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lunes, 31 de diciembre de 2012

Egipto, religión y política (26 12 12)

Columna “En foco” - El Mundo - página 2 - Hoy Día Córdoba – miércoles 26 de diciembre 2012 

Egipto, religión y política

por Pedro I. de Quesada



 


El referéndum en Egipto ha terminado, como lo advertimos en esta columna el “SI” ha triunfado, avalando el proyecto de reforma constitucional del presidente Mohammed Mursi y los Hermanos Musulmanes, el partido islámico que se ha hecho cargo de la transición tras el derrocamiento del “rais” Hosni Mubarak y el fin de la autocracia militar.

El referéndum expresa la opinión mayoritaria de la sociedad egipcia, ese punto no puede ponerse en cuestión.

Pero me parece necesario dejar sobre la mesa algunos elementos que pueden distorsionar esa elección mayoritaria, así como advertir sobre los riesgos que un escenario que reintroduzca la cuestión religiosa en la principal potencia africana del Mediterráneo pueden acarrear para la estabilidad regional, por lo demás siempre al borde del colapso.

La Comisión Electoral cairota anunció ayer oficialmente el triunfo del “SI”, con un 63,8 por ciento de los sufragios emitidos en las dos rondas en que se desdobló el referéndum, los sábados 15 y 22 de diciembre.

Frente al cuestionamiento sobre la deriva islamista del Estado, que han realizado durante estos últimos meses los sectores laicos, los partidos republicanos, los intelectuales y la minoría cristiana copta, ese porcentaje supone una rotunda ratificación del rumbo trazado por los Hermanos Musulmanes. Mohammed el Baradei, el científico que se ha convertido en el rostro mediático de la oposición laica al presidente Mursi, anunció que el Frente de Salvación Nacional (FSN) impugnará los resultados, e insistió en que la participación en la consulta fue tan sólo del 32,9 por ciento del padrón, unos 17 millones de los casi 52 millones de egipcios convocados a las urnas.

Por la celeridad de la convocatoria, ninguna organización internacional vigiló la consulta ciudadana, aunque sí lo hicieron algunas ONG egipcias, la mayoría de las cuales solicitó públicamente la repetición del proceso a causa del fraude.

La Comisión Electoral no ha hecho lugar a estos reclamos y ha declarado que el resultado es legal y legítimo a pesar de la baja participación (en definitiva, y sin ir más lejos, al presidente de los Estados Unidos de América, con el enorme poder mundial que encierra ese cargo, lo termina eligiendo un porcentaje similar de votantes norteamericanos...)

Pero que la nueva Constitución impulsada por los islamistas restringe libertades civiles y derechos de las mujeres y las minorías, y abre la puerta a una interpretación religiosa y rigorista de la ley civil, constituyen asimismo datos objetivos, tanto como el resultado objetivo del referéndum.

Asumido el golpe, la oposición confía en frenar el salto islamizador utilizando las propias herramientas democráticas: hacer caer la nueva Constitución en las próximas elecciones legislativas.

Parece una esperanza ilusoria: las tendencias advierten del crecimiento sostenido de la cofradía musulmana también para las legislativas.

Egipto parece virar, cada vez más seguro, hacia un Estado confesional.




Twitter:  @nspecchia




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miércoles, 19 de diciembre de 2012

La tentación islamista en Egipto (15 12 12)

La Voz del Interior – Opinión – sábado 15 de diciembre, 2012  

La tentación islamista en Egipto


por Nelson Gustavo Specchia

Politólogo. Profesor de Política Internacional (UCC y UTN Córdoba) - Twitter:  @nspecchia








El gran país africano, imprescindible para la estabilidad regional, se asoma al abismo del estallido de una nueva guerra civil.



El poder es una tentación fuerte, incluso para los políticos observantes de preceptos religiosos rígidos y acéticos. Mohammed Mursi, el presidente egipcio, ha pasado de encarnar la promesa de una transición democrática y republicana a ser la figura de la amenaza integrista.

La sociedad civil egipcia, por su parte, templada en las movilizaciones de la plaza Tahrir que acabaron con el régimen pretoriano del “rais” Hosni Mubarak, se niega a que aquella pueblada termine decantando en un sistema aún más cerrado que el de los militares.

La tensión entre ambos extremos puede llevar, si no se altera el rumbo, a un nuevo golpe militar. No debe descartarse inclusive el estallido de una guerra civil en ese borde del Mediterráneo donde confluyen tantas aristas delicadas: la frontera con la Gaza palestina y con Israel, el caldero libanés y las costas de Siria, que ya sufre de lleno su propia guerra interna.

