiene tres manifestaciones principales.

Viejos jugadores, reglas nuevas. La más evidente es la alteración del propio escenario africano, con la irrupción de actores cada vez más poderosos que obligarán a una redefinición de las alianzas regionales. Dos antagonistas, Marruecos y Argelia, ya han comenzado un acercamiento, a pesar de la disputa por el diferendo saharaui, tras la toma de la planta de gas de Tigantourine y de su recuperación por tropas de élite, sin ninguna consideración a los rehenes occidentales y locales.

La incipiente democracia en Túnez y los Hermanos Musulmanes en Egipto también se interrogan sobre cómo tratar con esa fuerza emergente en las arenas del Sahara que es un peligro cercano de desestabilización.

La segunda muestra la verbalizó la secretaria de Estado de Obama. Hillary Clinton estuvo esta semana ante el comité de relaciones exteriores del Senado. Hizo una larga declaración, su testamento de la política exterior de Washington, ya que la semana entrante llega su sucesor, John Kerry. Y lo manifestó de una manera brutal: “siendo honestos –dijo Hillary- hay que admitir que no tenemos idea de qué está pasando en África”. Le tocará a Kerry presentarle a Barack Obama una estrategia que haga inteligible la presencia norteamericana en el Sahel.    

Otra vez la Françafrique. Y mientras en Washington y la ONU discutían cómo hacer frente a algo que no estaba en las prioridades de nadie, el que se quedó sin margen fue François Hollande. Y su cambio de libreto en cuestión de horas constituye la tercera manifestación de la eclosión africana.

Hollande había comenzado con una promesa: París acabaría con la “Françafrique”. Ese término designa, despectivamente, al entramado de regímenes débiles y corrupción tolerada a cambio de la permanencia de empresas francesas en los “Estados fallidos” africanos. Empresas extractivas de recursos naturales que alimentan las industrias de la ex metrópoli colonial. La promesa implicaba un aporte democrático al rumbo político de la “primavera árabe” en el Magreb.

Pero el postulado de terminar con las rémoras coloniales ha durado apenas unos meses. El avance islamista en Mali ha obligado a revisar toda la estrategia y volver hacia el protectorado militar. Dando vuelta la tortilla, Hollande ha enviado los Mirage y ha concentrado en la capital –Bamako- tropas de las bases francesas de Burkina Fasso, Costa de Marfil y Chad.

La guerra de Hollande lo ha transformado también a él: ya no parece un gris funcionario dubitativo sino un soldado, un comandante en jefe decidido a luchar por los principios (y por las empresas) de Francia. Aunque hay que decir, por cierto, que Hollande intentó tratar la cuestión africana desde un contexto multilateral. En la ONU y en la Unión Europea, pero en ambas organizaciones lo dejaron sólo.

Deudas globales. Mali era hasta el año pasado una de las vidrieras del desarrollo democrático africano. Una república constitucional, laica, turística, con vida cultural muy activa y una población de 16 millones (90% musulmanes) pacífica y tolerante, concentrada en el sur de un país inmenso.

La mitad norte, que hace parte del Sahel y del desierto del Sahara, es territorio Tuareg, de tribus nómades y semiautónomas. Los Tuareg fueron mercenarios en Libia, y tras la caída de Khaddafi volvieron al norte maliense cargados de armas y de pertrechos, con todos los residuos guerreros que pudieron arrastrar en la debacle.

Y en el emergente escenario norafricano se cruzaron con los salafistas de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), a los que Osama bin Laden y Ayman al Zawahiri ordenaron unificar la “yihad” en el Sahel; terminar con judíos, cristianos y apóstatas; y recuperar Al Ándalus como parte de un nuevo Califato. Ya lo comunicaron los argelinos del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) tras unirse a Al Qaeda: “Abrazamos la ‘yihad’ para cumplir con un precepto divino ineludible que se nos impuso desde la caída de Al Ándalus”.

Al Zawahiri –actual jefe de la red- lo ratificó: “recuperar Al Ándalus (la actual Andalucía española) es una obligación para la ‘umma’ en general y para vosotros en particular”, y para ello deben “expulsar del Magreb islámico a los hijos de Francia y España”. Los analistas no pueden decir que no estaban advertidos.   

Así, la alianza entre los Tuareg y Al Qaeda potenció el separatismo en Mali, con la secesión del Azawad en un califato regido por la “sharia”. La movida obligó al tratamiento en la ONU, que dispuso en diciembre ayudar a Mali con el aporte militar occidental, junto a rusos y chinos (Resolución 2085/2012).

Frente a ello, los islamistas aceleraron y comenzaron a bajar hacia Bamako. La acción sigue el plan de Al Qaeda: ampliar el califato a todo Mali, desde allí a Argelia y Marruecos, y luego Andalucía.

El 10 de enero los yihadistas tomaron Konna, y el 11 François Hollande decidió atacar. La ONU quedó en “off side”; británicos y alemanes le dan la espalda al francés; la Política Exterior y de Seguridad Común europea brilla por su ausencia y Hillary admite que los norteamericanos no tienen ni idea de qué hacer.

Una guerra africana que, si no se la neutraliza, tenderá en breve a ser una guerra global.







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miércoles, 2 de enero de 2013

Los socialistas se desperezan (02 01 13)

Columna En foco - El Mundo - página 2 - Hoy Día Córdoba – miércoles 2 de enero de 2013 

Los socialistas se desperezan


por Pedro I. de Quesada




Fue tan grande la última paliza electoral que recibió el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) que entró en una campana de silencio, como aquella del Superagente 86, durante un año entero.

