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jueves, 14 de febrero de 2013

El primer "speech" de la segunda época (14 02 13)

CARTA DE MIAMI – Hoy Día Córdoba – Internacionales -  jueves 14 de febrero de 2013


El primer "speech" de la segunda época

por Anita Rey


El presidente Barack Obama llegó en la tarde del martes al Capitolio, para el mensaje del Estado de la Unión, una suerte de cadena nacional con que los inquilinos de la Casa Blanca inician el año político. Dada la relevancia programática de estos mensajes, el Estado de la Unión se ha convertido en piedra angular de la capacidad del Poder Ejecutivo de trasmitir su programa a la ciudadanía.

También es un momento litúrgico de la democracia norteamericana: a las espaldas de Obama, junto al vicepresidente Joe Biden, se ubica el jefe de la oposición republicana, John Boehner, y junto a los diputados y senadores de ambos partidos se sientan los jueces de la Corte Suprema, los altos oficiales de las fuerzas armadas, y un representativo conjunto de personalidades.

Este Estado de la Unión era esperado con expectativa, por la clase política y por la prensa: ya alejado de las contiendas electorales y sin posibilidad de una nueva reelección, el Presidente tiene aquí la oportunidad de jugar sus cartas más arriesgadas.

Las prioridades del año que se inicia no defraudaron: se centró en el empleo; en la revalorización de la clase media; en el duro capítulo del control de las armas (el vicepresidente y varios congresistas tenían prendidos a sus solapas grandes lazos verdes, en recuerdo de la reciente matanza de Newtown); y en la mejora del derecho a voto. Fue interrumpido por aplausos en las ocasiones más emotivas, como cuando mencionó a la ex congresista Gabrielle Giffords, baleada en Arizona.

Por lo demás, este Estado de la Unión de su segunda presidencia fue relativamente previsible, con un acento progresista pero sin exagerar: Obama sabe cuánto necesitará el apoyo de los republicanos moderados de la Cámara. En ese plano de requerimiento a los votos de ambos partidos, el Presidente insertó los capítulos del cambio climático y la reforma de la inmigración.

En política exterior, mientras tanto, la referencia principal fue Afganistán: hemos derrotado a Al Qaeda, sostuvo Obama, y nuestros soldados -todos- volverán a casa (y otra ovación). En los temas de la nueva agenda externa, que le encargará a John Kerry luego del período de Hillary Clinton, el Presidente introdujo la "cyberseguridad" (y asociado a ella, la ratificación de que seguirá usando los "drones" para la aniquilación selectiva de enemigos en el extranjero).

Respecto de la atención prioritaria a la clase media, Barack Obama pidió al Congreso un aumento del salario mínimo federal a 9 dólares la hora (actualmente está en 7,25): "En la nación más rica de la Tierra, nadie que trabaje debería ser pobre", dijo.

Aunque el momento estelar del "speech" fueron las armas: "las víctimas merecen sus votos", repitió, mientras todos -republicanos y oficialistas- se unían en un aplauso cerrado. Newtown puede ser el punto de inflexión de la libre tenencia de armas en los Estados de la Unión.

sábado, 12 de enero de 2013

Los hombres del Presidente (12 01 13)

La Voz del Interior – Opinión – sábado 12 de enero, 2013  



Los hombres del Presidente


por Nelson Gustavo Specchia

Politólogo. Profesor de Política Internacional (UCC y UTN Córdoba)
Twitter:  @nspecchia




En la película “12 hombres sin piedad” (12 Angry Men, 1957) de Sidney Lumet, el personaje de Henry Fonda va sumiendo en la duda a los otros once miembros de un jurado que tiene que resolver sobre un homicidio. Todos, al principio, estaban seguros de la culpabilidad. Pero los argumentos de Fonda –el jurado Nº 8- van sembrando el desconcierto hasta que las dudas llegan al mismo espectador.

Barack Obama iniciará el 21 de enero su segundo mandato al frente de la potencia hegemónica mundial y la elección del gabinete perfila la estrategia de los próximos cuatro años: intentará que las dudas no generen el menor desconcierto. Un equipo de tipos duros y seguros, para gerenciar la consolidación del rumbo y la salida de la crisis.

Pilotos de tormentas
El cuarto piloto es Jack Lew, que se hará cargo del Tesoro. El puesto, central en la arquitectura burocrática, tiene ahora un peso añadido: el primer día del año Estados Unidos estuvo a punto de caer en el “abismo fiscal”, que evitó por un pacto momentáneo con la bancada republicana (negociación en la cual, por cierto, fue central la participación de Lew).

Pero el déficit público seguirá siendo la principal espada de la oposición sobre el Ejecutivo; Obama no quiere correr más riesgos y ha designado a Jack Lew, su jefe de Gabinete hasta ahora, para que reemplace a Timothy Geithner en la cartera económica.