La corte del faraón

Egipto es la potencia equilibradora del África mediterránea y Oriente Medio. Israel encontró en el reconocimiento de El Cairo la posibilidad de existencia sin la amenaza permanente de una guerra árabe; el presidente Anwar el Sadat pagó con su vida la osadía de firmar la paz con los israelíes, y Egipto fue expulsado de la Liga Árabe, pero no hubo más tambores de guerra con el Estado judío.

Esa balanza regional fue también caja de resonancia de los cambios que llegaron con el siglo 21. La “primavera árabe” iniciada en Túnez con la caída de Zine el Abidine ben Ali, alcanzó su punto álgido en la plaza Tahrir con el derrocamiento del general Mubarak. Pero el optimismo con que se festejó la caída del “rais” fue exagerado, o un tanto ingenuo. En Egipto la vía democrática será ardua, y más compleja que la sola sustitución de un autócrata.

Como revelaron las negociaciones de transición, el poder real no sufrirá alteraciones: si acaso, una cuota del poder detentado por los militares en los últimos sesenta años pasará a manos islámicas. De república laica, poco y nada.

Tras un proceso electoral enredado, que duró dos meses, los militares anunciaron la victoria de Mohammed Mursi por más de un millón de votos. La insistencia en la limpieza de las elecciones y en la legitimidad de las autoridades transitorias, puso en evidencia lo contrario: tal como sospechaba la oposición republicana, los islamistas habían llegado a un acuerdo con los generales. 

El plan original del verdadero faraón egipcio, el mariscal Hussein Tantawi, era imponer un candidato de continuidad, el general Ahmed Shafik, un piloto de cazas, ex jefe de la Fuerza Aérea, y el último primer ministro de Mubarak. Uno de la familia, digamos. Cuando la avalancha de votos lo hizo imposible, negoció la transición. Las monedas del comercio fueron que el presupuesto militar y las prerrogativas de clase no se tocarían en absoluto.

Promesas de utilería

Mursi les dijo que sí a todo. Lo importante en ese primer momento, para los islamistas, era que Tantawi y la corte del faraón les entregaran el mando; la imposición de Shafik a sangre y fuego estaba a la vuelta de la esquina. Mirando hacia Tahrir, el dirigente pidió una oportunidad: los Hermanos Musulmanes acarrean una historia de proscripciones y marginación, y era justo –argumentaba Mursi- que tuvieran su momento de oportunidad ahora que las urnas habían señalado su clara mayoría.

Pero ni bien tuvo las llaves del palacio cairota, la élite islamista pegó un zarpazo sobre la débil institucionalidad. El escenario temido por los partidos laicos se dibuja con mayor precisión día a día: la mayoría parlamentaria de los Hermanos Musulmanes avanza con una agenda religiosa; Mohammed Mursi se asignó, por decreto, poderes discrecionales; y acometió una reforma constitucional que supone un viraje de la República Árabe de Egipto hacia un régimen confesional.

La Asamblea Constituyente controlada por los islamistas (los representantes cristianos y liberales laicos abandonaron las deliberaciones) votó los 234 artículos de la nueva Constitución, y los aprobó por unanimidad. La nueva Carta Magna incorpora la “sharia”, la ley religiosa, como “principal fuente de la ley” (Art. 2º); mantiene la subordinación histórica de la mujer; y recorta libertades civiles, como la de expresión y de prensa. Eso sí: mantiene el presupuesto separado y los derechos especiales del estamento castrense; la única promesa de Mursi que no ha sido puro teatro.

Preguntas populares

La resistencia de los sectores laicos, en todo caso, ha empujado a la nueva clase política a someter el proyecto constitucional a referéndum, cuya primera instancia se votará hoy (completándose con una segunda ronda el sábado próximo). La votación ha marcado la división del país en dos partes, con movilizaciones de partidarios y detractores durante las últimas tres semanas.

Los musulmanes salafistas (rigoristas) y los imanes de las numerosas mezquitas de El Cairo y Alejandría, instan desde el púlpito a la votación a favor; Mohammed el Baradei –el científico ex director de la oficina internacional de energía atómica y premio Nobel-, y los partidos republicanos, advierten que la tensión entre ambas mitades podría ser el prólogo de una guerra civil, que queda servida en bandeja.





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Una pulseada por la Constitución (18 12 12)

Columna “En foco” - El Mundo - página 2 - Hoy Día Córdoba – martes 18 de diciembre 2012 

Una pulseada por la Constitución

por Pedro I. de Quesada







En Egipto, las elecciones eran una rareza, prácticamente una escenificación de la continuidad del régimen. Así, durante sesenta años. Ahora, de pronto, interrumpen la cotidianidad varias veces en el año.