José Luís Rodríguez Zapatero viró, con la crisis, hacia un neoliberalismo que confundió a propios y extraños. Y los votantes españoles prefirieron el original a la copia: si había que aplicar recetas liberales, entonces mejor el Partido Popular (PP) que los fallidos ensayos del PSOE.

Mariano Rajoy cambió el color del mapa político de la península hacia el azul de los Populares, con una sola excepción de importancia: Andalucía. La más extensa y más populosa (y una de las más pobres) de las comunidades autónomas siguió, a pesar de todo, fiel al socialismo.

Por eso también el jefe de los socialistas andaluces, José Antonio Griñán, se hizo con la presidencia del PSOE. Sin embargo, el derrotado candidato Alfredo Pérez Rubalcaba hizo fintas de cintura y logró quedarse en la primera línea a pesar de la humillante derrota propinada por Rajoy y los suyos.

Rubalcaba se metió en la campana de silencio y ahí se quedó, quietito. Parecía que el sueño socialista se alargaría sine die, pero han despertado en las últimas horas de 2012.

Tres elementos están en esta sacudida de la modorra: Rajoy terminó su primer año de gobierno, quizá el más chato de las últimas décadas.

No se le mueve un pelo de la barba, mientras a su alrededor los españoles se suicidan cuando los van a desalojar; emigran en masa hacia otros países de Europa y –nuevamente- hacia América; los científicos y los gestores culturales ven cómo se desmantela el trabajo de cuarenta años; la salud se privatiza y las escuelas no tienen ni calefacción ni luz (la Iglesia, eso sí, mantiene su millonario subsidio, confirmado, por cierto, por el diletante Rodríguez Zapatero).

Rajoy recibió el 2013 afirmando que este año será aún más duro, y –siempre el semblante inalterable- con más aumentos en la luz, los teléfonos y el transporte. Y los socialistas han decidido despertarse.

Pero también hay otros dos motivos: quedarse dentro de la campana del silencio hace que se desbande la tropa.

Los socialistas catalanes no se han opuesto frontalmente al proyecto secesionista del presidente de la Generalitat, Artur Mas, y de sus nuevos socios de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), a pesar que desde la directiva del PSOE se lo exigían.

Y el tercer elemento que ha hecho sonar los relojes despertadores ha sido la reunión de líderes progresistas del Partido Socialista Europeo convocada para este mes.

Si de esa cumbre no salen ideas nuevas que se erijan como una alternativa al conservadurismo inmovilista del gobierno de Rajoy, la misma existencia de la socialdemocracia española penderá de un hilo.  





Twitter:   @nspecchia



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lunes, 26 de marzo de 2012

Andalucía roja (27 03 12)

Columna “En foco” - El Mundo - página 2 - Hoy Día Córdoba – martes 27 de marzo de 2012


Andalucía roja


por Pedro I. de Quesada





Desde ayer, y a pesar de los pesares, el Sur de España sigue fiel a la izquierda. Las votaciones regionales en Andalucía (también en Asturias) han sido una sorpresa para todos, desde los principales observadores (las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas habían previsto una mayoría absoluta para la derecha del Partido Popular en ambas circunscripciones) hasta los propios actores.

El jefe del gobierno español, Mariano Rajoy, entendió que la marea conservadora que ha logrado inundar todo el territorio, no estaría completa sin Andalucía, la más extensa de las autonomías españolas.

Allí, en el Sur profundo, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) tiene sus bases más fuertes, que le han permitido gobernar sin interrupción durante los últimos treinta años; y de allí también salió el dirigente que marcó la transformación moderna del socialismo postfranquista: Felipe González, Felipillo.

Estas razones hacían que Andalucía fuera mucho más que una elección provincial, era un símbolo (de resistencia, para los socialistas; de victoria completa, para los conservadores) y también un termómetro sobre cómo el electorado está evaluando el manejo de la crisis que hace el gobierno.

Por ello todos se implicaron hasta la médula en la campaña andaluza. Hasta el punto que Rajoy no quiso presentar los presupuestos generales del Estado, por más que Europa se lo exigiera, porque el ajuste que contienen podría haber afectado a Javier Arenas, vicesecretario del PP y el candidato que esperaba hacerse con la mayoría absoluta en el Sur.

Arenas daba el triunfo por sentado, y sabía que nunca como ahora –y ya son las cuartas elecciones a las que se presenta como cabeza de lista- tuvo tantas cosas a su favor: el desgaste de tres décadas de los socialistas en el poder, la corrupción, los kilos de cocaína compradas con fondos públicos por el ex chofer del ex secretario de Trabajo, la salida por la puerta de servicio del gobierno de Rodríguez Zapatero... ¿Cómo la marea azul (el color del PP) no iba a llegar también hasta Andalucía, y una ola de esa marea no empujaría al “Niño” Arenas hacia la ansiada victoria?

Pero no, a pesar de tener todos los vientos de cola, el empuje no alcanzó.

Y creo que lo que hubo en el medio no fue la conciencia socialista de los andaluces, ni las agónicas súplicas de Felipillo, pidiendo a sus coterráneos que fueran “la última barrera” frente al auge conservador en el resto del territorio. Al menos, no exclusivamente.

Me parece que más importante que la carga ideológica fue la evaluación electoral de los primeros cien días de Rajoy en el gobierno.

Que los socialistas retengan Andalucía es una señal para Madrid: el ajuste draconiano y el seguimiento acrítico a las recetas neoliberales de Ángela Merkel han sido censurados por los electores.

El viernes llegará la primera gran huelga general contra Rajoy y sus ajustes, pero el presidente del gobierno ya ha adelantado que no le moverán el brazo.

Andalucía debería servirle de advertencia.





Twitter:  @nspecchia