Geithner, amigo personal del Presidente, era el último sobreviviente del equipo demócrata original, pero el terremoto que siguió al colapso de Lehman Brothers y las agotadoras negociaciones por el gasto público en medio de un ajuste estructural terminaron por desgastarlo.

Junto con Geithner, la otra figura que sale del círculo más estrecho del poder es Hillary Rodham Clinton, también ella afectada por una agenda externa ambiciosa que los altibajos de la crisis empujaron a postergar, cuando no a abandonar.

Guantánamo sigue abierta y sin solución a la vista; la mano tendida al mundo árabe –aquella del célebre discurso de El Cairo- terminó diluyéndose en el derrocamiento de Khadafy y en la guerra civil siria. Las ocupaciones de Irak y Afganistán no terminan de resolverse; y el contencioso palestino se agrava con cada decisión, con el agregado de que el gobierno israelí ha terminado por darle la espalda a Obama sin mayores disimulos. 

A esta agenda de grandes temas pendientes, en el cuatrienio que ahora comienza la política exterior norteamericana tendrá que agregar los capítulos emergentes de la relación con China; las formas de estructurar el diálogo con Vladimir Putin, en este resurgir nacionalista de Rusia; y la atención creciente que demandarán los miembros menores del BRICS: India, Sudáfrica y Brasil.

Para eso, y por varios gestos que tuvo hacia ella en el último año, al Presidente quizás le hubiera gustado sentar a su embajadora en Naciones Unidas, Susan Rice, en el sillón que Hillary Clinton deja vacío en la Secretaría de Estado. Pero la lógica de un gabinete de hombres sin piedad ha terminado por imponerse, y allí irá John Kerry. Junto con John Brennan en la CIA y Chuck Hagen en Defensa, serán los otros tres pilotos de tormenta, el núcleo duro de los duros. 

Águilas y palomas

En el corazón del nuevo gabinete de Barack Obama, el debate entre el ala izquierda y el sector centrista de los demócratas ha terminado inclinándose hacia las posturas más conservadoras, conducidas por varones blancos, ex soldados, y ricos. Achicar los espacios de discusión e indefinición frente a las vías de salida de la crisis internacional, remarco, es el objetivo principal.

Chuck Hagel quizás sea quien mejor ilustra ese rumbo. Antes que nada, es republicano y veterano de guerra. Y nombrar en el estratégico sillón de Defensa a un miembro de la oposición no constituye sólo un guiño hacia el Capitolio. Hagel es un símbolo en sí mismo. Cuando la guerra de Vietnam –que sigue gravitando en el centro de la memoria colectiva estadounidense- Chuck y su hermano Tom se enrolaron como voluntarios, estuvieron juntos casi un año en el frente, fueron heridos, se salvaron mutuamente la vida, regresaron condecorados.

Hagel llegó al Senado por Nebraska. Allí conoció a Obama, senador por Illinois, con quien compartió su visión de la estrategia de defensa que debería llevar adelante la Casa Blanca. Obama tomó nota. Hagel también tiene una cátedra en Georgetown, la universidad de los jesuitas en Washington. En las clases, Chuck Hagel dice que hay que reducir el Pentágono; que el internacionalismo de Estados Unidos no tiene que estar atado necesariamente a los conflictos bélicos (esto es, que la guerra no debería ser sino el último recurso, por lo que habría que abandonar la doctrina de las “guerras preventivas"); que Irak fue un error garrafal; que las Naciones Unidas deben servir para algo más que para un mero decorado diplomático; y que el lobby judío de Washington no debe determinar la estrategia relativa a Irán y al Medio Oriente. Ahora el Presidente le da la oportunidad de poner en práctica sus clases teóricas.      

Por su personalidad, su biografía y su pertenencia a la oposición, si hay alguien que puede reencauzar el rumbo de la política exterior norteamericana en la línea que Barack Obama viene declarando, ese es Chuck Hagel. Habrá que ver si, por esas mismas razones, sus correligionarios republicanos aprueban su pliego en el Senado. 










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lunes, 31 de diciembre de 2012

Obama y el abismo (29 12 12)

La Voz del Interior – Opinión – sábado 29 de diciembre, 2012
  

Obama y el abismo
por Nelson Gustavo Specchia

Politólogo. Profesor de Política Internacional (UCC y UTN Córdoba), Twitter: @nspecchia








El presidente Barack Obama no ha disfrutado de esos primeros cien días que Nicolás Maquiavelo  consideraba el período dulce del Príncipe, en el que tiene las manos libres para introducir los cambios que va a necesitar luego. Ha tenido que interrumpir sus vacaciones de Navidad en Hawai para volver apresuradamente a Washington e intentar salvar, in extremis, la negociación parlamentaria que evite la caída de la primera economía mundial en recesión.