En un país con una orografía aplanada por el desierto y una población que ronda los 83 millones, los actos eleccionarios son además de una complejidad alta.

El proyecto constitucional del gobierno islamista de Mohammed Mursi obliga a una elección desdoblada, con primera vuelta el sábado pasado y segunda el próximo 22.

Entre ambos sábados, Egipto se encuentra en “proceso eleccionario extendido”. Las últimas elecciones presidenciales ocuparon dos meses del calendario; y el ambiente social en que esos complejos procesos se desarrollan va dando una pauta del país que emerge del nuevo tiempo político tras el fin del período militar.

Y esa imagen emergente es una foto partida, casi en dos mitades gemelas.

Los sectores religiosos, desde los extremos salafistas hasta los islamistas moderados, se han cuadrado detrás de la figura del presidente Mursi y del Partido de la Libertad y la Justicia, el brazo político de los Hermanos Musulmanes.

Y la otra mitad de la foto, los cristianos coptos, los partidos laicos y la izquierda republicana, intentan tirar abajo el proyecto constitucional. Además del argumento de que la nueva Constitución, con la apelación a la “sharia” como fuente principal de la ley, implicará una deriva del país hacia un régimen confesional, el referéndum pone en evidencia la puja por dos modelos de transición después de las décadas de gobierno autocrático.

Y si juzgamos por los porcentajes, esos dos modelos tienen detrás, cada uno, a casi la exacta mitad de la población: el sábado pasado, un 55 por ciento respaldó el proyecto de Mursi, y un 45 por ciento le dio la espalda. El sábado 22 de diciembre votará la otra mitad del padrón, y si esta tendencia se mantiene, la foto quedará partida al medio.

Mohammed Mursi quiso blindar, a través de un superdecretazo, unos poderes discrecionales de la Presidencia, pero tuvo que dar marcha atrás.

El guía espiritual de los Hermanos Musulmanes, Mohammed Badía, advirtió que respaldarán con toda la feligresía la legitimidad y la mayoría parlamentaria que ha conseguido el gobierno en las últimas elecciones.

Si el referéndum terminara aprobándose por una mayoría clara, Mursi tendrá las manos más libres, pero si se mantienen las dos mitades, habrá que esperar después del referéndum un alud de recusaciones, apelaciones judiciales y una movilización popular contestataria.

Y el Ejército, a pesar de que está calmo tras las últimas concesiones del presidente islamista, ya ha adelantado que no admitirá caos político.

La brecha abierta por las concentraciones de plaza Tahrir está lejos de cerrarse.     










En Twitter:  @nspecchia


martes, 4 de septiembre de 2012

Que los velos no las tapen (04 09 12)


Columna “En foco” - El Mundo - página 2 - Hoy Día Córdoba – martes 04 de septiembre 2012  

Que los velos no las tapen

por Pedro I. de Quesada 






El velo que cubre a las mujeres en el Islam ya es un elemento de la política internacional. Desde el domingo último en Egipto ocupa todos los titulares.

El velo es, en realidad, un símbolo de la lucha política, ideológica y religiosa que cruza la sociedad. Los pañuelos y velos con que las mujeres musulmanas ocultan parte de su cuerpo son diversos, y responden a diferentes interpretaciones de los preceptos coránicos sobre el pudor femenino.

Van desde el "hiyab", un pañuelo que cubre el pelo y el cuello, pero deja libre el rostro; el "niqab", que también oculta la boca y la nariz, y otros, que van tapando progresivamente partes del cuerpo, como el "tchador" -gran capa holgada y negra con que se tapan las mujeres iraníes- hasta llegar al "burka", impuesto por los talibanes afganos, que oculta hasta el último centímetro del cuerpo femenino, incluyendo los ojos, que quedan detrás de una malla enrejada de punto.

El velo está en el centro de la agenda de las mayorías populares, que adhieren en menor o en mayor grado a los principios islámicos, sobre el laicismo impuesto durante décadas en los países árabes, gobernados por regímenes autocráticos desde las independencias nacionales.

Los partidos y la casta militar, que se hicieron cargo de los ejecutivos en toda la franja del Magreb y del Oriente Medio desde el fin del período colonial, a mediados del siglo pasado, impusieron el laicismo como vía de alcanzar la modernidad, con Occidente como modelo.