El poder del Logos

La politología norteamericana tiene la virtud de encontrar designaciones precisas para fenómenos complejos. Como este “fiscal cliff” (“abismo fiscal”) que designa de una manera compacta el brete en que se han metido.

El “abismo fiscal” que Obama intentará sortear en las próximas 48 horas es el resultado de un conjunto de decisiones que confluyen en el año nuevo. El 1 de enero comenzarán los recortes al gasto público aprobados por el Congreso, y en esa misma fecha expiran los recortes de impuestos establecidos por Bush (hijo) en 2001.

La confluencia de ambas medidas en el primer día de 2013 conduciría a una entrada automática en recesión, con la consecuente caída de la economía norteamericana y, por extensión, de un arrastre de los principales indicadores económicos mundiales detrás de ella.

Tipos duros

En el fondo de la cuestión hay dos elementos que pueden explicar este brete: la rigidez de las dos grandes filosofías políticas estadounidenses, y los límites sistémicos de la capacidad negociadora del Presidente.

El evangelio de los Demócratas es la defensa (y la expansión) del gasto social, mientras que para los Republicanos la disminución (y en la hipótesis de máxima, la misma extinción) de los impuestos es la palabra sagrada. Entre esta dicotomía de blanco y negro, el espacio de los grises –que sería la capacidad negociadora de la figura presidencial- es mínima, aunque ello constituya una paradoja en el principal sistema presidencialista del mundo.

Las últimas elecciones le dieron a Obama cuatro años más en la Casa Blanca, un lapso que debería posibilitar la concreción de su programa. Pero también sentaron en el Capitolio a dos bancadas muy simétricas entre oficialismo y oposición, por lo que no es esperable la constitución de mayorías automáticas, sino que cada medida de aquel programa deberá ser consensuada al detalle. Y los negociadores son tipos duros, que no sólo se juegan la posibilidad del poder en próximas administraciones, sino su propia continuidad en el escaño.

Sólo para millonarios

A la cancha la rayan el propio Obama y uno de los más duros entre los Republicanos, John Boehner, el jefe de la oposición y presidente de la Cámara de Representantes.

Barack Obama sostiene que el “abismo fiscal” se sorteará si los más ricos comienzan a pagar impuestos medianamente progresivos, y propuso colocar la valla desde un ingreso de 250 mil dólares al año. Cuando Boehner le hizo saber que ni siquiera considerarían esa “ridiculez”, el Presidente subió la apuesta del mínimo no imponible a la franja de 400 mil. Pero tampoco.

Con el precipicio a sólo unas horas, los Republicanos han abierto una pequeña rendija en su ortodoxia anti-impuestos, y admitirían la posibilidad de aumentar la presión fiscal sobre los más ricos, pero con porcentajes leves y sólo a partir del millón de dólares.

Para la Casa Blanca es casi una humorada cruel, porque condiciona el programa para los próximos cuatro años, al debilitar los ingresos sobre los que se asienta la estrategia de ampliación del gasto social.

Otras grietas

Pero, a pesar de la alarma mediática, el “abismo fiscal” comparte la urgencia con una agenda exterior no menos preocupante.

Oriente Medio vuelve a ser la piedra externa en el zapato del Presidente. El reconocimiento internacional de Palestina como Estado en la última Asamblea General de la ONU ha incentivado, como no lo hacía en años, al lobby conservador judío del AIPAC (American-Israeli Public Affairs Committee).

Las elecciones en Israel, de enero de 2013, volverán a poner a Irán –que también celebra elecciones en junio- en el centro de la agenda externa, junto al nunca abandonado proyecto israelí de ataque preventivo contra las instalaciones nucleares persas.

Y otro abismo insoslayable es el que se abre con la guerra civil en Siria. La OTAN instaló misiles en la frontera turca, pero en Washington ya se asume que Damasco no será Trípoli ni los Al Assad tan simples de reemplazar como Khaddafi.

El conflicto sirio experimenta una creciente participación de nuevos actores regionales, y cada vez se parece más a un ensayo de guerra entre los musulmanes sunnitas liderados por Arabia Saudita y los núcleos chiítas iraníes y del Hezbollah libanés. Un ensayo de guerra donde tienen roles cada vez más críticos las petromonarquías del Golfo Pérsico; la experiencia laica de islamismo moderado de Turquía; y la deriva confesional de los Hermanos Musulmanes desde el gobierno de Egipto.

Una puja por el dominio regional que obligará a Barack Obama a involucrarse personalmente y a su Administración, y para lo cual requerirá la anuencia de la oposición republicana.

Frente a ello, y por aquellos límites que el propio sistema político le impone, es probable que Obama acepte el amargo ofrecimiento de los Republicanos. La alternativa, en todo caso, es peor. Las grietas de los abismos pueden tragarse más cosas que la sola política fiscal.





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