Tanto Mustafá Kemal, "Ataturk", en Turquía, como Gamal Abdel Nasser, en Egipto, entre otros, desterraron obligatoriamente los símbolos religiosos de la vida pública. Los pañuelos en las mujeres -como los turbantes, los sombreros turcos de los fez, y hasta las babuchas- convocaban al pasado, donde la religión imponía el paso a la política.

Ahora, sin embargo, cuando la "primavera árabe" ha colaborado en el sinceramiento del sentir de las mayorías con los rumbos de los gobiernos, el "hiyab" vuelve al debate.

Las esposas del presidente turco, Abdallah Gull, y de su primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, desafían las leyes vigentes mostrándose con velos islámicos en las recepciones oficiales. Y el nuevo gobierno egipcio, que acomoda diariamente el cuerpo para transitar por la frágil línea de autonomía que le han dejado los militares tras la caída de Hosni Mubarak, dió un salto simbólico importante el domingo.

La principal cadena de televisión pública, controlada ahora por los Hermanos Musulmanes del presidente Mohammed Mursi, mostró a la periodista Fatma Nabil cubierta por el "hiyab" en el informativo del mediodía.

Los islamistas dicen que hace a la libertad de elección de las mujeres, pero muchas mujeres intuyen que la presión política y social para que se cubran el pelo presagia la intención de ocultarlas a ellas mismas. Detrás de los hombres, donde estuvieron siempre.





Twitter:  @nspecchia




miércoles, 15 de agosto de 2012

La Esfinge desorientada (14 08 12)


La Esfinge desorientada

por Pedro I. de Quesada




Inmóvil y pétrea, la gran Esfinge de Egipto sigue mirando hacia la inmensidad del desierto, como hace milenios, encerrando todos los enigmas. En estos días, baraja también la pregunta sobre quién terminará ganando el ajedrez a tres bandas que se libra en esas arenas: los militares, los sectores laicos, o el islamismo político.

Después del derrocamiento del "rais" Hosni Mubarak, los Hermanos Musulmanes bajaron la radicalidad de su discurso político, quizá también hubo un "acercamiento táctico" entre los islamistas y el estamento militar, y lograron hacerse con la mayoría de votos.

Así, se instaló el nuevo presidente, Mohammed Mursi, pero en una gestión altamente controlada por el sector castrense. Un control que se evidenció en la disolución del Parlamento y en la presencia del hombre fuerte de Egipto, el mariscal Hussein Tantawi, permanentemente a la vera del nuevo presidente.

La Esfinge, entonces, parecía contestar que la "primavera árabe" había dado de sí lo que podía, y que eso no era mucho: habría que esperar mejores tiempos.

Pero entonces explotó la cuestión del Sinaí. La península había quedado a la deriva desde la caída de Mubarak, y en estos meses se fue llenando de grupos salafistas. Esas extensiones de arena infinita, además, llevan al borde fronterizo con Israel, y con la Franja de Gaza, donde los Hermanos Musulmanes tienen a sus primos políticos de Hamas resistiendo el bloqueo israelí a través de los túneles, por donde cruzan, en subterráneas avenidas clandestinas, hombres, alimentos, agua, dinero y -asegura el Mossad- también armas.

El descuido del Sinaí costó caro: 16 soldados egipcios fueron muertos en un ataque de extremistas musulmanes a un cuartel del Ejército; a pesar de que el mismo Mossad había advertido a sus colegas de El Cairo del peligro.

Pero si el ataque sorprendió a todos, a la reacción del (supuestamente débil) presidente Mursi no se la esperaba nadie. Mohammed Mursi, con acuerdo de la cúpula de los Hermanos Musulmanes, destituyó de inmediato al jefe de los espías egipcios y al gobernador del Norte del Sinaí, y frente a las primeras muestras de descontento en la soldadesca, no dudó en firmar la destitución fulminante del jefe del estado mayor conjunto, general Sami Annan, y del mismísimo mariscal Tantawi, que la recibió con cara de esfinge, desorientado.

Atrás de Hussein Tantawi vendrá, por supuesto, una purga en todo el estamento castrense, especialmente en los altos mandos, que han detentado de una manera cuasi patrimonialista el poder político en Egipto desde que el general Gamal Abdel Nasser destituyera al rey Faruk, en los años cincuenta. Finalmente, Mursi anuló la "declaración constitucional" por la que el Ejército se arrogaba la autoridad sobre el Poder Legislativo.

La pregunta de hoy a la Esfinge es quién gana con este pase: ¿un futuro Estado laico y moderno, o la vía expedita hacia un país islamizado?




Twitter:   @nspecchia



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